Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: “La iglesia”
Autor: Ed Hayes
Editorial: ELA
Resumen del Capítulo 12. “La Iglesia y la esperanza”
La gente solo pide socorro y esperanza cuando atraviesa por alguna crisis. “Es tener expectativa y esperar paciente, disciplinada y confiadamente la venida del Señor nuestro Salvador”. Es la confianza centrada sólo en Cristo, que es nuestra esperanza. Nuestra confianza en todo lo relacionado con la vida y la muerte es Cristo y el futuro eterno que Él nos garantiza.
LA ESPERANZA, UNA JOYA DE FE
La esperanza surge de la fe puesta a prueba. La fe produce esperanza. Como cristianos, nuestra confianza no surge del optimismo, sino del acto divino de salvación realizado por Cristo. Esa salvación tiene aspectos presentes y futuros. La esperanza es el fruto que produce el evangelio. Dios ofrece seguridad a los que aceptan la oferta gratuita de salvación en Cristo Jesús. Salvación, evangelio y esperanza van de la mano. Los que depositan su fe en Cristo nacen de nuevo “para una esperanza viva”; es decir, a una nueva esperanza genuina y activa, no falsa y muerta. La seguridad cristiana depende de la confianza en Dios. Para el cristiano comprometido, la vida consiste en sembrar semillas de esperanza para obtener una cosecha eterna. La esperanza cristiana esta centrada en Cristo. Es ocupar la mente en asuntos celestiales. La esperanza de la resurrección futura no oscurece el gozo de la vida presenta. Más bien, arroja luz sobre las tinieblas de la muerte. La esperanza descansa en la certidumbre o sustancia real, no en sentimientos transitorios. Dios ha empeñado su palabra; lo que esperamos se realizará de maneras muy sorprendentes. Esa sorpresa resultará de verlo, de estar con Él, de contemplarlo hacer todas las cosas nuevas, ¡aun a nosotros!
LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESCATOLÓGICA
El llamado de Cristo es mucho más que una invitación a disfrutar de una vida temporal mejorada por su presencia. La esperanza es la condición permanente de los redimidos. Por la fe entramos en la vida cristiana, con esperanza la continuamos y por fe anhelamos la gloria. Sin fe, la esperanza sólo es arrogancia. Nuestra confianza no descansa en nuestros méritos, sin en la misericordia de Dios. Para la iglesia la vida es una peregrinación, y la esperanza la preserva durante ella. La esperanza es para el cristiano lo que el oxígeno es para los pulmones. La verdad del regreso del Señor es la esperanza de la iglesia. El futuro es tan real como las promesas de Dios. Y éstas con tan reales y confiables como Él. Todo es cuestión de fe y esperanza en Dios. El señorío de Dios será total y final cuando todos los santos –pasados, presentes y futuros- se reúnan alrededor del trono para tributar alabanza a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es necesario que en nuestro estudio de la verdad bíblica acerca del futuro mantengamos los ojos en Cristo, nuestro Alfa y Omega, principio y fin. El objetivo de la confianza es que vivamos mejor nuestra vida llena de esperanza.
La iglesia y el reino
Jesús enseñó que sus seguidores deben buscar primeramente el reino de Dios. El concepto del reino de Dios está fuertemente vinculado a una cristología explícita. El “Reino” de Dios se manifiesta en varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su dominio presente sobre la iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo sobre la tierra. El reino es muy diferente a la iglesia. Los creyentes somos ciudadanos del reino y sólo debemos aceptar a Cristo como Rey. La misión de la iglesia en el mundo implica preparar a las personas para el reino futuro. Además, los creyentes somos herederos del reino y “coherederos con Cristo”. Es muy apropiado que los cristianos oremos por que venga el reino del Señor, el milenio. Cantar de la gloria vendiera ya no está de moda. Sin embargo, de eso se trata el reino. La participación del creyente en la gloria de la iglesia y del reino de Cristo es tanto presente como futura. El aspecto presente se manifiesta de tres maneras: 1) La obra de Dios en el creyente. Y a los que justificó, a éstos también glorificó. 2) El ministerio permanente del Espíritu Santo. La iglesia comparte la gloria de la gracia de Dios por medio del Espíritu Santo. Y 3) La transformación del creyente. La realización futura de esa gloria es evidente en las Escrituras. Cuando Cristo aparezca, nuestra manifestación con Él presupone nuestra permanencia con Él al momento de su venida. También se promete la renovación de nuestro cuerpo físico. Seremos hechos semejantes a Jesús. Entonces, el reino de Dios está por encima de la iglesia. La iglesia no puede establecer el reino. Esta tarea soberana pertenece al Rey. El Cordero de Dios inmolado antes de la fundación del mundo es el único calificado para abrir el libro del destino y llevar la historia a su culminación en el reino de Dios. La verdad más importante acerca del futuro de la iglesia es que su esperanza es el regreso de Jesucristo por los suyos.
LA IGLESIA DE ISRAEL
Israel se caracteriza por la incredulidad al rechazar a Cristo como su Mesías nacional. Sin embargo, Israel no ha sido totalmente desechado. Por supuesto que sí habrá salvación para los judíos. En primer lugar, es importante notar que Dios tiene un plan unificado para Israel y la iglesia. Los creyentes Israelitas y la iglesia forman un solo pueblo de Dios. Como nación Israel se relaciona con el antiguo pacto mosaico; la iglesia con el nuevo. Ni Israel ni la iglesia deben confundirse con el reino de Dios. Las dos entidades son fruto del plan divino. Israel se estableció como nación en el tiempo de Moisés, pero la iglesia tuvo su comienzo en el día de Pentecostés. Israel debió ser testigo (“luz”) a las naciones gentiles, y la labor de la iglesia es presentar el evangelio a todo el mundo, tanto a judíos como a gentiles. En la presente era de la iglesia, judíos y gentiles creyentes somos “coherederos y miembros del mismo cuerpo”, la iglesia. Las promesas a Israel son distintas a las de la iglesia. Las de Israel incluyen bendiciones físicas y espirituales, pero la iglesia recibe bendiciones espirituales, no materiales. A ambas entidades se les exhorta a ser vigilantes porque el Señor está cerca. La segunda venida de Cristo se avecina.
Reinando con Cristo
La ciudadanía del creyente está en el cielo, no en la tierra. Para los creyentes, la vida, muerte y resurrección se mueven en línea recta hacia el futuro. Para nosotros, el reinar incluirá responsabilidades y privilegios asombrosos. Nuestra predicación y enseñanza del tema de la naturaleza del gobierno de los santos durante el reino debe realizarse con gran humildad. En esas verdades no cabe el triunfalismo humano. Todo honor y gloria tiene que reservarse para Dios, quien por medio de Cristo ha provisto la salvación.
La iglesia triunfante
Los teólogos de antaño hablaron de la iglesia militante y la triunfante. La primera se refiere ala iglesia que está en la tierra, y la segunda, a la que esté en el cielo. La iglesia triunfante –todos los creyentes que están en el cielo- ha cambiado la Cruz por la corona, el sufrimiento por le victoria, la batalla por el triunfo.
ENSEÑANZA Y SANTIDAD
La escatología cristiana enseña que el mundo será destruido por fuego. La esperanza de la iglesia era el regreso literal de Jesús, su parousia (“aparición o llegada”). Puesto que en su resurrección Cristo es “primicias” de los que van a resucitar, los creyentes serán los siguientes en disfrutar de las bendiciones del reino. En su sentido más amplio, esa es la esperanza de la iglesia. Todos tienen que confesar su esperanza en el regreso del Señor. El asunto más importante en relación con la venida de Cristo es su capacidad de purificar a la iglesia. La esperanza es una virtud que transforma el carácter. Juan escribió de la confianza o denuedo y de no avergonzarse de la venida de Cristo. Eso implica tener un corazón y una conciencia puros. Los creyentes que esperamos en Cristo hemos de purificarnos a nosotros mismos, no de manera ceremonial, sino moralmente. Todo lo registrado en las Escrituras trae esperanza a la iglesia. “Procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz”. No se equivoque: la esperanza de la iglesia es el inminente regreso de Cristo.
THE END
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: “La iglesia”
Autor: Ed Hayes
Editorial: ELA
Resumen del Capítulo 12. “La Iglesia y la esperanza”
La gente solo pide socorro y esperanza cuando atraviesa por alguna crisis. “Es tener expectativa y esperar paciente, disciplinada y confiadamente la venida del Señor nuestro Salvador”. Es la confianza centrada sólo en Cristo, que es nuestra esperanza. Nuestra confianza en todo lo relacionado con la vida y la muerte es Cristo y el futuro eterno que Él nos garantiza.
LA ESPERANZA, UNA JOYA DE FE
La esperanza surge de la fe puesta a prueba. La fe produce esperanza. Como cristianos, nuestra confianza no surge del optimismo, sino del acto divino de salvación realizado por Cristo. Esa salvación tiene aspectos presentes y futuros. La esperanza es el fruto que produce el evangelio. Dios ofrece seguridad a los que aceptan la oferta gratuita de salvación en Cristo Jesús. Salvación, evangelio y esperanza van de la mano. Los que depositan su fe en Cristo nacen de nuevo “para una esperanza viva”; es decir, a una nueva esperanza genuina y activa, no falsa y muerta. La seguridad cristiana depende de la confianza en Dios. Para el cristiano comprometido, la vida consiste en sembrar semillas de esperanza para obtener una cosecha eterna. La esperanza cristiana esta centrada en Cristo. Es ocupar la mente en asuntos celestiales. La esperanza de la resurrección futura no oscurece el gozo de la vida presenta. Más bien, arroja luz sobre las tinieblas de la muerte. La esperanza descansa en la certidumbre o sustancia real, no en sentimientos transitorios. Dios ha empeñado su palabra; lo que esperamos se realizará de maneras muy sorprendentes. Esa sorpresa resultará de verlo, de estar con Él, de contemplarlo hacer todas las cosas nuevas, ¡aun a nosotros!
LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESCATOLÓGICA
El llamado de Cristo es mucho más que una invitación a disfrutar de una vida temporal mejorada por su presencia. La esperanza es la condición permanente de los redimidos. Por la fe entramos en la vida cristiana, con esperanza la continuamos y por fe anhelamos la gloria. Sin fe, la esperanza sólo es arrogancia. Nuestra confianza no descansa en nuestros méritos, sin en la misericordia de Dios. Para la iglesia la vida es una peregrinación, y la esperanza la preserva durante ella. La esperanza es para el cristiano lo que el oxígeno es para los pulmones. La verdad del regreso del Señor es la esperanza de la iglesia. El futuro es tan real como las promesas de Dios. Y éstas con tan reales y confiables como Él. Todo es cuestión de fe y esperanza en Dios. El señorío de Dios será total y final cuando todos los santos –pasados, presentes y futuros- se reúnan alrededor del trono para tributar alabanza a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es necesario que en nuestro estudio de la verdad bíblica acerca del futuro mantengamos los ojos en Cristo, nuestro Alfa y Omega, principio y fin. El objetivo de la confianza es que vivamos mejor nuestra vida llena de esperanza.
La iglesia y el reino
Jesús enseñó que sus seguidores deben buscar primeramente el reino de Dios. El concepto del reino de Dios está fuertemente vinculado a una cristología explícita. El “Reino” de Dios se manifiesta en varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su dominio presente sobre la iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo sobre la tierra. El reino es muy diferente a la iglesia. Los creyentes somos ciudadanos del reino y sólo debemos aceptar a Cristo como Rey. La misión de la iglesia en el mundo implica preparar a las personas para el reino futuro. Además, los creyentes somos herederos del reino y “coherederos con Cristo”. Es muy apropiado que los cristianos oremos por que venga el reino del Señor, el milenio. Cantar de la gloria vendiera ya no está de moda. Sin embargo, de eso se trata el reino. La participación del creyente en la gloria de la iglesia y del reino de Cristo es tanto presente como futura. El aspecto presente se manifiesta de tres maneras: 1) La obra de Dios en el creyente. Y a los que justificó, a éstos también glorificó. 2) El ministerio permanente del Espíritu Santo. La iglesia comparte la gloria de la gracia de Dios por medio del Espíritu Santo. Y 3) La transformación del creyente. La realización futura de esa gloria es evidente en las Escrituras. Cuando Cristo aparezca, nuestra manifestación con Él presupone nuestra permanencia con Él al momento de su venida. También se promete la renovación de nuestro cuerpo físico. Seremos hechos semejantes a Jesús. Entonces, el reino de Dios está por encima de la iglesia. La iglesia no puede establecer el reino. Esta tarea soberana pertenece al Rey. El Cordero de Dios inmolado antes de la fundación del mundo es el único calificado para abrir el libro del destino y llevar la historia a su culminación en el reino de Dios. La verdad más importante acerca del futuro de la iglesia es que su esperanza es el regreso de Jesucristo por los suyos.
LA IGLESIA DE ISRAEL
Israel se caracteriza por la incredulidad al rechazar a Cristo como su Mesías nacional. Sin embargo, Israel no ha sido totalmente desechado. Por supuesto que sí habrá salvación para los judíos. En primer lugar, es importante notar que Dios tiene un plan unificado para Israel y la iglesia. Los creyentes Israelitas y la iglesia forman un solo pueblo de Dios. Como nación Israel se relaciona con el antiguo pacto mosaico; la iglesia con el nuevo. Ni Israel ni la iglesia deben confundirse con el reino de Dios. Las dos entidades son fruto del plan divino. Israel se estableció como nación en el tiempo de Moisés, pero la iglesia tuvo su comienzo en el día de Pentecostés. Israel debió ser testigo (“luz”) a las naciones gentiles, y la labor de la iglesia es presentar el evangelio a todo el mundo, tanto a judíos como a gentiles. En la presente era de la iglesia, judíos y gentiles creyentes somos “coherederos y miembros del mismo cuerpo”, la iglesia. Las promesas a Israel son distintas a las de la iglesia. Las de Israel incluyen bendiciones físicas y espirituales, pero la iglesia recibe bendiciones espirituales, no materiales. A ambas entidades se les exhorta a ser vigilantes porque el Señor está cerca. La segunda venida de Cristo se avecina.
Reinando con Cristo
La ciudadanía del creyente está en el cielo, no en la tierra. Para los creyentes, la vida, muerte y resurrección se mueven en línea recta hacia el futuro. Para nosotros, el reinar incluirá responsabilidades y privilegios asombrosos. Nuestra predicación y enseñanza del tema de la naturaleza del gobierno de los santos durante el reino debe realizarse con gran humildad. En esas verdades no cabe el triunfalismo humano. Todo honor y gloria tiene que reservarse para Dios, quien por medio de Cristo ha provisto la salvación.
La iglesia triunfante
Los teólogos de antaño hablaron de la iglesia militante y la triunfante. La primera se refiere ala iglesia que está en la tierra, y la segunda, a la que esté en el cielo. La iglesia triunfante –todos los creyentes que están en el cielo- ha cambiado la Cruz por la corona, el sufrimiento por le victoria, la batalla por el triunfo.
ENSEÑANZA Y SANTIDAD
La escatología cristiana enseña que el mundo será destruido por fuego. La esperanza de la iglesia era el regreso literal de Jesús, su parousia (“aparición o llegada”). Puesto que en su resurrección Cristo es “primicias” de los que van a resucitar, los creyentes serán los siguientes en disfrutar de las bendiciones del reino. En su sentido más amplio, esa es la esperanza de la iglesia. Todos tienen que confesar su esperanza en el regreso del Señor. El asunto más importante en relación con la venida de Cristo es su capacidad de purificar a la iglesia. La esperanza es una virtud que transforma el carácter. Juan escribió de la confianza o denuedo y de no avergonzarse de la venida de Cristo. Eso implica tener un corazón y una conciencia puros. Los creyentes que esperamos en Cristo hemos de purificarnos a nosotros mismos, no de manera ceremonial, sino moralmente. Todo lo registrado en las Escrituras trae esperanza a la iglesia. “Procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz”. No se equivoque: la esperanza de la iglesia es el inminente regreso de Cristo.
THE END
4 comentarios:
Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia
Profesor: Rafael Pola Baca
Alumno: Carlos Monjaras Mirón
Tarea: Resumen del libro la iglesia el cuerpo de Cristo hoy
CAPITULO 12 LA IGLESIA Y LA ESPERANZA
En una ocasión Shakespeare escribió que la gente miserable no tiene otra medicina que la esperanza. Hoy día, nuestra auto-realizada sociedad ha perdido toda esperanza. Un falso concepto de inmortalidad embota los sentidos de la gente moderna. Los satisfechos no necesitan esperanza. La gente pide socorro y esperanza cuando atraviesa por alguna crisis. La Biblia promete un brillante futuro y a los redimidos, y e nos anima a enfrentar el provenir con confianza y esperanza. La esperanza, igual que el famoso diamante que lleva ese nombre, tiene muchas facetas que reflejan la luz de la verdad divina. Nuestra esperanza descansa en Dios, que la otorga por medio del evangelio
LA ESPERANZA, UNA JOYA DE FE
En una ocasión, una mujer cristiana que había sido secuestrada y violada dijo “Comprendo menos a Dios, pero confío más en él”. La esperanza nace de una fe inquebrantable en Dios; no es resultado de comprender todo lo que el futuro depara. La Esperanza rehúsa doblegarse ante la desesperación o el cinismo. Como cristianos nuestra confianza no surge del optimismo sino del acto divino de salvación realizado por Cristo. La Biblia enseña con toda claridad la condición desesperada en que vive el pecador no arrepentido. En el Nuevo Testamento, los desesperanzados se describen como los que “Perdieron toda sensibilidad”
La esperanza es el fruto que produce el evangelio. Dios ofrece seguridad a los que aceptan la oferta gratuita de salvación en Cristo Jesús. Salvación, evangelio y esperanza van de la mano. Debido a la salvación nuestra esperanza radica en Cristo. Los que depositan su fe en Cristo nacen de nuevo “para una esperanza viva”; es decir, a una esperanza genuina y activa, no falsa y muerta. Esto es posible por la resurrección de Jesús de entre los muertos. La seguridad cristiana depende de la confianza en Dios. La esperanza cristiana no es una espera inquieta, sino una actitud gozosa y tranquila hacia la vida, no depende de las posesiones, sino de la certeza de que Dios siempre cumple sus promesas.
Son pocos los cristianos que viven para ver los resultados de su labor. Pero otros, como el apóstol Pablo, pueden señalar a los que ganaron para Cristo y apuntar al cielo diciendo: “Porque, ¿Cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo” (1 Tesalonicenses 2: 19-20). Entonces, para el cristiano comprometido, la vida consiste en serrar semillas de esperanza para obtener una cosecha eterna.
La esperanza cristiana está centrada en Cristo. Y sólo tiene substancia si se deposita en el Señor resucitado. Sin duda, la resurrección de Cristo es la base para la predicación del evangelio. El cristiano no confía en la reencarnación sino en la resurrección. La inmortalidad sin resurrección sería algo monstruoso. ¿Qué caso tendría sobrevivir después de la muerte si no se incluyera la comunión con el Señor? Pero la esperanza de la resurrección futura no oscurece el gozo de la vida presente. Más bien, arroja luz sobre las tinieblas de la muerte.
La Biblia contrasta angustia con esperanza y lo hace de manera más clara. Algo tiene que decirse acerca de la certidumbre de la esperanza cristiana. Nuestra certeza o seguridad de lo que esperamos (Hebreos 11:!) se fundamenta en el Dios de la esperanza (Romanos 15:13)
LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESCATOLÓGICA
Tradicionalmente la doctrina de las últimas cosas se concentra en el fin de los tiempos, la segunda venida de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio final y los cielos y tierra nuevos. En este capítulo no proporcionaremos una escatología completa (del griego, eschatos, “último”, logos, “palabra”). Nuestro interés se centra en la esperanza de la iglesia. Y nuestro enfoque es la iglesia como comunidad de personas que se caracterizan por la esperanza.
Por fe entramos en la vida cristiana, con esperanza la continuamos y por fe anhelamos la gloria. Sin fe, la esperanza sólo es arrogancia. Nuestra confianza descansa en nuestros méritos, sino en la misericordia de Dios.
La verdad del regreso del Señor es la esperanza de la iglesia. Para los que no creen en la existencia de Dios, la esperanza es un absurdo. Pero para el cuerpo de creyentes fieles, la confianza descansa en las promesas divinas. Para la iglesia, la esperanza no es una conjetura especulativa. El futuro es tan real como las promesas de Dios. Y éstas son tan reales y confiables como él. Todo es cuestión de fe y esperanza en Dios.
Para la iglesia, vivir con esperanza la conduce hacia el clímax y culminación del plan divino de redención. Anhela una ciudad no hecha con manos humanas. Su peregrinación la lleva con confianza hacia el día en que Dios será el todo y en todos.
La iglesia y el reino
Jesús enseñó que sus seguidores deben buscar primeramente el reino de Dios (Mateo 6:33).
Los cristianos han sostenido puntos de vista muy diversos sobre el significado o significados de la palabra reino. Los mismos discípulos de Jesús estuvieron confundidos en ese tiempo. Los zelotes judíos visualizaron un reino terrenal que igualaría o superaría al imperio romano. La ciudad de Dios, escrita por san Agustín en el s. V, inspiró que en el medievo se desarrollará una teología que equiparaba a la iglesia con el reino de Dios.
En la Biblia, el uso de la palabra reino se fundamenta en el gobierno soberano de Dios, el Rey sobre el universo (1 Crónicas 29:11; Salmos 145:13)
En el Nuevo Testamento, basileia, la palabra griega para reino se ocupa para designar reinos divinos, satánicos y terrenales.
El “reino” de Dios se manifiesta en varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su dominio presente sobre la iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo de Cristo sobre la tierra.
LA IGLESIA E ISRAEL
Los eruditos bíblicos difieren sobre el tema de la iglesia e Israel. Es importante establecer algunos límites entre los términos iglesia e Israel. Algunos teólogos señalan a la iglesia como el nuevo Israel que de manera espiritual hereda a todas las promesas hechas a la nación de Israel.
Como nación, Israel se relaciona con el antiguo pacto mosaico; la iglesia con el nuevo. Israel ocupó la tierra; la iglesia no es de ningún país porque es como un peregrino errante.
A ambas entidades se les exhorta a ser vigilantes porque el Señor está cerca. Se aproxima la fase final, la redención del cuerpo de Cristo (Lucas 21:28). De cierto, la segunda venida de Cristo se avecina (Santiago 5:8); puede ocurrir en cualquier momento.
Reinado con Cristo
Pocos pueden imaginar el gozo inefable de estar en presencia de nuestro victorioso Señor. El juicio venidero del tribunal de Cristo, donde los creyentes recibiremos o no nuestros premios, no empaña para nada la expectativa de estar en el cielo con Jesús.
Mientras tanto, la iglesia ha de servir al Señor con humildad y cuidado constante. La ocasión cuando Jesús reprochó a dos discípulos porque buscaban prominencia en el reino es una advertencia a los creyentes de no procurar su propio honor. La grandeza en el reino, aun el gobernar con Cristo, conlleva la revolucionaria enseñanza de Jesús; el primero será el último, el siervo de todos.
La iglesia triunfante
Como señalamos antes, la frase la iglesia triunfante se refiere a los muertos en Cristo, a los creyentes que ya entraron en el descanso celestial. La iglesia, la comunidad de los santos, abarca a todos los que en la edad presente viven y mueren creyendo en Cristo.
ESPERANZA Y SANTIDAD
¿Cuáles fueron las creencias más tempranas de los cristianos respecto al futuro? ¿En qué consistía su esperanza? Los creyentes noetestamentarios esperaban el fin inmediato del presente orden mundial, el regreso del Señor y el juicio sobre las naciones. Sin duda alguna, el tema focal de la expectación apostólica fue el inminente regreso de Cristo. Pero su enseñanza no incluyó un calendario exacto de los eventos. La doctrina de Jesús, Pedro, Pablo y otros, Jamás dio licencia para fijar fechas para la venida del Señor.
El asunto más importante en relación con la venida de Cristo es su capacidad de purificar a la iglesia. En nuestras iglesias se necesita urgentemente esa limpieza.
La esperanza es una virtud que transforma el carácter. Juan escribió de la confianza o denuedo y de no avergonzarse de la venida de Cristo (1 Juan 2:”8). Eso implica tener un corazón y una conciencia puros.
No podemos usar los excesos del pasado como excusa para evitar enfrentar las demandas morales de Dios que se fundamentan en el carácter intachable de Cristo y en la seguridad de su venida. La advertencia dad a los vacilantes creyentes del primer siglo también es para nuestro tiempo: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (hebreos 10:23)
1 mayo de 2008
MATERIA: Naturaleza y Misión de la Iglesia
TAREA: Resumen del libro La iglesia el cuerpo de Cristo
PROFESOR: Rafael Pola Baca
ALUMNO: Eleazar González García
CAPITULO 12 LA IGLESIA Y LA ESPERANZA
Shakespeare escribió que la gente miserable no tiene otra medicina que la esperanza hoy día. Nuestra esperanza descansa en Dios nace de la fe vital en Cristo resucitado, la esperanza es sinónimo de confianza en Dios.
LA ESPERANZA, UNA JOYA DE FE
La esperanza surge de la fe puesta a prueba. La fe produce esperanza, los que depositan su fe en Cristo nacen de nuevo “para una esperanza viva a una esperanza genuina y activa, no falsa y muerta”.
La confianza cristiana no depende de las posesiones, sino de la certeza de que Dios siempre cumple sus promesas, para el cristiano comprometido, la vida consiste en sembrar semillas de esperanza para obtener una cosecha eterna.
La esperanza cristiana está centrada en Cristo. Y sólo tiene substancia si se deposita en el Señor resucitado, la resurrección de Cristo es la base para la predicación del evangelio. Su resurrección es el centro del evangelio.
El cristiano no confía en la reencarnación sino en la resurrección, tiene que ver con el cuerpo inmortal, no con otro cuerpo mortal. Es un evento que ocurrirá una sola vez, no un fenómeno que se repite varias veces en vidas sucesivas. La inmortalidad a través de la resurrección es el estado final de la redención. Será la condición del cuerpo perfeccionado, no un cuerpo que está en proceso de perfeccionarse mediante una serie de vidas.
Acerca de la certidumbre de la esperanza cristiana. Nuestra certeza o seguridad de lo que esperamos, se fundamenta en el Dios de la esperanza. La esperanza descansa en la certidumbre o sustancia real, no en sentimientos transitorios.
LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESCATOLOGICA
La doctrina de las últimas cosas se concentra en el fin de los tiempos, la segunda venida de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio final y los cielos y tierra nuevos. Pero de manera más significativa, las iglesias deben ser refugio para los desesperanzados, porque ofrecen seguridad a través del evangelio.
Sin fe, la esperanza sólo es arrogancia. Nuestra confianza no descansa en nuestros méritos, sino en la misericordia de Dios.
La esperanza es semejante a una estrella que guía a un barco sobre el vasto mar. La esperanza es para el cristiano lo que l oxígeno es para los pulmones.
La verdad del regreso del Señor es la esperanza de la iglesia
Para la iglesia, vivir con esperanza la conduce hacia el clímax y culminación del plan divino de redención. Anhela una ciudad no hecha con manos humanas. Su peregrinación la lleva con confianza hacia el día e que Dios será el todo y en todos.
La esperanza cristiana tiene la expectación del regreso de Cristo por su iglesia, que fue comprada con su sangre, la resurrección de los muertos en Cristo y del traslado de los santos vivos en sus cuerpos resucitados.
“Dios nunca dio la esperanza profética del mundo con el fin de que fuera tema de discusión teológica, sino para que fuera la meta magnética que atrajera al santo peregrino mientras lucha, tropieza y, a pesar de todo, sigue avanzando cuesta arriba”.
John F. Walvoord.
La iglesia y el reino
Jesús enseñó que sus seguidores deben buscar primeramente el reino de Dios (Mateo 6:33) provocó el debate acerca del reino que aparece en los evangelios sinópticos y se intensificó en el juicio de Jesús ante Pilato (Juan 18:33). ¿A qué se refirió el Señor cuando habló del reino?
En la Biblia, el uso de la palabra reino se fundamente en el gobierno soberano de Dios, el Rey sobre el universo. El primer lugar bíblico en que se llamó “Rey” a Jehová es Isaías 6:5. Sin embargo, aun antes de ese profeta se reconocía el concepto del gobierno divino.
En el Nuevo Testamento, basileia, la palabra griega para reino, se ocupa para designar reinos divinos, satánicos y terrenales. Por ser un vocablo clave, la palabra reino siempre se define o limita por el contexto.
Cuando Pablo predicaba el reino de Dios en Roma (28:31), afirmaban que quienes depositaran la fe en Cristo participarían de su futuro reino milenial sobre la tierra.
Las parábolas del reino “revelaron que una época completa se desarrollaría entre el momento en que Israel rechazara a su Rey y el tiempo futuro en que lo aceptará”.
El “reino” de Dios se manifiesta en varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su dominio presente sobre la iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo sobre esta tierra.
La historia revela el abuso de poder que ocurre cuando la iglesia se aquipara a sí misma con el reino. Los creyentes somos ciudadanos del reino y sólo debemos aceptar a Cristo como Rey. La misión de la iglesia en el mundo implica preparar a las personas para el reino futuro.
Aunque uno de los objetivos de la esperanza es la gloria, en cierto sentido ya participamos de ella. No obstante, eso no quiere decir que gloria y reino sean la misma cosa.
Para poder participar del futuro reino milenial de Dios, debemos aceptarlo como niños pequeños. La preparación para el reino incluyó la muerte de Cristo sobre la cruz y la promesa del nuevo pacto. La verdad más importante acerca del futuro de la iglesia es que su esperanza es el regreso de Jesucristo por los suyos.
LA IGLESIA E ISRAEL
¿Hay continuidad o discontinuidad entre el Antiguo y Nuevo Testamento? La esperanza en el Antiguo Testamento principalmente gira alrededor de la nación de Israel y su futuro en la tierra, Israel se caracteriza por la incredulidad al rechazar a Cristo como su Mesías. Sin embargo, como lo expone Pablo en Romanos 9-11, Israel no ha sido totalmente desechado.
Algunos teólogos señalan a la iglesia como el nuevo Israel que de manera espiritual hereda todas las promesas hechas a la nación de Israel.
¿Son idénticos Israel y la Iglesia? si no, ¿En qué se diferencias? Si son similares, ¿Qué tienen en común?
En primer lugar, es importante notar que Dios tiene un plan unificado para Israel y la iglesia. Los creyentes israelitas y la iglesia forman un solo pueblo de Dios.
Como nación, Israel se relaciona con el antiguo pacto mosaico; la iglesia con el nuevo. Israel ocupó la tierra; la iglesia no es de ningún país porque es como un peregrino errante. En la presente era de la iglesia, judíos y gentiles creyentes somos “coherederos y miembros del mismo cuerpo”, ninguna de las bendiciones materiales prometidas a Israel aparecen en los pasajes noetestamentarios que comentan el nuevo pacto. Las promesas a Israel son distintas a las de la iglesia. Las de Israel incluyen bendiciones físicas y espirituales, pero la iglesia recibe bendiciones espirituales, no materiales.
Reinado con Cristo
Cuando se instaure el reino milenial, todos los santos de la edad de la iglesia reinarán con Cristo. ¿Qué significa reinar con Cristo? cuatro cláusulas “condicionales”. “Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos también reinaremos con él; si lo negaremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo”.
Nuestra comprensión es limitada porque la Biblia no explica la naturaleza de nuestro gobierno con Cristo, pero sabemos que participaremos de lo que el salmista describió como gloria para todos los santos Salmos 149:9.
Para nosotros reinar incluirá responsabilidades y privilegios asombrosos.
Todos los creyentes que están en el cielo han cambiado la cruz por la corona, el sufrimiento por la victoria, la batalla por el triunfo.
ESPERANZA Y SANTIDAD
Los primeros cristianos fueron criticados por creer que el presente orden mundial sería consumido por fuego, los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas 2 Pedro 3:10.
Las creencias y la esperanza de los primeros cristianos era que esperaban el fin inmediato del presente orden mundial, el regreso del Señor y el juicio sobre las naciones.
Puesto que en su resurrección, Cristo es primicias de los que van a resucitar. Los creyentes serán los siguientes en disfrutar de las bendiciones del reino.
La enseñanza Paulina respecto a ser arrebatados en las nubes para encontrar al Señor en el aire 1 Ts. 4:17 apoya al rapto antes del tiempo en que la ira divina se derrama, es decir, antes de la tribulación. La iglesia sufre tribulaciones en el mundo Juan 16:33, es pero es muy diferente la gran tribulación.
Dos líneas de enseñanza confirman la esperanza de la iglesia: la inmediatez o inminencia del regreso de Cristo y la naturaleza arrebatadora del evento.
Aún dentro de la iglesia apostólica algunos vacilaban en su fe respecto a la segunda venida de Cristo. Pero Pablo señaló la importancia de esa fe entre los creyentes. Pedro aseveró que su retorno era inminente 1 P. 1:13, 4:13, 5:4. Santiago escribió de la proximidad del regreso del Señor Stg. 5:8. El escritor de Hebreos enseñó que aún un poquito, y el que ha de venir vendrá y no tardará He. 10:37. Juan no especuló en cuanto a que si Cristo vendría otra vez, con confianza dijo: “cuando se manifieste” 1 Juan 2:28.
La esperanza es una virtud que transforma el carácter, Juan escribió de la confianza o denuedo y de no avergonzarse de la venida de Cristo.
En nuestras iglesias cristianas, ¿Por qué va en aumento la carencia de instrucción acerca de su regreso? La esperanza de la iglesia es el inminente regreso de Cristo.
LA IGLESIA Y LA ESPERANZA
Hoy día, nuestra auto-realizada sociedad ha perdido toda esperanza. Los satisfechos no necesitan esperanza. La gente sólo pide socorro y esperanza cuando esperanza cuando atraviesa por alguna crisis. La esperanza cristiana es lo que nos mantiene con vida y nos guarda del temor del enemigo que es la muerte.
La esperanza, una joya de fe. La esperanza nace de una fe inquebrantable en Dios; no es resultado de comprender todo lo que el futuro nos depara. La fe produce esperanza. En el Nuevo Testamento, los desesperanzados se describen como los que perdieron toda sensibilidad (Efesios 4: 19). Según Efesios 4: 4, la salvación proporciona muchos beneficios, peros tiene un solo enfoque, la esperanza. Los que depositan su fe en Cristo nacen de nuevo para una esperanza viva. La seguridad cristiana depende de la confianza en Dios. La confianza cristiana no depende de las posesiones, sino de la certeza de que Dios siempre cumple sus promesas. La esperanza cristiana está centrada en Cristo.
La iglesia como comunidad escatológica. El llamado de Cristo es el llamado que ofrece vida eterna, una realidad que atañe al presente y al porvenir. La esperanza es la condición permanente de los redimidos. Cuando la sociedad secular se pregunta “¿Dónde encontramos esperanza e este mundo?”, los cristianos deben estar listos para responder. Las iglesias deben ser refugio para los desesperanzados, porque ofrecen seguridad a través del evangelio (Col. 1: 23). La esperanza tiene su enfoque en nuestra santificación o perfección completa en Cristo, y en las recompensas futuras.
La iglesia y el reino. En la Biblia, el uso de la palabra reino se fundamenta en el gobierno soberano de Dios, el Rey sobre el universo (1 Cró. 28: 11; Salmos 145: 13). El reino de Dios se manifiesta en varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su dominio presente sobre la iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo sobre la tierra.
El reino es muy diferente a la iglesia. En los evangelios, la iglesia se ve como una entidad futura, pero el reino estaba cerca en el sentido de que el Rey estaba presente y ofrecía el reino. Solo los pecadores redimidos, quienes forman la iglesia, somos llamados a ser embajadores del Rey. Los creyentes somos ciudadanos del reino y sólo debemos aceptar a Cristo como Rey. La misión de la iglesia en el mundo implica preparar a las personas para el reino futuro. Aunque uno de los objetivos de la esperanza es la gloria, en cierto sentido ya participamos en ella. Eso no quiere decir que gloria y reino sean la misma cosa. La consumación final de esta era resulta en gloria. El reino de Dios está por encima de la iglesia. Por decirlo así, la iglesia no puede establecer el reino. Esa tarea soberana pertenece al Rey.
LA IGLESIA E ISRAEL
La esperanza en el Antiguo Testamento principalmente gira alrededor de la nación de Israel y su futuro en la tierra. Durante la presente edad de la iglesia, Israel se caracteriza por la incredulidad al rechazar a Cristo como su Mesías nacional. Algunos teólogos señalan a la iglesia como el nuevo Israel que de manera espiritual hereda todas las promesas hechas a la nación de Israel. Dios tiene un plan unificado para Israel y la iglesia. Los creyentes israelitas y la iglesia forman un solo pueblo de Dios. Todos los salvos por gracia por medio de la fe forman un solo pueblo espiritual. Como nación, Israel se relaciona con el antiguo pacto mosaico; la iglesia con el nuevo. Israel se estableció como nación en el tiempo de Moisés, pero la iglesia tuvo su comienzo el día de Pentecostés
Reinando con Cristo. La ciudadanía del creyente está en el cielo, no en la tierra (Fil. 3: 21; Ef. 1: 3, 2: 6).
La iglesia triunfante. La iglesia triunfante se refiere a los muertos en Cristo, a los creyentes que ya entraron en el descanso celestial.
ESPERANZA Y SANTIDAD
La expectativa y esperanza de los santos encendió el celo de las primeras iglesias. El tema focal de la expectación apostólica fue el inminente regreso de Cristo. El asunto más importante en relación con la venida de Cristo es su capacidad de purificar a la iglesia. La esperanza es una virtud que transforma el carácter, implica tener un corazón y una conciencia puros. Todo lo registrado en las Escrituras trae esperanza a la iglesia. Esa seguridad debe fortalecernos para la batalla espiritual, y unirnos con todos los que esperan en Cristo.
LA IGLESIA Y LA ESPERANZA
La confianza Cristiana debe motivarnos a vivir sobria, Justa y piadosamente, nos aferramos a la esperanza de la manifestación en Cristo y a la seguridad de la vida eterna.
Según Ernst Hoffmann, en el Nuevo Testamento la esperanza es esperar pacientemente la venida de Nuestro Salvador.
La Esperanza una Joya de FE
La esperanza nace de una inquebrantable fe en Dios. Surge de esta confianza en nuestro Salvador. Y esta nace del acto divino de la salvación en Cristo.
POR QUE EN ESPERANZA FUIMOS SALVOS (ROMANOS 8:24)
En el Nuevo Testamento los desesperados se describen como aquellos que han perdido toda sensibilidad. EFESIOS 4:19
La esperanza es el fruto que produce el Evangelio COL 1:23
La seguridad Cristiana depende de la confianza de Dios, ese hecho capacita al creyente a vivir de manera sobrenatural.
La confianza Cristiana es es una actitud gozosa y tranquila hacia la vida.
LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESCATOLOGICA
La Iglesia es una comunidad de personas que se caracteriza por la esperanza.
La mejor defensa de nuestra Fe es una vida llena de Seguridad, y al ser una comunidad de Esperanza hemos de confiar en el Señor.
La esperanza es semejante a una estrella que guía un barco sobre el vasto mar. La esperanza es para el Cristiano lo que el oxigeno para los pulmones.
Para la Iglesia, vivir con esperanza la conduce hacia el clímax y culminación del plan divino de redención.
LA IGLESIA Y EL REINO
Jesús enseño que sus seguidores deben buscar primeramente el reino de Dios (MATEO 6:33)
El Reino de Dios se manifiesta de varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su Dominio presente sobre la Iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo sobre la tierra.
En la Biblia la palabra Reino basileia se fundamenta en el gobierno soberano de Dios.
La palabra Iglesia se ve como una entidad futura
Sin embargo la participación del creyente en la gloria de la Iglesia y del reino de Cristo es tanto presente como futura.
Aunque uno de los objetivos es la esperanza de gloria, en cierto sentido ya participamos de ella. No obstante la gloria y el reino no son lo mismo.
La verdad mas importante acera del futuro de la IGLESIA es que su esperanza es el regreso de Jesucristo por los suyos.
LA IGLESIA E ISRAEL
Ni la Iglesia ni Israel deben confundirse con el reino de Dios.
Israel debió ser testigo (LUZ) y la función de la Iglesia es llevar el evangelio a todo el mundo. Tanto judíos como Gentiles.
Las promesas de Israel son distintas a las de la Iglesia, Las de Israel incluyen bendiciones físicas y espirituales, pero la Iglesia recibe bendiciones Espirituales no materiales.
LA IGLESIA TRIUNFANTE
La primera se refiere a la Iglesia que esta en la tierra la segunda es la que se encuentra en el cielo,..Ha cambiado la Cruz por la Corona, el Sufrimiento por la VICTORIA.
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