miércoles, 7 de mayo de 2008

lLA IGLESIA Y LA RENOVACION

Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia
Profesor: Rafael Pola Baca
Alumno: Carlos Monjaras Mirón
Tarea: Resumen del libro la iglesia el cuerpo de Cristo hoy

CAPITULO 13 LA IGLESIA Y LA RENOVACIÓN

En nuestros días la iglesia padece un cautiverio babilónico… No es que esté reprimida por un emperador pagano o alguna jerarquía religiosa corrupta, sino que está dominada por los valores de una cultura totalmente secularizada.

La iglesia siempre necesita renovación. Alentada por la esperanza, purificada por las pruebas y fortalecida por el amor. avanza hacia el día en que será presentada a Cristo sin “Mancha ni arruga” (Efesios 5:27)
Los cristianos somos peregrinos que vivimos con la expectativa de llegar a nuestro hogar celestial, pero aún no vivimos en ese lugar. Algún día se perfeccionará a la iglesia y será gloriosa y santa y sin mancha.
El dominio y reino de Cristo no son de este mundo; es decir, no han de conformarse a lo que el mundo llama éxito. Si buscamos la renovación siguiendo el modelo de la administración de empresas en vez de cimentarla en la verdad, entonces se glorifica el consumismo que corrompe a la comunidad de fe en su esencia.

El menoscabo de las Escrituras en una sociedad terapéutica
En la psique moderna, el ensimismamiento ocupa el lugar que antes tenía la confianza en la fe. Es probable que al entrar al s. XXI la vitalidad de los evangélicos dependa de la forma en que describen su misión e implementan su testimonio. Es obvio que ser evangélico es creer en el evangelio de Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios y el único Salvador del mundo.
Sin embargo, el término evangélico se ha vuelto bastante ambiguo. Se ocupa como término general para describir a la gente de diferentes líneas, tanto denominacionales como no denominacionales.
Al aceptar las normas de la clase media ¿han diluido el evangelio al grado que ya no tiene poder para convencer y compartir?
En el s. XX vimos un dramático aumento en la importancia de las ciencias sociales. Las así llamadas “ciencias suaves”, ayudan a explicar el comportamiento humano, las relaciones interpersonales, los grupos sociales, la economía, la cultura y la política. Pero en la actualidad, la que predomina es la sicología.
Gradualmente se ha ido desplazando la teología como base para establecer los valores humanos. El cientifismo –depender de la ciencia para dar sentido a las cosas- se ha convertido en el dios de nuestra época. La sicología, una de esas ciencias, es la que determina el comportamiento e importancia del ser humano.
La palabra de Dios edifica congregaciones saludables cuando es bien comprendida, enseñada y vivida. El evangelicalismo, que proclama ser el representante de la fe histórica que brota de la cruz y la tumba vacías, da testimonio del poder de la gracia de Dios y es una defensa contra los que se desvían del verdadero evangelio.


Pérdida de unidad
La iglesia debe considerarse la comunidad de los santos. Todo aquel que es miembro de la iglesia también lo es del cuerpo, y por ende, debe compartir con los que pertenecen al mismo cuerpo. Tristemente, hoy en día la unidad de la iglesia se ha roto y necesita renovarse. Nunca se ha cumplido cabalmente la oración del Señor: “Para que sean uno”Juan17:11.
La unidad cristiana no es un lujo ni un elemento electivo de la fe. Es una necesidad, la piedra angular de la verdad cristiana y señal de la iglesia verdadera. La tarea de los evangélicos es manifestar las creencias que tienen en común y no participar del espíritu divisivo.
Existen dos niveles de unidad, uno local y otro universal o global. Dentro de cada congregación deben fortalecerse los vínculos de la unidad. Más allá de la asamblea, la iglesia que representa a todos los creyentes y la que ha sido esparcida deben considerarse como una y la misma.
Las Escrituras no nos permiten tener una vida dividida, aparentando verdadera unidad cristiana en la comunión de los santos, pero viviendo en desunión al nivel de la iglesia local.

El mensaje y la apologética se han debilitado
La desconfianza en el pensamiento racional y la crisis tocante a la verdad han causado serios problemas sociales.
En nuestro compromiso con la fe bíblica tenemos que preocuparnos por cualquier dilución de las enseñanzas esenciales y por cualquier apariencia de falsa doctrina
Si se trata al evangelio como un producto más que hay que vender, entonces, invariablemente, se diluye la fe.
La iglesia renovada tendrá en alta estima la erudición vital y reflexiva de los defensores de la fe. También valorará la educación de los ministros del evangelio, con el fin de que puedan definir y defender la verdad, guardar la pureza de los elementos confesionales de la iglesia y practicar el discernimiento crítico dentro de la más amplia cultura de la sociedad. Involucrando a los creyentes en el servicio significativo para los demás. También para que apoyen a la propagación del evangelio confrontando el corazón y la mente de la cultura con el mensaje bíblico de la cruz.

Confianza en la capacidad más que en el carácter
Cuando los evangélicos prefieren la capacidad sobre el carácter el faro moral está en serio peligro de ser llevado mar adentro por la marea.

Pérdida de reverencia en la adoración
La búsqueda de significancia, placer personal y autorrealización ha conducido a numerosos excesos. Una de esas consecuencias es que ahora la gente espera que las iglesias las entretengan. Pero al abandonar el concepto del Dios excelso el alma queda vacía.
No llamamos a realizar una adoración irrelevante y aburrida, ni a elevar una liturgia rugida que ya no tenga significancia para la gente moderna. Antes, invitamos a regresar a lo básico: reverencia ante el Dios santo y una reacción y expresión humana que honre a Dios y su palabra.
La respuesta a Dios en adoración puede tomar varias formas y mientras sean exaltados Dios y su verdad, no hay límites a la manera de expresarnos.

Amenaza de la superficialidad
La renovación de la iglesia tiene que tomar en serio el hecho de que muchos se unen a la iglesia, pero pocos son los “escogidos”.

Recobrando la vida espiritual
La esencia de la vida espiritual es vivir en el Espíritu Santo. Es lógico pensar que si el nominalismo apaga al Espíritu y disminuye las diferencias entre fe y falta de fe, entonces sólo al recobrar por completo la vida espiritual se puede renovar a la iglesia.
Nuestro yugo nos une a Cristo, no al mundo ni a la religión institucionalizada.
DESARROLLANDO UNA COMUNIDAD QUE HACE DISCIPULOS

La iglesia es más que una concurrencia de creyentes. Puesto que es la comunidad de los santos, debe ser un cuerpo creciente, servidor y adorador. La invitación de Cristo a ser discípulo es un llamado a una vida de crecimiento y aprendizaje

UNA SUPLICA A FAVOR DEL EQUILIBRIO Y LA UNIDAD
Existe la posibilidad de que algunas iglesias se autodestruyan. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia, el cuerpo de Cristo, pero a nivel local habrá fracasos. Algunas dejarán de ministrar debido a la disminución de sus miembros y a la incapacidad para adaptarse a las condiciones cambiantes. Otras menguaran por la desilusión causada por los líderes o por división y conflictos internos. Aun otras seguirán siendo centros de irrelevancia en la marea de rápidos cambios. Sin embargo, el mayor peligro no se halla en el fracaso del liderazgo o en el desánimo, sino en la desviación de la verdad.
Si una iglesia renovada va a ser la plataforma de lanzamiento para el cambio significativo y el encuentro con el mundo, primero debe ser una iglesia informada. Después ha de ser una iglesia amorosa, que se dedica al cuidado y servicio. Pero todos los ojos han de estar puestos en la meta de conocer a Cristo y participar de sus padecimientos, llegando a ser como él en la muerte, mientras aguardamos la resurrección de entre los muertos (Filipenses 3:10-11)

viernes, 2 de mayo de 2008

Capítulo 12. “La Iglesia y la esperanza”

Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez

Reporte de lectura
Libro: “La iglesia”
Autor: Ed Hayes
Editorial: ELA

Resumen del Capítulo 12. “La Iglesia y la esperanza”

La gente solo pide socorro y esperanza cuando atraviesa por alguna crisis. “Es tener expectativa y esperar paciente, disciplinada y confiadamente la venida del Señor nuestro Salvador”. Es la confianza centrada sólo en Cristo, que es nuestra esperanza. Nuestra confianza en todo lo relacionado con la vida y la muerte es Cristo y el futuro eterno que Él nos garantiza.

LA ESPERANZA, UNA JOYA DE FE

La esperanza surge de la fe puesta a prueba. La fe produce esperanza. Como cristianos, nuestra confianza no surge del optimismo, sino del acto divino de salvación realizado por Cristo. Esa salvación tiene aspectos presentes y futuros. La esperanza es el fruto que produce el evangelio. Dios ofrece seguridad a los que aceptan la oferta gratuita de salvación en Cristo Jesús. Salvación, evangelio y esperanza van de la mano. Los que depositan su fe en Cristo nacen de nuevo “para una esperanza viva”; es decir, a una nueva esperanza genuina y activa, no falsa y muerta. La seguridad cristiana depende de la confianza en Dios. Para el cristiano comprometido, la vida consiste en sembrar semillas de esperanza para obtener una cosecha eterna. La esperanza cristiana esta centrada en Cristo. Es ocupar la mente en asuntos celestiales. La esperanza de la resurrección futura no oscurece el gozo de la vida presenta. Más bien, arroja luz sobre las tinieblas de la muerte. La esperanza descansa en la certidumbre o sustancia real, no en sentimientos transitorios. Dios ha empeñado su palabra; lo que esperamos se realizará de maneras muy sorprendentes. Esa sorpresa resultará de verlo, de estar con Él, de contemplarlo hacer todas las cosas nuevas, ¡aun a nosotros!

LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESCATOLÓGICA

El llamado de Cristo es mucho más que una invitación a disfrutar de una vida temporal mejorada por su presencia. La esperanza es la condición permanente de los redimidos. Por la fe entramos en la vida cristiana, con esperanza la continuamos y por fe anhelamos la gloria. Sin fe, la esperanza sólo es arrogancia. Nuestra confianza no descansa en nuestros méritos, sin en la misericordia de Dios. Para la iglesia la vida es una peregrinación, y la esperanza la preserva durante ella. La esperanza es para el cristiano lo que el oxígeno es para los pulmones. La verdad del regreso del Señor es la esperanza de la iglesia. El futuro es tan real como las promesas de Dios. Y éstas con tan reales y confiables como Él. Todo es cuestión de fe y esperanza en Dios. El señorío de Dios será total y final cuando todos los santos –pasados, presentes y futuros- se reúnan alrededor del trono para tributar alabanza a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es necesario que en nuestro estudio de la verdad bíblica acerca del futuro mantengamos los ojos en Cristo, nuestro Alfa y Omega, principio y fin. El objetivo de la confianza es que vivamos mejor nuestra vida llena de esperanza.

La iglesia y el reino

Jesús enseñó que sus seguidores deben buscar primeramente el reino de Dios. El concepto del reino de Dios está fuertemente vinculado a una cristología explícita. El “Reino” de Dios se manifiesta en varias etapas: su gobierno pasado sobre Israel, su dominio presente sobre la iglesia hasta el fin de esta era y su reino final en el gobierno milenial de Cristo sobre la tierra. El reino es muy diferente a la iglesia. Los creyentes somos ciudadanos del reino y sólo debemos aceptar a Cristo como Rey. La misión de la iglesia en el mundo implica preparar a las personas para el reino futuro. Además, los creyentes somos herederos del reino y “coherederos con Cristo”. Es muy apropiado que los cristianos oremos por que venga el reino del Señor, el milenio. Cantar de la gloria vendiera ya no está de moda. Sin embargo, de eso se trata el reino. La participación del creyente en la gloria de la iglesia y del reino de Cristo es tanto presente como futura. El aspecto presente se manifiesta de tres maneras: 1) La obra de Dios en el creyente. Y a los que justificó, a éstos también glorificó. 2) El ministerio permanente del Espíritu Santo. La iglesia comparte la gloria de la gracia de Dios por medio del Espíritu Santo. Y 3) La transformación del creyente. La realización futura de esa gloria es evidente en las Escrituras. Cuando Cristo aparezca, nuestra manifestación con Él presupone nuestra permanencia con Él al momento de su venida. También se promete la renovación de nuestro cuerpo físico. Seremos hechos semejantes a Jesús. Entonces, el reino de Dios está por encima de la iglesia. La iglesia no puede establecer el reino. Esta tarea soberana pertenece al Rey. El Cordero de Dios inmolado antes de la fundación del mundo es el único calificado para abrir el libro del destino y llevar la historia a su culminación en el reino de Dios. La verdad más importante acerca del futuro de la iglesia es que su esperanza es el regreso de Jesucristo por los suyos.

LA IGLESIA DE ISRAEL

Israel se caracteriza por la incredulidad al rechazar a Cristo como su Mesías nacional. Sin embargo, Israel no ha sido totalmente desechado. Por supuesto que sí habrá salvación para los judíos. En primer lugar, es importante notar que Dios tiene un plan unificado para Israel y la iglesia. Los creyentes Israelitas y la iglesia forman un solo pueblo de Dios. Como nación Israel se relaciona con el antiguo pacto mosaico; la iglesia con el nuevo. Ni Israel ni la iglesia deben confundirse con el reino de Dios. Las dos entidades son fruto del plan divino. Israel se estableció como nación en el tiempo de Moisés, pero la iglesia tuvo su comienzo en el día de Pentecostés. Israel debió ser testigo (“luz”) a las naciones gentiles, y la labor de la iglesia es presentar el evangelio a todo el mundo, tanto a judíos como a gentiles. En la presente era de la iglesia, judíos y gentiles creyentes somos “coherederos y miembros del mismo cuerpo”, la iglesia. Las promesas a Israel son distintas a las de la iglesia. Las de Israel incluyen bendiciones físicas y espirituales, pero la iglesia recibe bendiciones espirituales, no materiales. A ambas entidades se les exhorta a ser vigilantes porque el Señor está cerca. La segunda venida de Cristo se avecina.

Reinando con Cristo

La ciudadanía del creyente está en el cielo, no en la tierra. Para los creyentes, la vida, muerte y resurrección se mueven en línea recta hacia el futuro. Para nosotros, el reinar incluirá responsabilidades y privilegios asombrosos. Nuestra predicación y enseñanza del tema de la naturaleza del gobierno de los santos durante el reino debe realizarse con gran humildad. En esas verdades no cabe el triunfalismo humano. Todo honor y gloria tiene que reservarse para Dios, quien por medio de Cristo ha provisto la salvación.

La iglesia triunfante

Los teólogos de antaño hablaron de la iglesia militante y la triunfante. La primera se refiere ala iglesia que está en la tierra, y la segunda, a la que esté en el cielo. La iglesia triunfante –todos los creyentes que están en el cielo- ha cambiado la Cruz por la corona, el sufrimiento por le victoria, la batalla por el triunfo.

ENSEÑANZA Y SANTIDAD

La escatología cristiana enseña que el mundo será destruido por fuego. La esperanza de la iglesia era el regreso literal de Jesús, su parousia (“aparición o llegada”). Puesto que en su resurrección Cristo es “primicias” de los que van a resucitar, los creyentes serán los siguientes en disfrutar de las bendiciones del reino. En su sentido más amplio, esa es la esperanza de la iglesia. Todos tienen que confesar su esperanza en el regreso del Señor. El asunto más importante en relación con la venida de Cristo es su capacidad de purificar a la iglesia. La esperanza es una virtud que transforma el carácter. Juan escribió de la confianza o denuedo y de no avergonzarse de la venida de Cristo. Eso implica tener un corazón y una conciencia puros. Los creyentes que esperamos en Cristo hemos de purificarnos a nosotros mismos, no de manera ceremonial, sino moralmente. Todo lo registrado en las Escrituras trae esperanza a la iglesia. “Procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz”. No se equivoque: la esperanza de la iglesia es el inminente regreso de Cristo.

THE END