Es imposible que la iglesia eluda el sufrimiento y la tribulación. Jesús los vaticinó, los apóstoles y los primeros cristianos lo experimentaron y la larga historia de la iglesia da un doloroso testimonio de esta realidad.
La teología neotestamentaria de la iglesia debe incluir la enseñanza acerca del sufrimiento. Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien. (1 Pedro 4:12-19).
¿QUE ES EL CRISTIANISMO NORMATIVO?
Jesús no fue victima de una violencia fortuita, si no que padeció por una causa. De la misma manera, a los cristianos se nos ha llamado a sufrir por el nombre de Cristo. Hebreos 5:8 enseña que Cristo aprendió la obediencia al padecer aflicciones. Cuando se sufre en el nombre de Cristo, la aflicción lleva la marca de la cruz. El argumento del sufrimiento como normativo descansa en tres verdades bíblicas.
Primero, toda la creación sufre mientras espera la consumación de la edad presente. Aún esperamos la final transformación de nuestro cuerpo (Filipenses 3:21).
En Segundo lugar, el sufrimiento es normativo para los creyentes.
Si el mundo es aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. (Juan 15:18).
Por ultimo, el sufrimiento es parte de la identificación del creyente con Cristo. 1 Pedro 2:21: “Pues para esto fuisteis llamados; por que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”. Ningún testigo de la verdad del evangelio puede estar distanciado de la cruz y el sufrimiento.
La tribulación produce en el creyente un peso de gloria, permitiéndole llegar a ser “semejantes a el en su muerte” (Filipenses 3:10).
EL SIGNIFICADO BÍBLICO DEL SUFRIMIENTO
La palabra pasión proviene del vocablo griego pasho, “sufrir” o “aguantar”. Podemos señalar el caso de José que fue vendido como esclavo (Génesis 50:20), acto que resulto para bendición de la nación de Israel. La cruz no fue un accidente histórico ni un acto de violencia fortuita, sino un evento divinamente determinado. Cuando nos maldicen, debemos bendecir y cuando nos vituperan, debemos ser amables. Cristo sufrió hambre, cansancio, azotes y, finalmente, la crucifixión. He aquí, el diablo echara a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:9-10). “enjuagara Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá mas llanto, ni clamor, ni dolor; por que las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).
EL SENDERO DEL MARTIRIO
En general, los evangélicos se resisten a la idea de llamar mártir a Jesús. “No hice nada: la palabra de Dios lo hizo todo”. Iconoclastas (Los que rompían imágenes), radicales que usaban de violencia en su esfuerzo por reformar la iglesia.
El significado de la palabra mártir
La palabra mártir derive de un vocablo que significa “testigo”. En Hechos 22:20 se le identifico como testigo fiel y primer mártir de la iglesia cristiana. Entonces el testimonio cristiano tiene tres aspectos: el testimonio de Jesús acerca de si mismo, el de creyente acerca del evangelio de la gracia de Dios y la proclamación de la verdad.
Distintas formas de persecución
El Nuevo Testamento menciona varias formas de persecución y en algunos casos los métodos que se utilizaban para torturar a los cristianos. Primero existen referencias a la arena romana. En la época neotestamentaria otra forma de persecución fue la lapidación. Esteban (Hechos 7:57-60) y Pablo (14:19). Son ejemplos de ese método. La crucifixión era una forma romana común para ejecutar a los criminales. Otra técnica de tortura fue la hoguera. Otra forma de castigo que se utilizaba para perseguir a los cristianos era el encarcelamiento.
Persecución y martirio en la historia eclesiástica
Se estima que en la actualidad veintidós millones de cristianos viven bajo persecución. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). La época de Diocleciano se considera el periodo más sangriento de martirios de la historia de la iglesia. Esteban y Jacobo murieron martirizados. Saulo de Tarso se encontraba entre los atormentadores. Posteriormente, el mismo murió como mártir. Bajo Herodes, Jacobo el hermano de Juan fue muerto a espada. Durante las festividades en honor al César que reinaba, echaron a unos cristianos a las bestias salvajes. Policarpo, uno de los cristianos más celebres. Le mandaron: “Maldice a Cristo”. “Ochenta y seis años lo he servido y el solo me ha hecho bien, ¿Cómo puedo maldecir a mi Señor y Salvador?”. Entonces llevaron al anciano al poste donde rehusó ser atado y gustosamente se ofreció a las llamas. En enero de 1527 cuando en el rió Limmat, de Zurich, ahogaron al líder anabaptista Félix Manz. Muchos anabaptistas sufrieron severamente a manos de los líderes de la iglesia establecidas.
RESULTADOS DE LA PERSECUCIÓN, DEL SUFRIMIENTO Y EL MARTIRIO
Hay varios resultados obvios del sufrimiento que pueden traer bendición a la iglesia. Primero, el sufrimiento puede ayudarnos a comprender mejor a los que sufren.
La solidaridad con los que sufren debe caracterizar a los evangélicos contemporáneos.
En el segundo lugar, el sufrimiento puede conducir a la purificación de la iglesia. Tercero, el sufrimiento puede dar como resultado un despliegue de poder y provisión divinas para vencer el mal. En cuarto lugar, el sufrimiento puede conducirnos a una apreciación nueva de las recompensas divinas.
Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. (Hebreos 11:32-40)
Las recompensas no solo vienen en esta vida. Para los que sufren en el anonimato, el premio eterno es la perfección. El peso eterno de gloria equilibra la balanza dándonos percepciones que no tendríamos si no padeciéramos. El aprendizaje bajo la aflicción no nos cuesta nada y tiene un valor infinito. Pablo afirmo cuatro veces: “Testigo me es Dios” (Romanos 1:9; 2 Corintios 1:23; Filipenses 1:8; 1Tesalonicenses 2:5).
Pablo acertó cuando escribió: “El sufrimiento produce perseverancia” (Romanos 5:3, nueva versión internacional). Pruebas producen constancia (Santiago 1:3) el domino propio y la devoción a Dios (2 Pedro 1:6) y Pablo encomendó a los santos al amor de Dios y a la paciencia de Cristo (2 Tesalonicenses 3:5). Santiago, haciendo eco de las bienaventuranzas de Jesús, dio su propia bendición a los que sufren pruebas (Santiago 1:12; 5:11). La tenacidad otorgada por Dios a los que hacen su voluntad (Hebreos 10:36). El amor manifiesta paciencia (1 Corintios 13:7). Ni Domiciano (81-96) ni Vespasiano (69-79) pudieron contener la llamada arrasadora del cristianismo. “Por que no nos ha puestos Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1Tesalonicenses 5:9). La esperanza de la iglesia es el regreso de Cristo, no su ira.
“Afinemos nuestras arpas y mantengamos listas nuestras guirnaldas festivas en espera del momento en que se pondrá eterno fin a toda tristeza y ansiedad del corazón”.
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb” Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I Profesor: Pastor Rafael Pola Baca Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura Libro: “La iglesia” Autor: Ed Hayes Editorial: ELA
Resumen del Capítulo 10. “La Iglesia y el Sufrimiento”
La teología neotestamentaria de la iglesia debe incluir la enseñanza acerca del sufrimiento. Los autores del Nuevo Testamento escribieron acerca de él para que los creyentes fieles estuvieran mejor preparados a enfrentar toda suerte de tribulaciones.
¿QUÉ ES EL CRISTIANO NORMATIVO?
La Biblia nos ofrece la realidad, la palabra sabia y sensata que describe la vida tal u como es, con sus angustias y éxtasis. El argumento del sufrimiento como normativo descana en tres verdades bíblicas: 1) Toda la creación sufre mientras espera la consumación de la edad presente. La redención se obtiene por fe en la muerte de Cristo sobre la cruz pero aún esperamos la final tr4ansformación e nuestro cuerpo; 2) El sufrimiento es normativo para los creyentes. Seremos bienaventurados, aborrecidos, perseguidos y tendremos aflicción; y, 3) El sufrimiento es parte de la identificación del creyente con Cristo. Los padecimientos, aún la persecución, están presentes como resultado de que imitamos a Cristo. El sufrir no confiere mérito especial alguno, pero trae gran galardón. Todo lo que padecemos en nombre de Cristo cumple el alto propósito de conocerlo mejor, el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos. La tribulación produce en el creyente un peso de gloria, permitiéndole llegar a ser “semejante a Él en su muerte”.
EL SIGNIFICADO BÍBLICO DEL SUFRIMIENTO
Dios controla todas las cosas para bien. Eso se evidencia con claridad en la crucifixión de Cristo. Las aflicciones de Cristo en relación con su obra salvadora constituyen la base para la comprensión de todo sufrimiento. El autor de nuestra salvación también es el modelo de todo sufrimiento. La iglesia puede enfrentar su propio sufrimiento con actitud de confianza y triunfo porque cree la verdad fundamental que afirma que la tribulación tiene un propósito. El sufrimiento es escatológico, su fin es la perfección. Los padecimientos de Cristo fueron físicos, emocionales y espirituales; se solidarizó con toda la humanidad, creyentes e incrédulos. Cristo sufrió hambre, cansancio, azotes y, finalmente, la crucifixión. Fue tentado en todo, como todo humano, pero no pecó.
EL SENDERO DEL MARTIRIO
Irónicamente la iglesia ha incurrido en la persecución de herejes y otros. Lutero repetidamente predicó en contra de pagar mal con mal. Sentía que la falsa iglesia romana usaba la hoguera y la fuerza para protegerse de las Escrituras. Pero esa forma de pensar no le daba licencia para matar.
El significado de la palabra mártir
El testimonio cristiano tiene tres aspectos: el testimonio de Jesús acerca de sí mismo, el del creyente acerca del evangelio de la gracia de Dios y la proclamación de la verdad. El testimonio por Cristo tiene un alcance fenomenal. La evidencia más contundente de ello se halla en el capítulo de la “fe”, Hebreos 11. Todas las señales del martirio se evidencian en la lista de los que sufrieron por Jesús.
Distintas formas de persecución
La manera en que el fiel testimonio provocó persecución se dejó ver: 1) En la arena romana. Ser condenado a la arena era un castigo reservado para los peores ofensores del rey. Sin embargo, ser condenado a la arena no siempre era una sentencia de muerte. 2) La lapidación. Bajo la ley judaica, esa manera de ejecutar la pena capital se reservaba para los blasfemos y los sorprendidos en adulterio; 3) La crucifixión esa una forma romana común para ejecutar a los criminales. Para los cristianos, la cruz, símbolo despreciado de tortura, se transformó en el punto focal de la redención en vez de representar la culpabilidad criminal; 4) La hoguera; y, 5) El encarcelamiento. Posteriormente los cristianos practicaron la flagelación del cuerpo para purificar al alma; esto ilustra el grado en que la persecución llegó erróneamente a considerarse como un medio de purificación de la iglesia.
Persecución y martirio en la iglesia eclesiástica
Se estima que en la actualidad veintidós millones de cristianos viven bajo persecución. La persecución surgió de la mala comprensión del aspecto secreto de la adoración y los rituales cristianos, especialmente la cena del Señor. Con el paso del tiempo, se inició la exaltación de los mártires. De forma equivocada, algunas personas consideran que los mártires son intercesores. Es un error pensar que todo testigo de Cristo es mártir.
RESULTADOS DE LA PERSECUCIÓN, DEL SUFRIMENTO Y EL MARTIRIO
Hay varios resultados obvios del sufrimiento que pueden traer bendición a la iglesia: 1) El sufrimimiento puede ayudarnos a comprender mejor a los que sufren. 2) El sufrimiento puede conducir a la purificación de la iglesia. 3) El sufrimiento puede dar como resultado un despliegue de poder y provisión divinas para vencer el mal. Y 4) El sufrimiento puede conducirnos a una apreciación nueva de las recompensas divinas. Las recompensas no solo vienen en esta vida. Para los que sufren en el anonimato, el premio eterno es la perfección. El aprendizaje bajo aflicción no nos cuesta nada y tiene un valor infinito. El contenido verídico del testimonio cristiano que es fiel al evangelio se considerará muy superior a la fe emocional y experimental. Una teología del sufrimiento nos auxilia a ver al necesidad de la perseverancia. El sendero que lleva a la perseverancia está lleno de dificultades, pero a su fin recibiremos recompensas. Tal como el amor manifiesta paciencia, igualmente la fe tiene que perseguir esa meta.
EL PROBLEMA. Confesar a Cristo Señor es confesar su soberanía sobre todas las potestades de la creación visible e invisible. Cristo se presenta además como el que reconcilia con Dios todo cuanto hay en la tierra y todo cuanto hay en los cielos. Cristo es también la cabeza del cuerpo de la iglesia. El reino de Cristo y la iglesia de Cristo están unidos por su misma naturaleza. La redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera. El título de Rey dado a Cristo se aplica también a su soberanía sobre la creación.
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO. El reinado de Cristo y la iglesia de Cristo tiene en común su pertenencia a un solo y mismo período de tiempo limitado. Actualidad del reinado de Cristo. Si hubiera otro Señor que aquel a quien Dios ha dado el nombre que está sobre todo nombre, entonces el reinado de Cristo no existiría todavía. Entonces Cristo no reinaría todavía, y no nos quedaría más que la esperanza. El principio del reinado de Cristo. Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío. El fin del reinado de Cristo. El reinado de Cristo ha comenzado con su ascensión; terminará con su vuelta. El tema de todo el drama ha siso el reinado de Cristo; más exactamente, se trata del acto final de esa realeza de Cristo. La tensión temporal del reinado de Cristo. En el Nuevo Testamento la muerte de Cristo es el hecho central, que encierra en sí todos los acontecimientos, pasados y futuros. El principio de la iglesia. Tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reino de Cristo. El factor central es el mismo: la muerte de Cristo, que señala el nacimiento de la iglesia. El sacramento del bautismo, por el cual el creyente se convierte en miembro de la iglesia, sirve de medio para la participación del Espíritu.
LA EXTENSIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSIÓN DE LA IGLESIA. El término griego realeza: Basileia tiene tres aceptaciones: 1) el ejercicio de la soberanía, el gobierno; 2) el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; 3) la comunidad de los gobernados. El lugar del reinado de Cristo. La realeza se extiende a la creación entera (Mt. 28: 19). El lugar de la iglesia. El mundo terreno, y dentro de ese mundo en una comunidad humana, significa, al contrario, que la iglesia es, en cuanto lugar, el centro, el punto vital del reino de Cristo. La tensión espacial de la iglesia. La iglesia es el cuerpo mismo de Cristo, lo más grande que se puede ser en la tierra; está sometida a Cristo.
LOS MIEMBROS DEL REINO E CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA. Los miembros del reino de Cristo. Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas a la vez: primero ser gobernado; pero también participar en el gobierno. Los miembros de la iglesia. La salvación: uno va de la multitud al único; es la antigua alianza; el otro va del único a la multitud. LA MISIÓN DE LA IGLESIA. La iglesia está bajo la soberanía de Cristo y reina con él, el primer cometido de la iglesia es la predicación. La predicación del evangelio tiene que durar durante todo el período de la iglesia que va de la ascensión de Cristo hasta su vuelta.
LA IGLESIA Y EL SUFRIMENTO Es imposible que la iglesia eluda el sufrimiento y la tribulación.
¿Qué es el cristianismo normativo? Los que trafican con un gracia barata ofrecen una fe fácil y suave. La Biblia nos ofrece la realidad, la palabra sabia y sensata que describe la vida tal y como es, con sus angustias y éxtasis. Cuando se sufre en el nombre de Cristo, la aflicción lleva la marca de la cruz. El argumento del sufrimiento como normativo descansa en tres verdades bíblicas: 1) toda la creación sufre mientras espera la consumación de la edad presente; 2) el sufrimiento es normativo para los creyentes; el sufrimiento es parte de la identificación del creyente con Cristo. Los padecimientos, aún la persecución, están presentes como resultado de que imitamos a Cristo. El sufrir no confiere mérito especial alguno, pero trae gran galardón. El significado Bíblico del sufrimiento. La palabra pasión proviene del vocablo griego pascho, “sufrir” o “aguantar”. Dios controla todas las cosas para bien.
El significado de la palabra mártir. Deriva de un vocablo que significa “testigo”. El testimonio cristiano tiene tres aspectos: el testimonio de Jesús acerca de sí mismo, el del creyente acerca del evangelio de la gracia de Dios y la proclamación de la verdad. Distintas formas de persecución: 1) ser condenado a la arena de un castigo reservado para los peores ofensores de la ley. En la época neotestamentaria otra forma de persecución fue la lapidación. Bajo la ley judaica, esa manera de ejecutar la pena capital se reservaba para los blasfemos y los sorprendidos en adulterio. La crucifixión era una forma romana común para ejecutar a los criminales. Otra técnica de tortura fue la hoguera. Otra forma de castigo se utilizaba para perseguir a los cristianos era el encarcelamiento. Persecución y martirio en la historia eclesiástica. Al principio, la iglesia fue tolerada porque la gente creía que era una forma legítima de judaísmo. El testimonio fiel de los mártires nos apoya en nuestra fe.
Resultados de la persecución, del sufrimiento y el martirio. Resultados del sufrimiento que pueden traer bendición a la iglesia. 1) El sufrimiento que pueden ayudarnos comprender mejor a los que sufren; 2) el sufrimiento puede conducir a la purificación de la iglesia; 3) el sufrimiento puede dar como resultado un despliegue de poder y provisión divinas para vencer el mal; 4) el sufrimiento puede conducirnos a una apreciación nueva de las recompensas divinas.
La fe en la realeza que Cristo ejerce actualmente ha encontrado en el Nuevo Testamento su expresión clásica en el Salmo 110 aplicado a Cristo. Le ha conferido Dios a Jesucristo el titulo de “Señor” (Fil. 2,10). Kyrios cristo reina como rey, criaturas humanas, las potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos. Soberano de toda la creación 1 Pe 3,22, “…el cual subió al cielo y esta sentado a la diestra de Dios, una vez sometidos a El los ángeles, las potestades y las virtudes”. “…en El (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las denominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El; el es antes que todo, y todo subsiste con el” (Col 1,16) 1 Cor. 8 “Todas las cosas fueron hechas por El” Hebreos:”por quien también hizo el mundo”. (1,2).
(1 Ts. 4,16) Cristo es mediador de la creación “al principio”, y es también mediador de nueva creación “al fin de los tiempos”. En Col. 1,14 ss., “todo cuanto hay en la tierra y todo cuento hay en los cielos” v. 18 afirma que Cristo es también la cabeza del cuerpo de la iglesia. “A El (Cristo) sujetó (Dios) todas las cosas bajo sus pies, y le puso por cabeza en la iglesia…”(1,22). El reinado de Cristo y la iglesia de Cristo están unidos por su misma naturaleza. A causa de Adán esta la tierra maldita. Romanos (8,20) la redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera. Mateo (27,51), la tierra tiembla en el momento de su muerte, “por la sangre de su cruz es reconciliado todo con Dios” (Col. 1,20) “liberación“ (Rom. 8,21).
Mateo (28,18) Con la orden de bautizar a todas las naciones, funda implícitamente la Iglesia. Inversamente, el titulo de rey dado a Cristo se aplica también a su soberanía sobre la creación, 1 Tim. 7,15 se le designa como “rey de reyes y señor de señores”. Se trata de su realeza en 1 Cor 15, 24.
CAPITULO II
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO
Reino de Cristo, la iglesia de Cristo tienen en común su pertenencia a un solo y mismo periodo de tiempo limitado. El reino de Dios, por el contrario, es una realidad puramente futura
ACTIVIDAD DEL REINADO DE CRISTO.
“Al cual el Padre lo ha sometido todo”, Se someterá El a su vez al Padre y pondrá en sus manos la soberanía. Y esto acaecerá cuando haya destruido “todo principado, toda potestad y todo poder”, así como “al último enemigo”, la muerte. Basileia, y, en la medida en que reinamos con El, formamos ya ese reino, sobre el fundamento de la redención. (Ap 1,6)
El cristiano puede ya alabar a Dios por realeza de su Hijo (Col.1, 12 SS.)
EL PRINCIPIO DEL REINADO DE CRISTO
Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío. “El ultimo enemigo”, la muerte, será destruido con sus ultimas potencias hostiles (1 Cor. 15, 24,26). La muerte y la resurrección de Cristo suponen la realización presente del reinado de Cristo.
El comienzo efectivo, la toma de posesión del poder regio tiene lugar en la ascensión.
EL FIN DEL REINADO DE CRISTO
Según Apocalipsis y 1 Cor. 15, 23 ss, la vuelta de Cristo y los acontecimientos escatológicos que dependen de ella inmediatamente se han de considerar como el acto final del reinado de Cristo. “Gobierna a los pueblos con vara de hierro” (12,5; 19,15) y que su nombre es “rey de reyes” y “señor de señores” (19,16).
LA TENSION TEMPORAL DEL REINADO DE CRISTO
Vemos aquí el fundamento de esa patente tensión entre presente y futuro. La realeza de Cristo abarca a la vez el periodo final del Eón actual y el periodo de aparición del Eón futuro.
De ahí que en 1 Pe 3,22, el sometimiento de las potencias hostiles preceda a la ascensión. Cristo sentado a la diestra de Dios “espera” todavía ese sometimiento (Heb 10,13). En Tim 1,10, donde se trata de la victoria sobre la muerte que Cristo ha conseguido en la cruz; e igualmente en 1 Cor. 15,26, que habla de la victoria sobre la muerte. Las “potencias” quedan sometidas a la soberanía de Cristo. Desde luego, Dios es el dueño del tiempo, esta victoria se reserva para un tiempo que sigue desarrollándose.
EL PRINCIPIO DE LA IGLESIA
Cristo Señala el nacimiento de la iglesia. La iglesia nace el día de Pentecostés. Pentecostés significa el nacimiento de la iglesia del fin de los tiempos, la ultima realización del pueblo de Dios. La ascensión significa: sujeción temporal a Cristo sobre el fundamento de su muerte y de su resurrección. Se trata mas que de una transición hacia el reino de Dios. El espíritu prometido no puede ser enviado hasta después de la muerte de Cristo, y que, por consiguiente, la iglesia de Cristo no puede nacer antes. La iglesia sólo ha sido posible por la muerte y la resurrección de Cristo.
Jesús echó ya los cimientos de la Iglesia antes de su muerte (Mt. 16,18) edificare mi iglesia. Jesús “comenzó a manifestar a sus discípulos… que tenia que sufrir mucho, y ser muerto, y al tercer día resucitar”.
EL FIN DE LA IGLESIA
El reino de Cristo tiene su misma duración; dura primeramente todo el último periodo de Eón actual, y luego, con el cumplimiento de su misión última, desemboca en el periodo inicial del Eón futuro, para dejar sitio después al reinado de Dios. Cristo, volviendo sobre las nubes, será rodeado de los que hayan formado su Iglesia en la tierra, en el que los apóstoles se sentaran en los doce tronos (Mt 19,28).
LA TENSIÓN TEMPORAL DE LA IGLESIA
Tal es el fin de la Iglesia, lo mismo que el fin del reinado de Cristo. Por tanto, la iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. Por que su espera se funda en el Espíritu Santo, al que ya posee (Rom 8,23 s). “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Vencido ya Cristo a las “potencias”, a las cuales, sin embargo, ha de vencer todavía.
CAPITULO III LA EXTENSION DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSION DE LA IGLESIA
El termino griego realeza: Basileia tiene tres acepciones. 1.- El ejercicio de la soberanía, el gobierno, 2.- el lugar o territorio en que se ejerce esta soberanía, 3.- la comunidad de los gobernados.
EL LUGAR DEL REINADO DE CRISTO
La realeza de Cristo se extiende a la creación entera: “Todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,19) El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita, por tanto al cielo o al mundo invisible. Cristo reina también en la tierra, y no solamente en la Iglesia, sino también en el Estado.
La posibilidad de esta rebeldía demoníaca no altera para nada la realidad fundamental de que Cristo posee ya todo poder también en la tierra.
LA TENSION ESPACIAL DEL REINO DE CRISTO
El espíritu de Dios actúa ya en la tierra, pero todavía no se ha apoderado de los cuerpos terrenos; solamente al fin los transformara (Rom 8,11.23; 1 Cor 15, 35 SS). Hay que entender así esta restricción:
1) Todo el dominio sobre el que se ejerce la realeza de Cristo está habitado todavía por la carne y la muerte, vencidas ciertamente por Cristo, pero hostiles todavía; 2) Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo.
Los lazos que las encadenan son tan largos, que pueden franquear los limites del reino de Cristo; pero los lazos subsisten. “Cristo es la cabeza de todo principiado y potestad”.
EL LUGAR DE LA IGLESIA
El origen y el fin de la Iglesia, su jefe, Cristo están por encima del mundo terrestre; el lugar de la Iglesia de Cristo es más restringido que el reino de Cristo. La iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual, desde la ascensión, esta sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre, se designa a Cristo como el jefe, la cabeza, de toda creación y, por tanto, de la Iglesia. El cuerpo “crece hacia aquel que es la cabeza” (Ef. 4,15-16)
LA TENSION ESPACIAL DE LA IGLESIA
De un lado , es el cuerpo que padece, el cuerpo crucificado, por que participa de un mundo en que la “carne”, el pecado, existen todavía, y en el que las potencias sometidas pueden recobrar su libertad si lo quieren; mas, de otro, es también ya que el cuerpo de la resurrección, puesto que Cristo ha resucitado ya. “Hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo cuerpo”, (1 Cor 12,13). Es algo grave tomar la cena indignamente, “No discierne el cuerpo del señor” (1 Cor 11,27 ss).
La iglesia se compone de hombres que individualmente están todavía en el cuerpo carnal, en el pecado. La respuesta a este problema pondrá plenamente de manifiesto la relación última entre el reino de Cristo y la Iglesia. La Iglesia de Cristo representada el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo; Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
CAPITULO IV
LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de esta iglesia, debe tener parte de una manera muy particular en su gobierno.
LOS MIEMBROS DEL REINADO DE CRISTO
Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas a la vez: primero, ser gobernado; pero también participar en el gobierno, aun estando subordinado a su jefe. El hecho de llevar espada, Rom 13,4 que son impugnables es sumo grado y demoníaca cuando se las concibe al margen del reinado de Cristo los funcionarios del estado se convierten en “ministros de Dios” (Rom 13,6). La iglesia no ha de ser en si misma un estado terreno, por que la “ciudad” del cristiano está en el futuro, “en los cielos” (Fil 3,20; Heb 11,10. 13-16; 12,22; 13,14; Ap 21,2).
Todo lo que Pablo, y Cristo antes de él, han dicho de la sumisión al emperador y al estado, se refiere a un estado pagano, que no conoce ni a cristo, ni a su reino, ni a Dios, el Padre de Cristo. “Gozar de una vida tranquila y quieta”” ( 1 Tim 2,2). Por que el cristiano ve en ese hecho que el estado se escapa a la soberanía de Cristo, que el poder demoníaco se libera, que aparece la “bestia”.
LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de la Iglesia saben todo eso. Saben que Cristo reina; son, pues miembros de ese reino conscientemente. El hombre estaba destinando a reinar sobre el conjunto de la creación; su caída arrastro a ésta bajo la maldición divina: “por tu causa” (Gn 3, 17; Rom 8,20). Para salvar al mundo, Dios eligió entre la humanidad pecadora una comunidad, el pueblo de Israel. Mas tarde ese pueblo se redujo a su vez a una comunidad todavía más restringida. Este “resto” se reduce aun mas a un solo hombre. Hay que rehacer ahora en sentido inverso el mismo camino, partiendo por así decirlo de ese punto céntrico: llegar a la multitud desde el único, pero de tal forma que esa multitud represente al único. El camino va ahora de Cristo a los que creen en El y se saben salvados en la fe en su muerte redentora. Por tanto, ese camino conduce a la Iglesia, “resto”, del “Pueblo de los santos”.
Por el bautismo (3,27) disfrutan de la promesa que se había hecho a uno solo. Tal es el origen de la iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención.
Dn 7,13-27, el “Hijo del hombre representa al “pueblo de los santos”. “el hijo del hombre” y “Servidor de Jahvé” Jesucristo representa al “pueblo de los santos”, al “resto de Israel”, y al mismo tiempo a todo Israel y a la humanidad entera. Por eso la iglesia ha de ser una comunidad humana, en la cual Cristo, el único “toma forma” (Ga 4,19). La iglesia es el centro de ese reino, ya que ha sido escogida para ser el lugar terrestre del cuerpo de Cristo. Es además su centro, por ser el cuerpo de cristo. Es además su centro, por ser el cuerpo de Cristo en cuanto comunidad humana hacia la cual, desde sus orígenes, tienden el plan divino de la redención. Los miembros de la iglesia reinaran con Cristo en el acto final de su reino, a saber, en ese “reino milenario” (Ap 20,1 ss) y participaran en el juicio pronunciado contra los demás miembros del reino de Cristo (1 Cor 6,3). En un sentido más estricto, “reinaran con Cristo” (2 Tim 2,12). 1 Cor 4,8: “Vosotros reináis con Cristo” Apocalipsis (1,6) formamos ya una Basileia, un reino. Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia a los principados y potestades en los cielos” (Ef. 3,10) según Ef. 6,12, lucha al mismo tiempo “contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires”. El reinado de Cristo no depende del éxito o del fracaso de la Iglesia, sino de su fidelidad en desempeñar su misión.
CAPITULO V
LA MISION DE LA IGLESIA EN EL REINADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo, es, pues, el mayor de los dones de Dios. En la iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino; y nosotros mismos, hombres pecadores, somos quienes formamos ese cuerpo. La iglesia no es solamente para nosotros el mayor de los dones, sino además la mas importante de las tareas. El primer cometido de la iglesia es la predicación. La iglesia tiene que confirmar a sus propios miembros en esta fe ante todo por la predicción, luego por el bautismo y la cena, por que el fin no llegara hasta que se haya predicado a todos el evangelio (Mc 13,10; Mt 24, 14)
Iglesia de desempeñar el cometido al que esta llamada: predicar el evangelio a todo el mundo. Seria preciso que la voz de la iglesia no dejara de oírse jamás del todo (Ga 4,19). “El crecimiento de la iglesia hacia su jefe “no es de ningún modo una noción de orden cuantitativo (Mt 24,12). Ningún revés puede desanimar a la Iglesia en su acción. Y ese fracaso significa para el cristiano la victoria sobre todas las potencias enemigas y el origen escatológico de la realeza actual de Cristo, realeza que terminara únicamente con el advenimiento del reino de Dios.
Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia Profesor: Rafael Pola Baca Alumno: Carlos Monjaras Mirón Tarea: Resumen del libro
LA REALEZA DE CRISTO Y LA IGLESIA CAPITULO 1 EL PROBLEMA
La fe en la realeza de Cristo ejerce actualmente ha encontrado en el Nuevo Testamento su expresión clásica en el Salmo 110 aplicado a Cristo, especialmente en aquellos pasajes en los que se trata de “Cristo sentado a la diestra de Dios” y de la “sujeción de todos sus enemigos”. Si a partir de un momento determinado le ha conferido Dios a Jesucristo el título de “Señor”, Adonai; en griego, Kyrios-, que sólo a El le conviene, esto quiere decir que Cristo reina como rey, y no sólo sobre nosotros, criaturas humanas, sino sobre todas la potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos. Una de las más antiguas confesiones de fe cristianas está expresada en estas tres palabras: Kyrios Jesús Cristos- Jesucristo es el Señor. Es posible probar que en un estadio anterior a la antigua confesión de fe romana, y por consiguiente a nuestra confesión apostólica clásica, se mencionaba especialmente la sujeción a Cristo de las potencias y dominaciones después de la frase: “Está sentado a la diestra de Dios.” Fuera del Nuevo Testamento encontramos expresamente mencionadas esas “potestades” (las que están en el cielo, las que están en la tierra y las que están en los abismos) A esta convicción de los primeros cristianos, tan firmemente arraigada en el centro de su fe, de la soberanía actual de Cristo sobre el conjunto de la creación, corresponde la afirmación del Nuevo Testamento de que Cristo es también mediador en la obra inicial de la creación divina “Hágase la luz”. Cristo es mediador de la creación “Al principio”, y es también mediador de la nueva creación “al fin de los tiempos” En cuanto Kyrios (Adonai, Señor), Cristo es ciertamente en primer lugar el rey de la creación. Rey de los judíos, rey de Israel, es ante todo el Señor de la Iglesia. Pero su título de Kyrios indica también su realeza sobre Israel, sobre la Iglesia y ello dondequiera que se patentiza el contraste con la pretensión del césar romano a la realeza.
CAPITULO II LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO
Establezcamos que en primer término que estas dos realidades: el reino de Cristo y la Iglesia de Cristo, no idénticas. Aunque estrechamente ligadas, tienen en común su pertenencia a un solo y mismo período de tiempo limitado. Este rasgo común las diferencia a ambas del reino de Dios. Por ello, a pesar de su estrecha relación, el reinado de Cristo y el reino de Dios son dos conceptos tan lejos de ser sinónimos como los de Iglesia y reino de Dios. Desde luego, el reinado de Cristo ,la Iglesia y el reino de Dios pertenecen los tres a la época final. Pero el reinado de Cristo y la Iglesia de Cristo pertenecen a una fase de ese tiempo cronológicamente limitada.
Actualidad del reinado de Cristo Pablo distingue desde el punto de vista temporal esas dos realidades, sin confusión posible.
También en la carta a los Colosenses 1:13 el comienzo de la realeza del Hijo se sitúa en el pasado. Así es como ejerce Cristo desde ahora la realeza sobre todas las potencias que le están sometidas. El cristiano puede ya alabar a Dios por la realeza de su Hijo; pero ha de orar todavía para que venga el reino de Dios. Es cierto que el cristiano espera también el reino de Dios, pero lo espera, sabiendo que el reino de Cristo ha comenzado ya.
El principio del reinado de Cristo Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío. Mientras que el aniquilamiento final de sus enemigos se deja para una fase todavía futura del reinado de Cristo, en la que el último enemigo, la muerte, será destruido con sus últimas potencias hostiles La derrota de los enemigos, que anuncia el salmo 110, se ha realizado ya también. Esto no contradice a Heb 10:3 y a 1 Cor 15:25; de acuerdo con el hecho ya mencionado; que el aniquilamiento definitivo de los enemigos tiene que llegar aún, estos pasajes indican que no ocurrirá hasta el momento que termine el reinado de Cristo.
El fin del reinado de Cristo En efecto, el reinado de Cristo, lo mismo que tiene un principio, tiene también un fin. Este, como pertenece al futuro, no se puede fechar históricamente, lo mismo que su principio. Sin embargo, el Nuevo Testamento indica el acontecimiento futuro, cuyo advenimiento supondrá la última fase del reinado de Cristo: es la vuelta de Cristo. Este acto final reproduce, en forma condensada y definitiva, lo que ya se ha realizado antes y lo que sucede en el curso de la fase actual del reinado de Cristo: la victoria sobre Satanás y sobre las “potencias”, su sometimiento su liberación en vistas a su aniquilamiento definitivo.
El principio de la Iglesia Se puede determinar también el tiempo de la Iglesia exactamente de la misma manera. También ella tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reinado de Cristo.
La tensión temporal de la Iglesia Tal es el fin de la Iglesia, lo mismo que el fin del reinado de Cristo. Por tanto, la Iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. La nueva creación del reino de Dios será constituido, interior como exteriormente, por el Espíritu. Ese elemento constitutivo del reino de Dios que ha de venir está ya presente en la Iglesia, pero solamente en cuanto “arras”, porque todavía no puede hacer saltar el marco exterior del eón actual, en el cual ha de vivir la Iglesia al presente. Por eso, a pesar de la presencia en ella del Espíritu, la Iglesia pertenece todavía al presente y tiene que esperar el tiempo en que el Espíritu lo abarque todo, en el que Dios lo será “Todo en todos” y en el que su tiempo se cumplirá a la vez”.
CAPITULO III LA EXTENSIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSIÓN DE LA IGLESIA
El término griego realeza: Basileia tiene tres acepciones. Puede significar: 1)el ejercicio de la soberanía, el gobierno; 2) el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; 3) la comunidad de los gobernados. Las tres acepciones convienen a la Basileia-realeza-de Dios. Por lo que se refiere al primer sentido, el ejercicio de la realeza, hemos visto que diferente en esto del reino de Dios, el reino de Cristo se caracteriza por eso “sujeción” provisional de las potencias, que permite todavía su libertad temporal.
El lugar del reinado de Cristo Partiendo de ahí, hemos de definir también el lugar y la comunidad de los miembros del reino de Cristo. El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita, por tanto, al cielo o al mundo invisible. Cristo reina también en la tierra, y no solamente en la Iglesia, sino también en el estado. Se ha observado con frecuencia la actitud contradictoria del cristiano frente al Estado, el estado es “instituido por Dios”, “servidor de Dios”, allí es la “bestia”. En realidad, no se trata de una contradicción. Esa diferencia aparente se basa en la situación provisional y en la tensión temporal del reinado de Cristo, en el cual las potencias sometidas-y, por tanto, también sus órganos, las autoridades terrenas del Estado- están sometidas a la realeza de Cristo
La tensión espacial del reino de Cristo El reino de Cristo se extiende por doquier; sin embargo, su dominio no coincide con la creación, como sucederá con el reino de Dios. 1) Todo el dominio de la realeza de Cristo está habitado todavía por la carne y la muerte, vencidas ciertamente por Cristo, pero hostiles todavía. 2) Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo, como ocurre cuando el Estado se emancipa de una manera demoníaca. Indudablemente es un error creer que las potencias así emancipadas escapan a la soberanía de Cristo.
El lugar de la Iglesia Pero al mismo tiempo se designa también a Cristo como el jefe (cabeza) de la iglesia. Esta posición central de la iglesia en el reinado de Cristo la expresa el Nuevo Testamento designando a la Iglesia como el cuerpo de Cristo. La iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual, desde la ascensión, esta sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre. La expresión “jefe” –cabeza- es una imagen que designa a Cristo entero reinando sobre su reino. La iglesia de Cristo representa el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo; Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
CAPITULO IV LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA Los miembros del reino de Cristo Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas ala vez: primero, ser gobernado; pero también participar en el gobierno, aun estando subordinado a su jefe.
Los miembros de la Iglesia Los miembros de la Iglesia saben todo eso. Saben que Cristo reina; son, pues, miembros de ese reino conscientemente. Eso es ante todo lo que los distingue en cuanto Iglesia de todos los demás miembros del reino de Cristo, que pueden estar al servicio de esta soberanía. Aquí justamente podemos ver el puesto céntrico que ocupa la Iglesia en el conjunto del reinado de Cristo. Para comprenderlo plenamente es necesario darse cuenta de cómo, desde el principio, todo tiende hacia la Iglesia. Según el testimonio bíblico en su conjunto, el plan redentor de Dios se despliega teniendo como fin a la iglesia. Tal es el origen de la Iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención. Hemos visto que la iglesia es el centro de ere reino, ya que ha sido escogida para ser el lugar terrestre del cuerpo de Cristo. Es además su centro, por ser el cuerpo de Cristo en cuanto comunidad humana hacia la cual desde sus orígenes, tiende el plan divino de la redención. Por ello los miembros de la Iglesia reinarán con Cristo en el acto final de su reino, a saber, en ese “reino milenario” (Ap 20 1 ss) y participarán en el juicio pronunciado contra los demás miembros del reino de Cristo. En un sentido más estricto, “reinarán con Cristo” (2 Tim 2:12)
CAPITULO V LA MISION DE LA IGLESIA EN EL REINDADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo es, pues, el mayor de los dones de Dios. Sin embargo participa de toda la ambigüedad que caracteriza el período comprendido entre la resurrección y la vuelta de Cristo; el pecado y la muerte subsisten en ella porque está integrada por hombres pecadores, aunque salvados por la fe. En la Iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino La predicación del evangelio a los paganos tiene que durar durante todo el período de la Iglesia que va de la ascensión de Cristo hasta su vuelta. Porque el fin no llegará hasta que se haya predicado a todos el evangelio (Mt 24,14) Es verdad que la Iglesia no cesa de trabajar para que aumente la comunidad de los que se saben gobernados por Cristo; no obstante, sabe que el ejercicio de la realeza de Cristo y el advenimiento del reino de Dios no dependen del éxito o del fracaso de su predicación. La realeza de Cristo se anuncia también con los hechos: mediante el ejercicio de la caridad y por el sufrimiento; en efecto, en el sufrimiento de la Iglesia se manifiesta de una manera particular la realeza de Cristo. Es esencial que a la realeza de Cristo que se anuncie esa certeza al mundo, realeza que terminará únicamente con el advenimiento del reino de Dios.
Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia Profesor: Rafael Pola Baca Alumno: Eleazar González García Tarea: Resumen del libro
LA REALEZA DE CRISTO Y LA IGLESIA
CAPITULO I EL PROBLEMA
Kyrios, quiere decir Cristo reina como rey, y no sólo sobre nosotros, criaturas humanas, sino sobre todas las potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos.
Kyrios Jesús Cristos, “Jesucristo es el Señor”. Jesucristo no es solamente el verdadero soberano de los hombres, sino el soberano de toda la creación, visible e invisible. La confesión de boca, consiste en reconocer que Jesús es Kyrios, el Señor. Confesar a Cristo el Señor, es confesar su soberanía sobre todas las potestades de la creación visible e invisible. Jesús dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.”
Cuando al fin de los tiempos cree Dios “nuevos cielos y tierra nueva”, Cristo será también naturalmente el mediador de esa nueva creación. Cristo es mediador de la creación al principio, y es también mediador de la nueva creación.
¿Cuál es la relación de la Iglesia de Cristo con ese reino de Cristo que tenemos que definir de una manera más precisa? La misma naturaleza de esos dos conceptos fundamenta a priori su estrecha relación; relación que el Nuevo Testamento pone de manifiesto en pasajes decisivos.
Según el Nuevo Testamento, el reino de Cristo y la Iglesia de Cristo están unidos por su misma naturaleza.
Por haber sido hecho a imagen de Dios, el hombre, creado por Dios al principio, es superior a toda criatura. A causa de Adán está la tierra maldita, así lo afirma Génesis y la carta a los Romanos. Más de la misma manera, la redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera.
La relación neotestamentaria entre la realeza de Cristo y la Iglesia de Cristo se funda en la solidaridad que liga a toda la creación con el hombre.
En cuanto Kyrios (Adonai, Señor), Cristo es ciertamente en primer lugar el rey de la creación. Rey de los judíos, rey de Israel, es ante todo el Señor de la Iglesia. Pero su título de Kyrios indica también su realeza sobre Israel, sobre la Iglesia.
CAPITULO II LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO.
El reino de Cristo y la Iglesia de Cristo, no idénticas, aunque estrechamente ligadas, tienen en común su pertenencia a un solo y mismo período de tiempo limitado.
Pablo distingue desde el punto de vista temporal esas dos realidades, sin confusión posible.
También en la carta a los Colosenses 1:13 el comienzo de la realeza del Hijo se sitúa en el pasado. Así es como ejerce Cristo desde ahora la realeza sobre todas las potencias que le están sometidas. El cristiano puede ya alabar a Dios por la realeza de su Hijo; pero ha de orar todavía para que venga el reino de Dios. Es cierto que el cristiano espera también el reino de Dios, pero lo espera, sabiendo que el reino de Cristo ha comenzado ya.
El principio del reinado de Cristo Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío. La muerte y la resurrección de Cristo suponen la realización presente del reinado de Cristo. Cristo está sentado a la diestra de Dios; subió al cielo; los ángeles, las potestades y las virtudes le están sometidos 1 Pedro 3:22. Cristo está ya sentado a la diestra de Dios es un motivo que se repite con frecuencia en el Nuevo Testamento.
El reinado de Cristo, lo mismo que tiene un principio, tiene también un fin. El Nuevo Testamento indica el acontecimiento futuro, cuyo advenimiento supondrá la última fase del reinado de Cristo: es la vuelta de Cristo. El reinado de Cristo ha comenzado con su ascensión. Según Apocalipsis y 1 Corintios 15, 23, la vuelta de Cristo y los acontecimientos escatológicos que dependen de ella inmediatamente se han de considerar como el acto final del reinado de Cristo. Por que solamente después de terminado el último combate, sostenido victoriosamente después de su regreso, el Hijo pondrá el reino en manos del Padre.
El tema de todo el drama, descrito en los veinte primeros capítulos del Apocalipsis, no es propiamente hablando el reino de Dios, sino el “reinado de Cristo”.
La realeza de Cristo abarca a la vez el período final del eón actual y el período de aparición del eón futuro. Por ello el tiempo en el cual vivimos es ya el tiempo del fin. El reinado de Cristo, ha comenzado ya a tener vigencia, y la seguirá teniendo durante la parusía (segunda venida de Cristo) y los acontecimientos a ellas ligados.
El sometimiento de las potencias hostiles preceda a la ascensión, mientras que según el autor de la carta a los Hebreos, Cristo sentado a la diestra de Dios espera todavía ese sometimiento. El verbo griego que emplea el Nuevo Testamento de preferencia en estos pasajes, tiene dos sentidos: someter y aniquilar. En ambos casos la victoria es decisiva, pero la primera vez se le quita el poder a la muerte, según la traducción exacta que hace Lutero de 2 Timoteo 1:10; en cambio la segunda vez, la muerte es aniquilada.
En el Nuevo Testamento la muerte de Cristo es el hecho central, que encierra en sí todos los acontecimientos, pasados y futuros. Y así, según los evangelios sinópticos, Jesús ve caer del cielo a Satanás ya antes de su muerte. Mientras Jesús, que ha venido para conseguir la victoria con su muerte, permanece en la tierra. De la misma manera Jesús anuncia que ha llegado ya el reino de Dios. Esto explica que en el lenguaje del Nuevo Testamento no se mantenga siempre de manera consecuente al diferencia entre la realeza del Padre y la del Hijo.
El principio de la Iglesia Se puede determinar también el tiempo de la Iglesia exactamente de la misma manera. También ella tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reinado de Cristo. La muerte de Cristo señala el nacimiento de la Iglesia. Existe ya en el Antiguo Testamento, una iglesia. Los cristianos, al mirar hacia atrás, ven ahí ahora las primicias de la Iglesia de Cristo a la luz de la cruz. El reino de Cristo comienza en la ascensión; la Iglesia nace el día de Pentecostés Pentecostés significa el nacimiento de la Iglesia del fin de los tiempos. El Espíritu Santo suprime la diferencia de lenguas que separaba a los pueblos. El Espíritu es el elemento constitutivo del futuro reino de Dios.
El discurso de Pentecostés de Pedro en Hechos 2:14, relativo a la profecía de Joel, indica claramente que ahora, por haberse apoderado el Espíritu de la comunidad, han llegado los “últimos días” profetizados.
Puesto que la Iglesia de Cristo la fundó el Espíritu de Pentecostés, y como Iglesia del tiempo final, el credo tendrá razón más tarde al reunir en su tercer artículo al Espíritu Santo, la Iglesia y la espera del reino.
La fundación de la Iglesia coincide con la venida del Espíritu. Solamente después de la muerte y de la glorificación de Cristo puede aparecer el Espíritu. No puede ser enviado hasta después de la muerte de Cristo, y que por consiguiente, la Iglesia de Cristo no puede nacer antes.
Pablo y la Iglesia. El Nuevo Testamento define al apóstol como un testigo de la resurrección de Cristo, como un hombre que ha visto al resucitado. La realización final de la Iglesia sólo ha sido posible por la muerte y la resurrección de Cristo.
Los discípulos no son todavía más que el fundamento de esa Iglesia. Primero tendrán que convertirse en apóstoles, es decir, en testigos de la resurrección de Cristo.
Es verdad que Jesús echó ya los cimientos de la Iglesia antes de su muerte, durante su vida terrenal. Edificaré mi Iglesia. El contexto en el cual ha encuadrado el evangelista estas palabras demuestra que, en su mente, ese futuro ha de indicar la necesidad previa de Cristo.
La tensión temporal de la Iglesia La Iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. Y tampoco aquí hay que intentar suprimir esa tensión, porque es esencial a la Iglesia, como es esencial al reinado de Cristo. La Iglesia pertenece ya enteramente a la escatología, y, sin embargo, se encuentra todavía totalmente en el presente. Hoy tienen vigencia para la Iglesia las palabras “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” Mateo 16:18. Deberá continuar luchando poderosamente contra las fuerzas del mal.
CAPITULO III LA EXTENSION DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSION DE LA IGLESIA
El término griego realeza: Basileia puede significar: el ejercicio de la soberanía, el gobierno; el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; la comunidad de los gobernados. Las tres acepciones convienen a la Basileia realeza de Dios.
El lugar del reinado de Cristo La realeza de Cristo se extiende a la creación entera, todo poder en el cielo y en la tierra. Mateo 28:19. El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita. No gobierna directamente los estados, sino que lo hace por mediación de las potencias y dominaciones. Esas potencias invisibles actúan en el mundo, se ignora cómo se distribuyen las diferentes esferas de acción terrenas, principados, príncipes de este siglo, potestades, virtudes, tronos, dominaciones, ángeles, eran sinónimos. Ellas estaban ya detrás de las autoridades legales que crucificaron a Cristo. Herodes y Pilato no eran más que sus órganos ejecutivos. Si las potencias invisibles que estaban detrás de ellos hubieran conocido el plan salvífico de Dios, no hubieran crucificado a Cristo, con la crucifixión se atrajeron su propia derrota a manos de Cristo. 1 Corintios 6:3 observa también que esas potencias invisibles actúan detrás de los Estados terrenos. Las autoridades del Estado no son más que los órganos ejecutivos de esas potencias invisibles La rebeldía demoníaca no altera de ninguna manera la realidad fundamental de que Cristo posee ya todo poder también en la tierra. Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo, como ocurre cuando el Estado se emancipa de una manera demoníaca. La soberanía que Cristo ejerce de esta manera sobre la creación visible e invisible, Cristo está por encima del mundo terrestre, pero el lugar en el que se ejerce esa soberanía de la Iglesia es el mundo visible, e incluso el mundo visible limitado a una comunidad terrena de hombres. La Iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual desde la ascensión, está sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre, pero al mismo tiempo se designa a Cristo como el jefe. La expresión “jefe” o cabeza es una imagen que designa a Cristo entero reinando sobre su reino. En el Nuevo Testamento más que una imagen, y la Iglesia, en la mente del Nuevo Testamento, es realmente el cuerpo de Cristo.
Así en esta relación la Iglesia deja ver también una ambigüedad y una tensión, de un lado, es el cuerpo mismo de Cristo, lo más grande que se puede ser en la tierra; pero de otra, está sometida a Cristo. Esta ambigüedad penetra también en la existencia misma de la Iglesia como cuerpo de Cristo, de un lado, es el cuerpo que padece, el cuerpo crucificado, porque participa de un mundo en el que la “carne”, el pecado, existen todavía y en el que las potencias sometidas pueden recobrar su libertad si lo quieren, pero es también ya el cuerpo de la resurrección, puesto que Cristo ha resucitado ya. La tensión de la Iglesia no se manifiesta solamente en cuanto es ella el cuerpo crucificado y doliente de Cristo, perseguido por el mundo, y al mismo tiempo el cuerpo de la resurrección, el cuerpo espiritual de Cristo. Esa tensión llega más lejos y se manifiesta así mismo en que en la Iglesia, el cuerpo resucitado de Cristo está realmente presente como el don de Dios, en medio de este mundo terrestre condenado a la destrucción.
Es que la Iglesia se compone de hombres que individualmente están todavía en el cuerpo carnal, en el pecado. La Iglesia de Cristo representa el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo. Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
CAPITULO IV LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA.
Los miembros del reino de Cristo. Ser mimbro de un reino implica siempre dos cosas a la vez, primero ser gobernado, pero también participar en el gobierno, aún estando subordinado a su jefe. Por consiguiente todas las potestades y dominaciones invisibles así como sus órganos ejecutivos, Estados terrenos, son también miembros de ese reino. Están plenamente integrados en el reino de Cristo. Las potencias celestes y sus órganos, las autoridades del Estado, están sometidas a Cristo y no reinan en este reino provisional más que en la forma que se les ha asignado. Un estado pagano, como el estado romano, puede desempeñar también perfectamente en el reino de Cristo el papel que Dios le ha asignado, mientras se limite a lo que le es propio y permite a la Iglesia cuyo puesto en el reino de Cristo es de tal importancia gozar de una vida tranquila y quieta.
Los miembros de la Iglesia saben de todo eso, saben que Cristo reina. Son miembros de ese reino conscientemente, eso es ante todo lo que los distingue en cuanto Iglesia de todos los demás miembros del reino de Cristo. Según el testimonio bíblico en su conjunto, el plan redentor de Dios se despliega teniendo como fin a la Iglesia. La historia de la salvación se desarrolla hasta Cristo en el sentido de una reducción progresiva. El camino va ahora de Cristo a los que creen en El y se saben salvados en la fe en su muerte redentora. Tal es el origen de la Iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención. No se puede comprender a la Iglesia como cuerpo de Cristo y su función para su reino, y más tarde para el reino de Dios, más que partiendo de la noción de sustitución. La noción de sustitución está también presente en la figura del Hijo del hombre. Según Daniel 7: 13-27, el Hijo del hombre representa al Pueblo de los santos. No carece de importancia que Jesús se aplicara a sí mismo esa asignación, que implica la noción de sustitución, al mismo tiempo que enuncia que el Hijo del hombre deberá padecer mucho. El Hijo del hombre y Servidor de Jahvé, Jesucristo representa al pueblo de los santos, al resto de Israel, y al mismo tiempo a todo Israel y a la humanidad entera. La dominación predicha en Daniel 7:27 al Hijo del hombre, representante del pueblo de los santos, se lleva a cabo por la Iglesia, cuerpo de Cristo. Por eso el hecho de que la Iglesia esté sometida a su jefe, y que al mismo tiempo sea soberana con El, es más decisivo para el reino de Cristo que la participación de todos los demás miembros en esa soberanía. Por ese los miembros de la Iglesia reinarán con Cristo en el acto final de su reino, a saber, en ese reino milenario Apocalipsis 20:1 y participarán en el juicio pronunciado contra los demás miembros del reino de Cristo 1 Corintios 6:3, es decir, reinarán con Cristo 2 Timoteo 2:12 Así como la caída del primer hombre tuvo consecuencias decisivas para la creación entera, también la existencia de la comunidad humana de la Iglesia es desde ahora decisiva para la creación, recapitulada en el reino de Cristo.
CAPITULO V LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL REINADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo es, pues, el mayor de los dones de Dios. En la Iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino, esto significa que la Iglesia no es solamente para nosotros el mayor de los dones, sino además la más importante de las tareas. Por eso este cuerpo no está nunca perfecto, sino que ha de crecer “hacia aquel que es la cabeza” El advenimiento del reino de Dios no depende del número de los miembros de la Iglesia el día fijado por Dios como término del presente eón. Pero no por ello puede dejar la Iglesia de desempeñar el cometido al que está llamada: predicar el evangelio a todo el mundo. Es verdad que la Iglesia no cesa de trabajar para que aumente la comunidad de los que se saben gobernados por Cristo. La iglesia se manifiesta de una manera particular la realeza de Cristo. El sufrimiento de la iglesia recuerda la victoria conseguida ya contra esas potencias, y al mismo tiempo significa la promesa de su aniquilamiento definitivo. Es esencial a la realeza de Cristo que se anuncie esa certeza al mundo. Ningún revés puede desanimar a la Iglesia en su acción, porque el fracaso terreno más total constituye ya el centro de la fe del Nuevo Testamento.
La fe en la realeza que Cristo ejerce actualmente ha encontrado en el Nuevo Testamento su expresión clásica en el Salmo 110 aplicado a Cristo. Le ha conferido Dios a Jesucristo el titulo de “Señor” (Fil. 2,10). Kyrios Cristo reina como rey, “…en El (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las denominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El; el es antes que todo, y todo subsiste con el” (Col 1,16) Cristo es mediador de la creación al principio, y es también mediador de la nueva creación “al fin de los tiempos
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO
El Reino de Cristo, y la iglesia de Cristo tienen en común su pertenencia a un mismo periodo de tiempo limitado este rasgo las diferencia del reino de Dios EL PRINCIPIO DEL REINADO DE CRISTO
El comienzo efectivo, la toma de posesión del poder regio tiene lugar en la ascensión.
EL FIN DEL REINADO DE CRISTO
Según Apocalipsis y 1 Cor. 15, 23 ss, la vuelta de Cristo y los acontecimientos escatológicos que dependen de ella inmediatamente se han de considerar como el acto final del reinado de Cristo. “Gobierna a los pueblos con vara de hierro” (12,5; 19,15) y que su nombre es “rey de reyes” y “señor de señores” (19,16).
LA TENSION TEMPORAL DEL REINADO DE CRISTO
Vemos aquí el fundamento de esa patente tensión entre presente y futuro. La realeza de Cristo abarca a la vez el periodo final del Eón actual y el periodo de aparición del Eón futuro.
De ahí que en 1 Pe 3,22, el sometimiento de las potencias hostiles preceda a la ascensión. Cristo sentado a la diestra de Dios “espera” todavía ese sometimiento (Heb 10,13). En Tim 1,10, donde se trata de la victoria sobre la muerte que Cristo ha conseguido en la cruz; e igualmente en 1 Cor. 15,26, que habla de la victoria sobre la muerte. Las “potencias” quedan sometidas a la soberanía de Cristo. Desde luego, Dios es el dueño del tiempo, esta victoria se reserva para un tiempo que sigue desarrollándose.
EL PRINCIPIO DE LA IGLESIA
Cristo Señala el nacimiento de la iglesia. La iglesia nace el día de Pentecostés EL FIN DE LA IGLESIA
El reino de Cristo tiene su misma duración; dura primeramente todo el último periodo de Eón actual, y luego, con el cumplimiento de su misión última, desemboca en el periodo inicial del Eón futuro, para dejar sitio después al reinado de Dios. Cristo, volviendo sobre las nubes, será rodeado de los que haya formado su Iglesia en la tierra, en el que los apóstoles se sentaran en los doce tronos (Mt 19,28).
LA TENSIÓN TEMPORAL DE LA IGLESIA
Tal es el fin de la Iglesia, lo mismo que el fin del reinado de Cristo. Por tanto, la iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. Por que su espera se funda en el Espíritu Santo, al que ya posee (ROM 8,23 s). LA EXTENSION DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSION DE LA IGLESIA
El término griego realeza: Basileia tiene tres acepciones. 1.- El ejercicio de la soberanía, el gobierno, 2.- el lugar o territorio en que se ejerce esta soberanía, 3.- la comunidad de los gobernados.
EL LUGAR DEL REINADO DE CRISTO
La realeza de Cristo se extiende a la creación entera El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita, por tanto al cielo o al mundo invisible. Cristo reina también en toda la tierra.
LA TENSION ESPACIAL DEL REINO DE CRISTO
El espíritu de Dios actúa ya en la tierra, pero todavía no se ha apoderado de los cuerpos terrenos; solamente al fin los transformara (Rom 8,11.23; 1 Cor 15, 35 SS). Hay que entender así esta restricción:
1) Todo el dominio sobre el que se ejerce la realeza de Cristo está habitado todavía por la carne y la muerte, vencidas ciertamente por Cristo, pero hostiles todavía;
2) Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo.
EL LUGAR DE LA IGLESIA
El origen y el fin de la Iglesia, su jefe, Cristo están por encima del mundo terrestre; La iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual, desde la ascensión, esta sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre, se designa a Cristo como el jefe, la cabeza, de toda creación y, por tanto, de la Iglesia. LA TENSION ESPACIAL DE LA IGLESIA
De un lado, es el cuerpo que padece, el cuerpo crucificado, por que participa de un mundo en que la “carne”, el pecado, existen todavía, y en el que las potencias sometidas pueden recobrar su libertad si lo quieren; mas, de otro, es también ya que el cuerpo de la resurrección, puesto que Cristo ha resucitado ya. “Hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo cuerpo”, (1 Cor 12,13). Es algo grave tomar la cena indignamente, “No discierne el cuerpo del señor” (1 Cor 11,27 ss).
La iglesia se compone de hombres que individualmente están todavía en el cuerpo carnal, en el pecado. La respuesta a este problema pondrá plenamente de manifiesto la relación última entre el reino de Cristo y la Iglesia. La Iglesia de Cristo representada el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo; Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de esta iglesia, debe tener parte de una manera muy particular en su gobierno.
LOS MIEMBROS DEL REINADO DE CRISTO
Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas a la vez: primero, ser gobernado; pero también participar en el gobierno.
LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de la Iglesia saben todo eso. Saben que Cristo reina; son, pues miembros de ese reino conscientemente. Por el bautismo (3,27) disfrutan de la promesa que se había hecho a uno solo. Tal es el origen de la iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención.
LA MISION DE LA IGLESIA EN EL REINADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo, es, pues, el mayor de los dones de Dios. En la iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino; y nosotros mismos, hombres pecadores, somos quienes formamos ese cuerpo. La iglesia no es solamente para nosotros el mayor de los dones, sino además la más importante de las tareas. El primer cometido de la iglesia es la predicación. La iglesia tiene que confirmar a sus propios miembros en esta fe ante todo por la predicción, luego por el bautismo y la cena, por que el fin no llegara hasta que se haya predicado a todos el evangelio (Mc 13,10; Mt 24, 14)
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb” Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I Profesor: Pastor Rafael Pola Baca Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura Libro: “La Realeza de Cristo y la Iglesia” Autor: Oscar Gullmann Ediciones: STVDIVM
Resumen completo del libro
Una de las más antiguas confesiones de fe cristianas y que encontramos en la carta de Pablo a los filipenses es: “…por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuando hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”. Cristo reina como rey, y no solo sobre nosotros, criaturas humanas, sino sobre todas las potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos. Es soberano de toda la creación, visible e invisible. Cristo es soberano sobre todas las potestades de la creación visible e invisible. Cristo reconcilia con Dios todo cuanto hay en la tierra y todo cuanto hay en los cielos. Cristo es la cabeza del cuerpo de la iglesia. Su reino y la iglesia de Cristo por su misma naturaleza están unidos. La redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera. El título de Rey dado a Cristo se aplica también a su soberanía sobre la creación. No puede haber otro Señor que aquel a quien Dios ha dado el nombre que está sobre todo nombre, si fuera así Cristo no reinaría todavía, y no nos quedaría esperanza. Con su muerte y su resurrección Cristo consiguió la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas de esa forma ha establecido su señorío. El reinado de Cristo ha comenzado con su ascensión y terminará con su vuelta. En el Nuevo Testamento la muerte de Cristo es el hecho central, que encierra en sí todos los acontecimientos, pasados y futuros. El principio de la iglesia. Tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reino de Cristo. El factor central es el mismo: la muerte de Cristo, que señala el nacimiento de la iglesia. El sacramento del bautismo, por el cual el creyente se convierte en miembro de la iglesia, sirve de medio para la participación del Espíritu. El término griego realeza: Basileia tiene tres aceptaciones: 1) el ejercicio de la soberanía, el gobierno; 2) el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; 3) la comunidad de los gobernados. El lugar del reinado de Cristo. La realeza se extiende a la creación entera. El lugar de la iglesia. El mundo terreno, y dentro de ese mundo en una comunidad humana, significa, al contrario, que la iglesia es el centro, el punto vital del reino de Cristo. La iglesia es el cuerpo mismo de Cristo, está sometida a Cristo. Ser miembro del reino de Cristo implica siempre dos cosas a la vez: primero ser gobernado; pero también participar en el gobierno. Los miembros de la iglesia. La salvación: uno va de la multitud al único; es la antigua alianza; el otro va del único a la multitud. La iglesia está bajo la soberanía de Cristo y reina con él, el primer cometido de la iglesia es la predicación del evangelio de Cristo. La predicación del evangelio tiene que durar durante todo el período de la iglesia que va de la ascensión de Cristo hasta su vuelta “y yo estaré con Ustedes hasta el fin del mundo” esto infunde confianza en el redentor y salvador del mundo. Amén.
Se pospone la entrega del reporte de lectura del libro Vida en Comunidad para el viernes 7 de marzo.
NOTA A LOS ALUMNOS
RECUERDEN QUE LAS TAREAS COMO REPORTES DE LECTURA SE COLOCAN EN EL ESPACIO DENOMINADO COMENTARIOS Y SOLO CUANDO EXPONEN, SU PARTICIPACIÓN SE SUBE EN NUEVA ENTRADA
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CAPITULO 11
LA IGLESIA Y EL SUFRIMIENTO
Es imposible que la iglesia eluda el sufrimiento y la tribulación. Jesús los vaticinó, los apóstoles y los primeros cristianos lo experimentaron y la larga historia de la iglesia da un doloroso testimonio de esta realidad.
La teología neotestamentaria de la iglesia debe incluir la enseñanza acerca del sufrimiento. Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien. (1 Pedro 4:12-19).
¿QUE ES EL CRISTIANISMO NORMATIVO?
Jesús no fue victima de una violencia fortuita, si no que padeció por una causa. De la misma manera, a los cristianos se nos ha llamado a sufrir por el nombre de Cristo. Hebreos 5:8 enseña que Cristo aprendió la obediencia al padecer aflicciones. Cuando se sufre en el nombre de Cristo, la aflicción lleva la marca de la cruz. El argumento del sufrimiento como normativo descansa en tres verdades bíblicas.
Primero, toda la creación sufre mientras espera la consumación de la edad presente. Aún esperamos la final transformación de nuestro cuerpo (Filipenses 3:21).
En Segundo lugar, el sufrimiento es normativo para los creyentes.
Si el mundo es aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. (Juan 15:18).
Por ultimo, el sufrimiento es parte de la identificación del creyente con Cristo. 1 Pedro 2:21: “Pues para esto fuisteis llamados; por que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”. Ningún testigo de la verdad del evangelio puede estar distanciado de la cruz y el sufrimiento.
La tribulación produce en el creyente un peso de gloria, permitiéndole llegar a ser “semejantes a el en su muerte” (Filipenses 3:10).
EL SIGNIFICADO BÍBLICO DEL SUFRIMIENTO
La palabra pasión proviene del vocablo griego pasho, “sufrir” o “aguantar”. Podemos señalar el caso de José que fue vendido como esclavo (Génesis 50:20), acto que resulto para bendición de la nación de Israel. La cruz no fue un accidente histórico ni un acto de violencia fortuita, sino un evento divinamente determinado. Cuando nos maldicen, debemos bendecir y cuando nos vituperan, debemos ser amables. Cristo sufrió hambre, cansancio, azotes y, finalmente, la crucifixión. He aquí, el diablo echara a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:9-10). “enjuagara Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá mas llanto, ni clamor, ni dolor; por que las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).
EL SENDERO DEL MARTIRIO
En general, los evangélicos se resisten a la idea de llamar mártir a Jesús. “No hice nada: la palabra de Dios lo hizo todo”. Iconoclastas (Los que rompían imágenes), radicales que usaban de violencia en su esfuerzo por reformar la iglesia.
El significado de la palabra mártir
La palabra mártir derive de un vocablo que significa “testigo”. En Hechos 22:20 se le identifico como testigo fiel y primer mártir de la iglesia cristiana. Entonces el testimonio cristiano tiene tres aspectos: el testimonio de Jesús acerca de si mismo, el de creyente acerca del evangelio de la gracia de Dios y la proclamación de la verdad.
Distintas formas de persecución
El Nuevo Testamento menciona varias formas de persecución y en algunos casos los métodos que se utilizaban para torturar a los cristianos. Primero existen referencias a la arena romana. En la época neotestamentaria otra forma de persecución fue la lapidación. Esteban (Hechos 7:57-60) y Pablo (14:19). Son ejemplos de ese método. La crucifixión era una forma romana común para ejecutar a los criminales. Otra técnica de tortura fue la hoguera. Otra forma de castigo que se utilizaba para perseguir a los cristianos era el encarcelamiento.
Persecución y martirio en la historia eclesiástica
Se estima que en la actualidad veintidós millones de cristianos viven bajo persecución. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).
La época de Diocleciano se considera el periodo más sangriento de martirios de la historia de la iglesia. Esteban y Jacobo murieron martirizados. Saulo de Tarso se encontraba entre los atormentadores. Posteriormente, el mismo murió como mártir. Bajo Herodes, Jacobo el hermano de Juan fue muerto a espada. Durante las festividades en honor al César que reinaba, echaron a unos cristianos a las bestias salvajes. Policarpo, uno de los cristianos más celebres. Le mandaron: “Maldice a Cristo”. “Ochenta y seis años lo he servido y el solo me ha hecho bien, ¿Cómo puedo maldecir a mi Señor y Salvador?”.
Entonces llevaron al anciano al poste donde rehusó ser atado y gustosamente se ofreció a las llamas. En enero de 1527 cuando en el rió Limmat, de Zurich, ahogaron al líder anabaptista Félix Manz. Muchos anabaptistas sufrieron severamente a manos de los líderes de la iglesia establecidas.
RESULTADOS DE LA PERSECUCIÓN, DEL SUFRIMIENTO Y EL MARTIRIO
Hay varios resultados obvios del sufrimiento que pueden traer bendición a la iglesia. Primero, el sufrimiento puede ayudarnos a comprender mejor a los que sufren.
La solidaridad con los que sufren debe caracterizar a los evangélicos contemporáneos.
En el segundo lugar, el sufrimiento puede conducir a la purificación de la iglesia.
Tercero, el sufrimiento puede dar como resultado un despliegue de poder y provisión divinas para vencer el mal.
En cuarto lugar, el sufrimiento puede conducirnos a una apreciación nueva de las recompensas divinas.
Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. (Hebreos 11:32-40)
Las recompensas no solo vienen en esta vida. Para los que sufren en el anonimato, el premio eterno es la perfección. El peso eterno de gloria equilibra la balanza dándonos percepciones que no tendríamos si no padeciéramos. El aprendizaje bajo la aflicción no nos cuesta nada y tiene un valor infinito. Pablo afirmo cuatro veces: “Testigo me es Dios” (Romanos 1:9; 2 Corintios 1:23; Filipenses 1:8; 1Tesalonicenses 2:5).
Pablo acertó cuando escribió: “El sufrimiento produce perseverancia” (Romanos 5:3, nueva versión internacional). Pruebas producen constancia (Santiago 1:3) el domino propio y la devoción a Dios (2 Pedro 1:6) y Pablo encomendó a los santos al amor de Dios y a la paciencia de Cristo (2 Tesalonicenses 3:5). Santiago, haciendo eco de las bienaventuranzas de Jesús, dio su propia bendición a los que sufren pruebas (Santiago 1:12; 5:11). La tenacidad otorgada por Dios a los que hacen su voluntad (Hebreos 10:36). El amor manifiesta paciencia (1 Corintios 13:7). Ni Domiciano (81-96) ni Vespasiano (69-79) pudieron contener la llamada arrasadora del cristianismo. “Por que no nos ha puestos Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1Tesalonicenses 5:9). La esperanza de la iglesia es el regreso de Cristo, no su ira.
“Afinemos nuestras arpas y mantengamos listas nuestras guirnaldas festivas en espera del momento en que se pondrá eterno fin a toda tristeza y ansiedad del corazón”.
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: “La iglesia”
Autor: Ed Hayes
Editorial: ELA
Resumen del Capítulo 10. “La Iglesia y el Sufrimiento”
La teología neotestamentaria de la iglesia debe incluir la enseñanza acerca del sufrimiento. Los autores del Nuevo Testamento escribieron acerca de él para que los creyentes fieles estuvieran mejor preparados a enfrentar toda suerte de tribulaciones.
¿QUÉ ES EL CRISTIANO NORMATIVO?
La Biblia nos ofrece la realidad, la palabra sabia y sensata que describe la vida tal u como es, con sus angustias y éxtasis. El argumento del sufrimiento como normativo descana en tres verdades bíblicas: 1) Toda la creación sufre mientras espera la consumación de la edad presente. La redención se obtiene por fe en la muerte de Cristo sobre la cruz pero aún esperamos la final tr4ansformación e nuestro cuerpo; 2) El sufrimiento es normativo para los creyentes. Seremos bienaventurados, aborrecidos, perseguidos y tendremos aflicción; y, 3) El sufrimiento es parte de la identificación del creyente con Cristo. Los padecimientos, aún la persecución, están presentes como resultado de que imitamos a Cristo. El sufrir no confiere mérito especial alguno, pero trae gran galardón. Todo lo que padecemos en nombre de Cristo cumple el alto propósito de conocerlo mejor, el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos. La tribulación produce en el creyente un peso de gloria, permitiéndole llegar a ser “semejante a Él en su muerte”.
EL SIGNIFICADO BÍBLICO DEL SUFRIMIENTO
Dios controla todas las cosas para bien. Eso se evidencia con claridad en la crucifixión de Cristo. Las aflicciones de Cristo en relación con su obra salvadora constituyen la base para la comprensión de todo sufrimiento. El autor de nuestra salvación también es el modelo de todo sufrimiento. La iglesia puede enfrentar su propio sufrimiento con actitud de confianza y triunfo porque cree la verdad fundamental que afirma que la tribulación tiene un propósito. El sufrimiento es escatológico, su fin es la perfección. Los padecimientos de Cristo fueron físicos, emocionales y espirituales; se solidarizó con toda la humanidad, creyentes e incrédulos. Cristo sufrió hambre, cansancio, azotes y, finalmente, la crucifixión. Fue tentado en todo, como todo humano, pero no pecó.
EL SENDERO DEL MARTIRIO
Irónicamente la iglesia ha incurrido en la persecución de herejes y otros. Lutero repetidamente predicó en contra de pagar mal con mal. Sentía que la falsa iglesia romana usaba la hoguera y la fuerza para protegerse de las Escrituras. Pero esa forma de pensar no le daba licencia para matar.
El significado de la palabra mártir
El testimonio cristiano tiene tres aspectos: el testimonio de Jesús acerca de sí mismo, el del creyente acerca del evangelio de la gracia de Dios y la proclamación de la verdad. El testimonio por Cristo tiene un alcance fenomenal. La evidencia más contundente de ello se halla en el capítulo de la “fe”, Hebreos 11. Todas las señales del martirio se evidencian en la lista de los que sufrieron por Jesús.
Distintas formas de persecución
La manera en que el fiel testimonio provocó persecución se dejó ver: 1) En la arena romana. Ser condenado a la arena era un castigo reservado para los peores ofensores del rey. Sin embargo, ser condenado a la arena no siempre era una sentencia de muerte. 2) La lapidación. Bajo la ley judaica, esa manera de ejecutar la pena capital se reservaba para los blasfemos y los sorprendidos en adulterio; 3) La crucifixión esa una forma romana común para ejecutar a los criminales. Para los cristianos, la cruz, símbolo despreciado de tortura, se transformó en el punto focal de la redención en vez de representar la culpabilidad criminal; 4) La hoguera; y, 5) El encarcelamiento. Posteriormente los cristianos practicaron la flagelación del cuerpo para purificar al alma; esto ilustra el grado en que la persecución llegó erróneamente a considerarse como un medio de purificación de la iglesia.
Persecución y martirio en la iglesia eclesiástica
Se estima que en la actualidad veintidós millones de cristianos viven bajo persecución. La persecución surgió de la mala comprensión del aspecto secreto de la adoración y los rituales cristianos, especialmente la cena del Señor. Con el paso del tiempo, se inició la exaltación de los mártires. De forma equivocada, algunas personas consideran que los mártires son intercesores. Es un error pensar que todo testigo de Cristo es mártir.
RESULTADOS DE LA PERSECUCIÓN, DEL SUFRIMENTO Y EL MARTIRIO
Hay varios resultados obvios del sufrimiento que pueden traer bendición a la iglesia: 1) El sufrimimiento puede ayudarnos a comprender mejor a los que sufren. 2) El sufrimiento puede conducir a la purificación de la iglesia. 3) El sufrimiento puede dar como resultado un despliegue de poder y provisión divinas para vencer el mal. Y 4) El sufrimiento puede conducirnos a una apreciación nueva de las recompensas divinas. Las recompensas no solo vienen en esta vida. Para los que sufren en el anonimato, el premio eterno es la perfección. El aprendizaje bajo aflicción no nos cuesta nada y tiene un valor infinito. El contenido verídico del testimonio cristiano que es fiel al evangelio se considerará muy superior a la fe emocional y experimental. Una teología del sufrimiento nos auxilia a ver al necesidad de la perseverancia. El sendero que lleva a la perseverancia está lleno de dificultades, pero a su fin recibiremos recompensas. Tal como el amor manifiesta paciencia, igualmente la fe tiene que perseguir esa meta.
THE END
LA REALEZA DE CRISITO Y LA IGLESIA
EL PROBLEMA. Confesar a Cristo Señor es confesar su soberanía sobre todas las potestades de la creación visible e invisible. Cristo se presenta además como el que reconcilia con Dios todo cuanto hay en la tierra y todo cuanto hay en los cielos. Cristo es también la cabeza del cuerpo de la iglesia. El reino de Cristo y la iglesia de Cristo están unidos por su misma naturaleza. La redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera. El título de Rey dado a Cristo se aplica también a su soberanía sobre la creación.
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO. El reinado de Cristo y la iglesia de Cristo tiene en común su pertenencia a un solo y mismo período de tiempo limitado.
Actualidad del reinado de Cristo. Si hubiera otro Señor que aquel a quien Dios ha dado el nombre que está sobre todo nombre, entonces el reinado de Cristo no existiría todavía. Entonces Cristo no reinaría todavía, y no nos quedaría más que la esperanza.
El principio del reinado de Cristo. Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío.
El fin del reinado de Cristo. El reinado de Cristo ha comenzado con su ascensión; terminará con su vuelta. El tema de todo el drama ha siso el reinado de Cristo; más exactamente, se trata del acto final de esa realeza de Cristo.
La tensión temporal del reinado de Cristo. En el Nuevo Testamento la muerte de Cristo es el hecho central, que encierra en sí todos los acontecimientos, pasados y futuros.
El principio de la iglesia. Tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reino de Cristo. El factor central es el mismo: la muerte de Cristo, que señala el nacimiento de la iglesia. El sacramento del bautismo, por el cual el creyente se convierte en miembro de la iglesia, sirve de medio para la participación del Espíritu.
LA EXTENSIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSIÓN DE LA IGLESIA. El término griego realeza: Basileia tiene tres aceptaciones: 1) el ejercicio de la soberanía, el gobierno; 2) el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; 3) la comunidad de los gobernados.
El lugar del reinado de Cristo. La realeza se extiende a la creación entera (Mt. 28: 19).
El lugar de la iglesia. El mundo terreno, y dentro de ese mundo en una comunidad humana, significa, al contrario, que la iglesia es, en cuanto lugar, el centro, el punto vital del reino de Cristo.
La tensión espacial de la iglesia. La iglesia es el cuerpo mismo de Cristo, lo más grande que se puede ser en la tierra; está sometida a Cristo.
LOS MIEMBROS DEL REINO E CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA.
Los miembros del reino de Cristo. Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas a la vez: primero ser gobernado; pero también participar en el gobierno.
Los miembros de la iglesia. La salvación: uno va de la multitud al único; es la antigua alianza; el otro va del único a la multitud.
LA MISIÓN DE LA IGLESIA. La iglesia está bajo la soberanía de Cristo y reina con él, el primer cometido de la iglesia es la predicación. La predicación del evangelio tiene que durar durante todo el período de la iglesia que va de la ascensión de Cristo hasta su vuelta.
LA IGLESIA Y EL SUFRIMENTO
Es imposible que la iglesia eluda el sufrimiento y la tribulación.
¿Qué es el cristianismo normativo? Los que trafican con un gracia barata ofrecen una fe fácil y suave. La Biblia nos ofrece la realidad, la palabra sabia y sensata que describe la vida tal y como es, con sus angustias y éxtasis. Cuando se sufre en el nombre de Cristo, la aflicción lleva la marca de la cruz. El argumento del sufrimiento como normativo descansa en tres verdades bíblicas: 1) toda la creación sufre mientras espera la consumación de la edad presente; 2) el sufrimiento es normativo para los creyentes; el sufrimiento es parte de la identificación del creyente con Cristo.
Los padecimientos, aún la persecución, están presentes como resultado de que imitamos a Cristo. El sufrir no confiere mérito especial alguno, pero trae gran galardón.
El significado Bíblico del sufrimiento. La palabra pasión proviene del vocablo griego pascho, “sufrir” o “aguantar”. Dios controla todas las cosas para bien.
El significado de la palabra mártir. Deriva de un vocablo que significa “testigo”. El testimonio cristiano tiene tres aspectos: el testimonio de Jesús acerca de sí mismo, el del creyente acerca del evangelio de la gracia de Dios y la proclamación de la verdad.
Distintas formas de persecución: 1) ser condenado a la arena de un castigo reservado para los peores ofensores de la ley. En la época neotestamentaria otra forma de persecución fue la lapidación. Bajo la ley judaica, esa manera de ejecutar la pena capital se reservaba para los blasfemos y los sorprendidos en adulterio. La crucifixión era una forma romana común para ejecutar a los criminales. Otra técnica de tortura fue la hoguera. Otra forma de castigo se utilizaba para perseguir a los cristianos era el encarcelamiento.
Persecución y martirio en la historia eclesiástica. Al principio, la iglesia fue tolerada porque la gente creía que era una forma legítima de judaísmo. El testimonio fiel de los mártires nos apoya en nuestra fe.
Resultados de la persecución, del sufrimiento y el martirio. Resultados del sufrimiento que pueden traer bendición a la iglesia. 1) El sufrimiento que pueden ayudarnos comprender mejor a los que sufren; 2) el sufrimiento puede conducir a la purificación de la iglesia; 3) el sufrimiento puede dar como resultado un despliegue de poder y provisión divinas para vencer el mal; 4) el sufrimiento puede conducirnos a una apreciación nueva de las recompensas divinas.
LA REALEZA
DE CRISTO
Y LA IGLESIA
Capitulo primero
EL PROBLEMA
La fe en la realeza que Cristo ejerce actualmente ha encontrado en el Nuevo Testamento su expresión clásica en el Salmo 110 aplicado a Cristo. Le ha conferido Dios a Jesucristo el titulo de “Señor” (Fil. 2,10). Kyrios cristo reina como rey, criaturas humanas, las potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos. Soberano de toda la creación 1 Pe 3,22, “…el cual subió al cielo y esta sentado a la diestra de Dios, una vez sometidos a El los ángeles, las potestades y las virtudes”. “…en El (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las denominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El; el es antes que todo, y todo subsiste con el” (Col 1,16) 1 Cor. 8 “Todas las cosas fueron hechas por El” Hebreos:”por quien también hizo el mundo”. (1,2).
(1 Ts. 4,16) Cristo es mediador de la creación “al principio”, y es también mediador de nueva creación “al fin de los tiempos”. En Col. 1,14 ss., “todo cuanto hay en la tierra y todo cuento hay en los cielos” v. 18 afirma que Cristo es también la cabeza del cuerpo de la iglesia. “A El (Cristo) sujetó (Dios) todas las cosas bajo sus pies, y le puso por cabeza en la iglesia…”(1,22). El reinado de Cristo y la iglesia de Cristo están unidos por su misma naturaleza. A causa de Adán esta la tierra maldita. Romanos (8,20) la redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera. Mateo (27,51), la tierra tiembla en el momento de su muerte, “por la sangre de su cruz es reconciliado todo con Dios” (Col. 1,20) “liberación“ (Rom. 8,21).
Mateo (28,18) Con la orden de bautizar a todas las naciones, funda implícitamente la Iglesia. Inversamente, el titulo de rey dado a Cristo se aplica también a su soberanía sobre la creación, 1 Tim. 7,15 se le designa como “rey de reyes y señor de señores”. Se trata de su realeza en 1 Cor 15, 24.
CAPITULO II
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO
Reino de Cristo, la iglesia de Cristo tienen en común su pertenencia a un solo y mismo periodo de tiempo limitado. El reino de Dios, por el contrario, es una realidad puramente futura
ACTIVIDAD DEL REINADO DE CRISTO.
“Al cual el Padre lo ha sometido todo”, Se someterá El a su vez al Padre y pondrá en sus manos la soberanía. Y esto acaecerá cuando haya destruido “todo principado, toda potestad y todo poder”, así como “al último enemigo”, la muerte. Basileia, y, en la medida en que reinamos con El, formamos ya ese reino, sobre el fundamento de la redención. (Ap 1,6)
El cristiano puede ya alabar a Dios por realeza de su Hijo (Col.1, 12 SS.)
EL PRINCIPIO DEL REINADO DE CRISTO
Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío. “El ultimo enemigo”, la muerte, será destruido con sus ultimas potencias hostiles (1 Cor. 15, 24,26). La muerte y la resurrección de Cristo suponen la realización presente del reinado de Cristo.
El comienzo efectivo, la toma de posesión del poder regio tiene lugar en la ascensión.
EL FIN DEL REINADO DE CRISTO
Según Apocalipsis y 1 Cor. 15, 23 ss, la vuelta de Cristo y los acontecimientos escatológicos que dependen de ella inmediatamente se han de considerar como el acto final del reinado de Cristo. “Gobierna a los pueblos con vara de hierro” (12,5; 19,15) y que su nombre es “rey de reyes” y “señor de señores” (19,16).
LA TENSION TEMPORAL DEL REINADO DE CRISTO
Vemos aquí el fundamento de esa patente tensión entre presente y futuro. La realeza de Cristo abarca a la vez el periodo final del Eón actual y el periodo de aparición del Eón futuro.
De ahí que en 1 Pe 3,22, el sometimiento de las potencias hostiles preceda a la ascensión. Cristo sentado a la diestra de Dios “espera” todavía ese sometimiento (Heb 10,13). En Tim 1,10, donde se trata de la victoria sobre la muerte que Cristo ha conseguido en la cruz; e igualmente en 1 Cor. 15,26, que habla de la victoria sobre la muerte. Las “potencias” quedan sometidas a la soberanía de Cristo. Desde luego, Dios es el dueño del tiempo, esta victoria se reserva para un tiempo que sigue desarrollándose.
EL PRINCIPIO DE LA IGLESIA
Cristo Señala el nacimiento de la iglesia. La iglesia nace el día de Pentecostés. Pentecostés significa el nacimiento de la iglesia del fin de los tiempos, la ultima realización del pueblo de Dios. La ascensión significa: sujeción temporal a Cristo sobre el fundamento de su muerte y de su resurrección. Se trata mas que de una transición hacia el reino de Dios. El espíritu prometido no puede ser enviado hasta después de la muerte de Cristo, y que, por consiguiente, la iglesia de Cristo no puede nacer antes. La iglesia sólo ha sido posible por la muerte y la resurrección de Cristo.
Jesús echó ya los cimientos de la Iglesia antes de su muerte (Mt. 16,18) edificare mi iglesia. Jesús “comenzó a manifestar a sus discípulos… que tenia que sufrir mucho, y ser muerto, y al tercer día resucitar”.
EL FIN DE LA IGLESIA
El reino de Cristo tiene su misma duración; dura primeramente todo el último periodo de Eón actual, y luego, con el cumplimiento de su misión última, desemboca en el periodo inicial del Eón futuro, para dejar sitio después al reinado de Dios.
Cristo, volviendo sobre las nubes, será rodeado de los que hayan formado su Iglesia en la tierra, en el que los apóstoles se sentaran en los doce tronos (Mt 19,28).
LA TENSIÓN TEMPORAL DE LA IGLESIA
Tal es el fin de la Iglesia, lo mismo que el fin del reinado de Cristo. Por tanto, la iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. Por que su espera se funda en el Espíritu Santo, al que ya posee (Rom 8,23 s). “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Vencido ya Cristo a las “potencias”, a las cuales, sin embargo, ha de vencer todavía.
CAPITULO III
LA EXTENSION DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSION DE LA IGLESIA
El termino griego realeza: Basileia tiene tres acepciones. 1.- El ejercicio de la soberanía, el gobierno, 2.- el lugar o territorio en que se ejerce esta soberanía, 3.- la comunidad de los gobernados.
EL LUGAR DEL REINADO DE CRISTO
La realeza de Cristo se extiende a la creación entera: “Todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,19)
El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita, por tanto al cielo o al mundo invisible. Cristo reina también en la tierra, y no solamente en la Iglesia, sino también en el Estado.
La posibilidad de esta rebeldía demoníaca no altera para nada la realidad fundamental de que Cristo posee ya todo poder también en la tierra.
LA TENSION ESPACIAL DEL REINO DE CRISTO
El espíritu de Dios actúa ya en la tierra, pero todavía no se ha apoderado de los cuerpos terrenos; solamente al fin los transformara (Rom 8,11.23; 1 Cor 15, 35 SS). Hay que entender así esta restricción:
1) Todo el dominio sobre el que se ejerce la realeza de Cristo está habitado todavía por la carne y la muerte, vencidas ciertamente por Cristo, pero hostiles todavía;
2) Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo.
Los lazos que las encadenan son tan largos, que pueden franquear los limites del reino de Cristo; pero los lazos subsisten. “Cristo es la cabeza de todo principiado y potestad”.
EL LUGAR DE LA IGLESIA
El origen y el fin de la Iglesia, su jefe, Cristo están por encima del mundo terrestre; el lugar de la Iglesia de Cristo es más restringido que el reino de Cristo. La iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual, desde la ascensión, esta sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre, se designa a Cristo como el jefe, la cabeza, de toda creación y, por tanto, de la Iglesia. El cuerpo “crece hacia aquel que es la cabeza” (Ef. 4,15-16)
LA TENSION ESPACIAL DE LA IGLESIA
De un lado , es el cuerpo que padece, el cuerpo crucificado, por que participa de un mundo en que la “carne”, el pecado, existen todavía, y en el que las potencias sometidas pueden recobrar su libertad si lo quieren; mas, de otro, es también ya que el cuerpo de la resurrección, puesto que Cristo ha resucitado ya. “Hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo cuerpo”, (1 Cor 12,13). Es algo grave tomar la cena indignamente, “No discierne el cuerpo del señor” (1 Cor 11,27 ss).
La iglesia se compone de hombres que individualmente están todavía en el cuerpo carnal, en el pecado. La respuesta a este problema pondrá plenamente de manifiesto la relación última entre el reino de Cristo y la Iglesia. La Iglesia de Cristo representada el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo; Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
CAPITULO IV
LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de esta iglesia, debe tener parte de una manera muy particular en su gobierno.
LOS MIEMBROS DEL REINADO DE CRISTO
Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas a la vez: primero, ser gobernado; pero también participar en el gobierno, aun estando subordinado a su jefe. El hecho de llevar espada, Rom 13,4 que son impugnables es sumo grado y demoníaca cuando se las concibe al margen del reinado de Cristo los funcionarios del estado se convierten en “ministros de Dios” (Rom 13,6).
La iglesia no ha de ser en si misma un estado terreno, por que la “ciudad” del cristiano está en el futuro, “en los cielos” (Fil 3,20; Heb 11,10. 13-16; 12,22; 13,14; Ap 21,2).
Todo lo que Pablo, y Cristo antes de él, han dicho de la sumisión al emperador y al estado, se refiere a un estado pagano, que no conoce ni a cristo, ni a su reino, ni a Dios, el Padre de Cristo. “Gozar de una vida tranquila y quieta”” ( 1 Tim 2,2). Por que el cristiano ve en ese hecho que el estado se escapa a la soberanía de Cristo, que el poder demoníaco se libera, que aparece la “bestia”.
LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de la Iglesia saben todo eso. Saben que Cristo reina; son, pues miembros de ese reino conscientemente.
El hombre estaba destinando a reinar sobre el conjunto de la creación; su caída arrastro a ésta bajo la maldición divina: “por tu causa” (Gn 3, 17; Rom 8,20). Para salvar al mundo, Dios eligió entre la humanidad pecadora una comunidad, el pueblo de Israel. Mas tarde ese pueblo se redujo a su vez a una comunidad todavía más restringida. Este “resto” se reduce aun mas a un solo hombre. Hay que rehacer ahora en sentido inverso el mismo camino, partiendo por así decirlo de ese punto céntrico: llegar a la multitud desde el único, pero de tal forma que esa multitud represente al único. El camino va ahora de Cristo a los que creen en El y se saben salvados en la fe en su muerte redentora. Por tanto, ese camino conduce a la Iglesia, “resto”, del “Pueblo de los santos”.
Por el bautismo (3,27) disfrutan de la promesa que se había hecho a uno solo. Tal es el origen de la iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención.
Dn 7,13-27, el “Hijo del hombre representa al “pueblo de los santos”. “el hijo del hombre” y “Servidor de Jahvé” Jesucristo representa al “pueblo de los santos”, al “resto de Israel”, y al mismo tiempo a todo Israel y a la humanidad entera. Por eso la iglesia ha de ser una comunidad humana, en la cual Cristo, el único “toma forma” (Ga 4,19). La iglesia es el centro de ese reino, ya que ha sido escogida para ser el lugar terrestre del cuerpo de Cristo. Es además su centro, por ser el cuerpo de cristo. Es además su centro, por ser el cuerpo de Cristo en cuanto comunidad humana hacia la cual, desde sus orígenes, tienden el plan divino de la redención. Los miembros de la iglesia reinaran con Cristo en el acto final de su reino, a saber, en ese “reino milenario” (Ap 20,1 ss) y participaran en el juicio pronunciado contra los demás miembros del reino de Cristo (1 Cor 6,3). En un sentido más estricto, “reinaran con Cristo” (2 Tim 2,12). 1 Cor 4,8: “Vosotros reináis con Cristo” Apocalipsis (1,6) formamos ya una Basileia, un reino. Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia a los principados y potestades en los cielos” (Ef. 3,10) según Ef. 6,12, lucha al mismo tiempo “contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires”. El reinado de Cristo no depende del éxito o del fracaso de la Iglesia, sino de su fidelidad en desempeñar su misión.
CAPITULO V
LA MISION DE LA IGLESIA EN EL REINADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo, es, pues, el mayor de los dones de Dios. En la iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino; y nosotros mismos, hombres pecadores, somos quienes formamos ese cuerpo. La iglesia no es solamente para nosotros el mayor de los dones, sino además la mas importante de las tareas. El primer cometido de la iglesia es la predicación. La iglesia tiene que confirmar a sus propios miembros en esta fe ante todo por la predicción, luego por el bautismo y la cena, por que el fin no llegara hasta que se haya predicado a todos el evangelio (Mc 13,10; Mt 24, 14)
Iglesia de desempeñar el cometido al que esta llamada: predicar el evangelio a todo el mundo. Seria preciso que la voz de la iglesia no dejara de oírse jamás del todo (Ga 4,19). “El crecimiento de la iglesia hacia su jefe “no es de ningún modo una noción de orden cuantitativo (Mt 24,12). Ningún revés puede desanimar a la Iglesia en su acción. Y ese fracaso significa para el cristiano la victoria sobre todas las potencias enemigas y el origen escatológico de la realeza actual de Cristo, realeza que terminara únicamente con el advenimiento del reino de Dios.
Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia
Profesor: Rafael Pola Baca
Alumno: Carlos Monjaras Mirón
Tarea: Resumen del libro
LA REALEZA DE CRISTO Y LA IGLESIA
CAPITULO 1 EL PROBLEMA
La fe en la realeza de Cristo ejerce actualmente ha encontrado en el Nuevo Testamento su expresión clásica en el Salmo 110 aplicado a Cristo, especialmente en aquellos pasajes en los que se trata de “Cristo sentado a la diestra de Dios” y de la “sujeción de todos sus enemigos”.
Si a partir de un momento determinado le ha conferido Dios a Jesucristo el título de “Señor”, Adonai; en griego, Kyrios-, que sólo a El le conviene, esto quiere decir que Cristo reina como rey, y no sólo sobre nosotros, criaturas humanas, sino sobre todas la potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos.
Una de las más antiguas confesiones de fe cristianas está expresada en estas tres palabras: Kyrios Jesús Cristos- Jesucristo es el Señor.
Es posible probar que en un estadio anterior a la antigua confesión de fe romana, y por consiguiente a nuestra confesión apostólica clásica, se mencionaba especialmente la sujeción a Cristo de las potencias y dominaciones después de la frase: “Está sentado a la diestra de Dios.” Fuera del Nuevo Testamento encontramos expresamente mencionadas esas “potestades” (las que están en el cielo, las que están en la tierra y las que están en los abismos)
A esta convicción de los primeros cristianos, tan firmemente arraigada en el centro de su fe, de la soberanía actual de Cristo sobre el conjunto de la creación, corresponde la afirmación del Nuevo Testamento de que Cristo es también mediador en la obra inicial de la creación divina “Hágase la luz”. Cristo es mediador de la creación “Al principio”, y es también mediador de la nueva creación “al fin de los tiempos”
En cuanto Kyrios (Adonai, Señor), Cristo es ciertamente en primer lugar el rey de la creación. Rey de los judíos, rey de Israel, es ante todo el Señor de la Iglesia. Pero su título de Kyrios indica también su realeza sobre Israel, sobre la Iglesia y ello dondequiera que se patentiza el contraste con la pretensión del césar romano a la realeza.
CAPITULO II LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y
LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO
Establezcamos que en primer término que estas dos realidades: el reino de Cristo y la Iglesia de Cristo, no idénticas. Aunque estrechamente ligadas, tienen en común su pertenencia a un solo y mismo período de tiempo limitado. Este rasgo común las diferencia a ambas del reino de Dios. Por ello, a pesar de su estrecha relación, el reinado de Cristo y el reino de Dios son dos conceptos tan lejos de ser sinónimos como los de Iglesia y reino de Dios.
Desde luego, el reinado de Cristo ,la Iglesia y el reino de Dios pertenecen los tres a la época final. Pero el reinado de Cristo y la Iglesia de Cristo pertenecen a una fase de ese tiempo cronológicamente limitada.
Actualidad del reinado de Cristo
Pablo distingue desde el punto de vista temporal esas dos realidades, sin confusión posible.
También en la carta a los Colosenses 1:13 el comienzo de la realeza del Hijo se sitúa en el pasado. Así es como ejerce Cristo desde ahora la realeza sobre todas las potencias que le están sometidas. El cristiano puede ya alabar a Dios por la realeza de su Hijo; pero ha de orar todavía para que venga el reino de Dios.
Es cierto que el cristiano espera también el reino de Dios, pero lo espera, sabiendo que el reino de Cristo ha comenzado ya.
El principio del reinado de Cristo
Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío. Mientras que el aniquilamiento final de sus enemigos se deja para una fase todavía futura del reinado de Cristo, en la que el último enemigo, la muerte, será destruido con sus últimas potencias hostiles La derrota de los enemigos, que anuncia el salmo 110, se ha realizado ya también. Esto no contradice a Heb 10:3 y a 1 Cor 15:25; de acuerdo con el hecho ya mencionado; que el aniquilamiento definitivo de los enemigos tiene que llegar aún, estos pasajes indican que no ocurrirá hasta el momento que termine el reinado de Cristo.
El fin del reinado de Cristo
En efecto, el reinado de Cristo, lo mismo que tiene un principio, tiene también un fin. Este, como pertenece al futuro, no se puede fechar históricamente, lo mismo que su principio. Sin embargo, el Nuevo Testamento indica el acontecimiento futuro, cuyo advenimiento supondrá la última fase del reinado de Cristo: es la vuelta de Cristo.
Este acto final reproduce, en forma condensada y definitiva, lo que ya se ha realizado antes y lo que sucede en el curso de la fase actual del reinado de Cristo: la victoria sobre Satanás y sobre las “potencias”, su sometimiento su liberación en vistas a su aniquilamiento definitivo.
El principio de la Iglesia
Se puede determinar también el tiempo de la Iglesia exactamente de la misma manera. También ella tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reinado de Cristo.
La tensión temporal de la Iglesia
Tal es el fin de la Iglesia, lo mismo que el fin del reinado de Cristo. Por tanto, la Iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. La nueva creación del reino de Dios será constituido, interior como exteriormente, por el Espíritu. Ese elemento constitutivo del reino de Dios que ha de venir está ya presente en la Iglesia, pero solamente en cuanto “arras”, porque todavía no puede hacer saltar el marco exterior del eón actual, en el cual ha de vivir la Iglesia al presente.
Por eso, a pesar de la presencia en ella del Espíritu, la Iglesia pertenece todavía al presente y tiene que esperar el tiempo en que el Espíritu lo abarque todo, en el que Dios lo será “Todo en todos” y en el que su tiempo se cumplirá a la vez”.
CAPITULO III
LA EXTENSIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO
Y LA EXTENSIÓN DE LA IGLESIA
El término griego realeza: Basileia tiene tres acepciones. Puede significar: 1)el ejercicio de la soberanía, el gobierno; 2) el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; 3) la comunidad de los gobernados. Las tres acepciones convienen a la Basileia-realeza-de Dios.
Por lo que se refiere al primer sentido, el ejercicio de la realeza, hemos visto que diferente en esto del reino de Dios, el reino de Cristo se caracteriza por eso “sujeción” provisional de las potencias, que permite todavía su libertad temporal.
El lugar del reinado de Cristo
Partiendo de ahí, hemos de definir también el lugar y la comunidad de los miembros del reino de Cristo. El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita, por tanto, al cielo o al mundo invisible. Cristo reina también en la tierra, y no solamente en la Iglesia, sino también en el estado.
Se ha observado con frecuencia la actitud contradictoria del cristiano frente al Estado, el estado es “instituido por Dios”, “servidor de Dios”, allí es la “bestia”. En realidad, no se trata de una contradicción. Esa diferencia aparente se basa en la situación provisional y en la tensión temporal del reinado de Cristo, en el cual las potencias sometidas-y, por tanto, también sus órganos, las autoridades terrenas del Estado- están sometidas a la realeza de Cristo
La tensión espacial del reino de Cristo
El reino de Cristo se extiende por doquier; sin embargo, su dominio no coincide con la creación, como sucederá con el reino de Dios.
1) Todo el dominio de la realeza de Cristo está habitado todavía por la carne y la muerte, vencidas ciertamente por Cristo, pero hostiles todavía.
2) Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo, como ocurre cuando el Estado se emancipa de una manera demoníaca.
Indudablemente es un error creer que las potencias así emancipadas escapan a la soberanía de Cristo.
El lugar de la Iglesia
Pero al mismo tiempo se designa también a Cristo como el jefe (cabeza) de la iglesia.
Esta posición central de la iglesia en el reinado de Cristo la expresa el Nuevo Testamento designando a la Iglesia como el cuerpo de Cristo. La iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual, desde la ascensión, esta sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre. La expresión “jefe” –cabeza- es una imagen que designa a Cristo entero reinando sobre su reino.
La iglesia de Cristo representa el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo; Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
CAPITULO IV
LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO
Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros del reino de Cristo
Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas ala vez: primero, ser gobernado; pero también participar en el gobierno, aun estando subordinado a su jefe.
Los miembros de la Iglesia
Los miembros de la Iglesia saben todo eso. Saben que Cristo reina; son, pues, miembros de ese reino conscientemente. Eso es ante todo lo que los distingue en cuanto Iglesia de todos los demás miembros del reino de Cristo, que pueden estar al servicio de esta soberanía.
Aquí justamente podemos ver el puesto céntrico que ocupa la Iglesia en el conjunto del reinado de Cristo. Para comprenderlo plenamente es necesario darse cuenta de cómo, desde el principio, todo tiende hacia la Iglesia. Según el testimonio bíblico en su conjunto, el plan redentor de Dios se despliega teniendo como fin a la iglesia.
Tal es el origen de la Iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención. Hemos visto que la iglesia es el centro de ere reino, ya que ha sido escogida para ser el lugar terrestre del cuerpo de Cristo. Es además su centro, por ser el cuerpo de Cristo en cuanto comunidad humana hacia la cual desde sus orígenes, tiende el plan divino de la redención. Por ello los miembros de la Iglesia reinarán con Cristo en el acto final de su reino, a saber, en ese “reino milenario” (Ap 20 1 ss) y participarán en el juicio pronunciado contra los demás miembros del reino de Cristo. En un sentido más estricto, “reinarán con Cristo” (2 Tim 2:12)
CAPITULO V LA MISION DE LA IGLESIA
EN EL REINDADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo es, pues, el mayor de los dones de Dios. Sin embargo participa de toda la ambigüedad que caracteriza el período comprendido entre la resurrección y la vuelta de Cristo; el pecado y la muerte subsisten en ella porque está integrada por hombres pecadores, aunque salvados por la fe.
En la Iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino
La predicación del evangelio a los paganos tiene que durar durante todo el período de la Iglesia que va de la ascensión de Cristo hasta su vuelta. Porque el fin no llegará hasta que se haya predicado a todos el evangelio (Mt 24,14)
Es verdad que la Iglesia no cesa de trabajar para que aumente la comunidad de los que se saben gobernados por Cristo; no obstante, sabe que el ejercicio de la realeza de Cristo y el advenimiento del reino de Dios no dependen del éxito o del fracaso de su predicación. La realeza de Cristo se anuncia también con los hechos: mediante el ejercicio de la caridad y por el sufrimiento; en efecto, en el sufrimiento de la Iglesia se manifiesta de una manera particular la realeza de Cristo.
Es esencial que a la realeza de Cristo que se anuncie esa certeza al mundo, realeza que terminará únicamente con el advenimiento del reino de Dios.
25 de abril de 2008
Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia
Profesor: Rafael Pola Baca
Alumno: Eleazar González García
Tarea: Resumen del libro
LA REALEZA DE CRISTO Y LA IGLESIA
CAPITULO I
EL PROBLEMA
Kyrios, quiere decir Cristo reina como rey, y no sólo sobre nosotros, criaturas humanas, sino sobre todas las potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos.
Kyrios Jesús Cristos, “Jesucristo es el Señor”. Jesucristo no es solamente el verdadero soberano de los hombres, sino el soberano de toda la creación, visible e invisible.
La confesión de boca, consiste en reconocer que Jesús es Kyrios, el Señor.
Confesar a Cristo el Señor, es confesar su soberanía sobre todas las potestades de la creación visible e invisible.
Jesús dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.”
Cuando al fin de los tiempos cree Dios “nuevos cielos y tierra nueva”, Cristo será también naturalmente el mediador de esa nueva creación. Cristo es mediador de la creación al principio, y es también mediador de la nueva creación.
¿Cuál es la relación de la Iglesia de Cristo con ese reino de Cristo que tenemos que definir de una manera más precisa? La misma naturaleza de esos dos conceptos fundamenta a priori su estrecha relación; relación que el Nuevo Testamento pone de manifiesto en pasajes decisivos.
Según el Nuevo Testamento, el reino de Cristo y la Iglesia de Cristo están unidos por su misma naturaleza.
Por haber sido hecho a imagen de Dios, el hombre, creado por Dios al principio, es superior a toda criatura. A causa de Adán está la tierra maldita, así lo afirma Génesis y la carta a los Romanos. Más de la misma manera, la redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera.
La relación neotestamentaria entre la realeza de Cristo y la Iglesia de Cristo se funda en la solidaridad que liga a toda la creación con el hombre.
En cuanto Kyrios (Adonai, Señor), Cristo es ciertamente en primer lugar el rey de la creación. Rey de los judíos, rey de Israel, es ante todo el Señor de la Iglesia. Pero su título de Kyrios indica también su realeza sobre Israel, sobre la Iglesia.
CAPITULO II
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO
Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO.
El reino de Cristo y la Iglesia de Cristo, no idénticas, aunque estrechamente ligadas, tienen en común su pertenencia a un solo y mismo período de tiempo limitado.
Pablo distingue desde el punto de vista temporal esas dos realidades, sin confusión posible.
También en la carta a los Colosenses 1:13 el comienzo de la realeza del Hijo se sitúa en el pasado. Así es como ejerce Cristo desde ahora la realeza sobre todas las potencias que le están sometidas. El cristiano puede ya alabar a Dios por la realeza de su Hijo; pero ha de orar todavía para que venga el reino de Dios.
Es cierto que el cristiano espera también el reino de Dios, pero lo espera, sabiendo que el reino de Cristo ha comenzado ya.
El principio del reinado de Cristo
Con su muerte y su resurrección, Cristo ha conseguido la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas; así ha establecido su señorío.
La muerte y la resurrección de Cristo suponen la realización presente del reinado de Cristo.
Cristo está sentado a la diestra de Dios; subió al cielo; los ángeles, las potestades y las virtudes le están sometidos 1 Pedro 3:22. Cristo está ya sentado a la diestra de Dios es un motivo que se repite con frecuencia en el Nuevo Testamento.
El reinado de Cristo, lo mismo que tiene un principio, tiene también un fin. El Nuevo Testamento indica el acontecimiento futuro, cuyo advenimiento supondrá la última fase del reinado de Cristo: es la vuelta de Cristo. El reinado de Cristo ha comenzado con su ascensión.
Según Apocalipsis y 1 Corintios 15, 23, la vuelta de Cristo y los acontecimientos escatológicos que dependen de ella inmediatamente se han de considerar como el acto final del reinado de Cristo. Por que solamente después de terminado el último combate, sostenido victoriosamente después de su regreso, el Hijo pondrá el reino en manos del Padre.
El tema de todo el drama, descrito en los veinte primeros capítulos del Apocalipsis, no es propiamente hablando el reino de Dios, sino el “reinado de Cristo”.
La realeza de Cristo abarca a la vez el período final del eón actual y el período de aparición del eón futuro. Por ello el tiempo en el cual vivimos es ya el tiempo del fin. El reinado de Cristo, ha comenzado ya a tener vigencia, y la seguirá teniendo durante la parusía (segunda venida de Cristo) y los acontecimientos a ellas ligados.
El sometimiento de las potencias hostiles preceda a la ascensión, mientras que según el autor de la carta a los Hebreos, Cristo sentado a la diestra de Dios espera todavía ese sometimiento.
El verbo griego que emplea el Nuevo Testamento de preferencia en estos pasajes, tiene dos sentidos: someter y aniquilar.
En ambos casos la victoria es decisiva, pero la primera vez se le quita el poder a la muerte, según la traducción exacta que hace Lutero de 2 Timoteo 1:10; en cambio la segunda vez, la muerte es aniquilada.
En el Nuevo Testamento la muerte de Cristo es el hecho central, que encierra en sí todos los acontecimientos, pasados y futuros.
Y así, según los evangelios sinópticos, Jesús ve caer del cielo a Satanás ya antes de su muerte. Mientras Jesús, que ha venido para conseguir la victoria con su muerte, permanece en la tierra. De la misma manera Jesús anuncia que ha llegado ya el reino de Dios. Esto explica que en el lenguaje del Nuevo Testamento no se mantenga siempre de manera consecuente al diferencia entre la realeza del Padre y la del Hijo.
El principio de la Iglesia
Se puede determinar también el tiempo de la Iglesia exactamente de la misma manera. También ella tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reinado de Cristo.
La muerte de Cristo señala el nacimiento de la Iglesia. Existe ya en el Antiguo Testamento, una iglesia.
Los cristianos, al mirar hacia atrás, ven ahí ahora las primicias de la Iglesia de Cristo a la luz de la cruz.
El reino de Cristo comienza en la ascensión; la Iglesia nace el día de Pentecostés
Pentecostés significa el nacimiento de la Iglesia del fin de los tiempos. El Espíritu Santo suprime la diferencia de lenguas que separaba a los pueblos. El Espíritu es el elemento constitutivo del futuro reino de Dios.
El discurso de Pentecostés de Pedro en Hechos 2:14, relativo a la profecía de Joel, indica claramente que ahora, por haberse apoderado el Espíritu de la comunidad, han llegado los “últimos días” profetizados.
Puesto que la Iglesia de Cristo la fundó el Espíritu de Pentecostés, y como Iglesia del tiempo final, el credo tendrá razón más tarde al reunir en su tercer artículo al Espíritu Santo, la Iglesia y la espera del reino.
La fundación de la Iglesia coincide con la venida del Espíritu. Solamente después de la muerte y de la glorificación de Cristo puede aparecer el Espíritu. No puede ser enviado hasta después de la muerte de Cristo, y que por consiguiente, la Iglesia de Cristo no puede nacer antes.
Pablo y la Iglesia. El Nuevo Testamento define al apóstol como un testigo de la resurrección de Cristo, como un hombre que ha visto al resucitado. La realización final de la Iglesia sólo ha sido posible por la muerte y la resurrección de Cristo.
Los discípulos no son todavía más que el fundamento de esa Iglesia. Primero tendrán que convertirse en apóstoles, es decir, en testigos de la resurrección de Cristo.
Es verdad que Jesús echó ya los cimientos de la Iglesia antes de su muerte, durante su vida terrenal. Edificaré mi Iglesia. El contexto en el cual ha encuadrado el evangelista estas palabras demuestra que, en su mente, ese futuro ha de indicar la necesidad previa de Cristo.
La tensión temporal de la Iglesia
La Iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. Y tampoco aquí hay que intentar suprimir esa tensión, porque es esencial a la Iglesia, como es esencial al reinado de Cristo. La Iglesia pertenece ya enteramente a la escatología, y, sin embargo, se encuentra todavía totalmente en el presente.
Hoy tienen vigencia para la Iglesia las palabras “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” Mateo 16:18. Deberá continuar luchando poderosamente contra las fuerzas del mal.
CAPITULO III
LA EXTENSION DE LA REALEZA DE CRISTO
Y LA EXTENSION DE LA IGLESIA
El término griego realeza: Basileia puede significar: el ejercicio de la soberanía, el gobierno; el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; la comunidad de los gobernados. Las tres acepciones convienen a la Basileia realeza de Dios.
El lugar del reinado de Cristo
La realeza de Cristo se extiende a la creación entera, todo poder en el cielo y en la tierra. Mateo 28:19.
El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita. No gobierna directamente los estados, sino que lo hace por mediación de las potencias y dominaciones.
Esas potencias invisibles actúan en el mundo, se ignora cómo se distribuyen las diferentes esferas de acción terrenas, principados, príncipes de este siglo, potestades, virtudes, tronos, dominaciones, ángeles, eran sinónimos. Ellas estaban ya detrás de las autoridades legales que crucificaron a Cristo. Herodes y Pilato no eran más que sus órganos ejecutivos. Si las potencias invisibles que estaban detrás de ellos hubieran conocido el plan salvífico de Dios, no hubieran crucificado a Cristo, con la crucifixión se atrajeron su propia derrota a manos de Cristo.
1 Corintios 6:3 observa también que esas potencias invisibles actúan detrás de los Estados terrenos.
Las autoridades del Estado no son más que los órganos ejecutivos de esas potencias invisibles
La rebeldía demoníaca no altera de ninguna manera la realidad fundamental de que Cristo posee ya todo poder también en la tierra.
Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo, como ocurre cuando el Estado se emancipa de una manera demoníaca.
La soberanía que Cristo ejerce de esta manera sobre la creación visible e invisible, Cristo está por encima del mundo terrestre, pero el lugar en el que se ejerce esa soberanía de la Iglesia es el mundo visible, e incluso el mundo visible limitado a una comunidad terrena de hombres.
La Iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual desde la ascensión, está sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre, pero al mismo tiempo se designa a Cristo como el jefe.
La expresión “jefe” o cabeza es una imagen que designa a Cristo entero reinando sobre su reino.
En el Nuevo Testamento más que una imagen, y la Iglesia, en la mente del Nuevo Testamento, es realmente el cuerpo de Cristo.
Así en esta relación la Iglesia deja ver también una ambigüedad y una tensión, de un lado, es el cuerpo mismo de Cristo, lo más grande que se puede ser en la tierra; pero de otra, está sometida a Cristo.
Esta ambigüedad penetra también en la existencia misma de la Iglesia como cuerpo de Cristo, de un lado, es el cuerpo que padece, el cuerpo crucificado, porque participa de un mundo en el que la “carne”, el pecado, existen todavía y en el que las potencias sometidas pueden recobrar su libertad si lo quieren, pero es también ya el cuerpo de la resurrección, puesto que Cristo ha resucitado ya.
La tensión de la Iglesia no se manifiesta solamente en cuanto es ella el cuerpo crucificado y doliente de Cristo, perseguido por el mundo, y al mismo tiempo el cuerpo de la resurrección, el cuerpo espiritual de Cristo. Esa tensión llega más lejos y se manifiesta así mismo en que en la Iglesia, el cuerpo resucitado de Cristo está realmente presente como el don de Dios, en medio de este mundo terrestre condenado a la destrucción.
Es que la Iglesia se compone de hombres que individualmente están todavía en el cuerpo carnal, en el pecado.
La Iglesia de Cristo representa el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo. Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
CAPITULO IV
LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO
Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA.
Los miembros del reino de Cristo.
Ser mimbro de un reino implica siempre dos cosas a la vez, primero ser gobernado, pero también participar en el gobierno, aún estando subordinado a su jefe. Por consiguiente todas las potestades y dominaciones invisibles así como sus órganos ejecutivos, Estados terrenos, son también miembros de ese reino. Están plenamente integrados en el reino de Cristo.
Las potencias celestes y sus órganos, las autoridades del Estado, están sometidas a Cristo y no reinan en este reino provisional más que en la forma que se les ha asignado.
Un estado pagano, como el estado romano, puede desempeñar también perfectamente en el reino de Cristo el papel que Dios le ha asignado, mientras se limite a lo que le es propio y permite a la Iglesia cuyo puesto en el reino de Cristo es de tal importancia gozar de una vida tranquila y quieta.
Los miembros de la Iglesia saben de todo eso, saben que Cristo reina. Son miembros de ese reino conscientemente, eso es ante todo lo que los distingue en cuanto Iglesia de todos los demás miembros del reino de Cristo.
Según el testimonio bíblico en su conjunto, el plan redentor de Dios se despliega teniendo como fin a la Iglesia.
La historia de la salvación se desarrolla hasta Cristo en el sentido de una reducción progresiva. El camino va ahora de Cristo a los que creen en El y se saben salvados en la fe en su muerte redentora.
Tal es el origen de la Iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención.
No se puede comprender a la Iglesia como cuerpo de Cristo y su función para su reino, y más tarde para el reino de Dios, más que partiendo de la noción de sustitución.
La noción de sustitución está también presente en la figura del Hijo del hombre. Según Daniel 7: 13-27, el Hijo del hombre representa al Pueblo de los santos. No carece de importancia que Jesús se aplicara a sí mismo esa asignación, que implica la noción de sustitución, al mismo tiempo que enuncia que el Hijo del hombre deberá padecer mucho.
El Hijo del hombre y Servidor de Jahvé, Jesucristo representa al pueblo de los santos, al resto de Israel, y al mismo tiempo a todo Israel y a la humanidad entera.
La dominación predicha en Daniel 7:27 al Hijo del hombre, representante del pueblo de los santos, se lleva a cabo por la Iglesia, cuerpo de Cristo.
Por eso el hecho de que la Iglesia esté sometida a su jefe, y que al mismo tiempo sea soberana con El, es más decisivo para el reino de Cristo que la participación de todos los demás miembros en esa soberanía. Por ese los miembros de la Iglesia reinarán con Cristo en el acto final de su reino, a saber, en ese reino milenario Apocalipsis 20:1 y participarán en el juicio pronunciado contra los demás miembros del reino de Cristo 1 Corintios 6:3, es decir, reinarán con Cristo 2 Timoteo 2:12
Así como la caída del primer hombre tuvo consecuencias decisivas para la creación entera, también la existencia de la comunidad humana de la Iglesia es desde ahora decisiva para la creación, recapitulada en el reino de Cristo.
CAPITULO V
LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL REINADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo es, pues, el mayor de los dones de Dios. En la Iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino, esto significa que la Iglesia no es solamente para nosotros el mayor de los dones, sino además la más importante de las tareas. Por eso este cuerpo no está nunca perfecto, sino que ha de crecer “hacia aquel que es la cabeza”
El advenimiento del reino de Dios no depende del número de los miembros de la Iglesia el día fijado por Dios como término del presente eón. Pero no por ello puede dejar la Iglesia de desempeñar el cometido al que está llamada: predicar el evangelio a todo el mundo.
Es verdad que la Iglesia no cesa de trabajar para que aumente la comunidad de los que se saben gobernados por Cristo. La iglesia se manifiesta de una manera particular la realeza de Cristo.
El sufrimiento de la iglesia recuerda la victoria conseguida ya contra esas potencias, y al mismo tiempo significa la promesa de su aniquilamiento definitivo.
Es esencial a la realeza de Cristo que se anuncie esa certeza al mundo. Ningún revés puede desanimar a la Iglesia en su acción, porque el fracaso terreno más total constituye ya el centro de la fe del Nuevo Testamento.
25 de abril de 2008
LA REALEZA DE CRISTO Y LA IGLESIA
EL PROBLEMA
La fe en la realeza que Cristo ejerce actualmente ha encontrado en el Nuevo Testamento su expresión clásica en el Salmo 110 aplicado a Cristo. Le ha conferido Dios a Jesucristo el titulo de “Señor” (Fil. 2,10). Kyrios Cristo reina como rey, “…en El (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las denominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El; el es antes que todo, y todo subsiste con el” (Col 1,16)
Cristo es mediador de la creación al principio, y es también mediador de la nueva creación “al fin de los tiempos
LA EPOCA DEL REINADO DE CRISTO Y LA EPOCA DE LA IGLESIA DE CRISTO
El Reino de Cristo, y la iglesia de Cristo tienen en común su pertenencia a un mismo periodo de tiempo limitado este rasgo las diferencia del reino de Dios
EL PRINCIPIO DEL REINADO DE CRISTO
El comienzo efectivo, la toma de posesión del poder regio tiene lugar en la ascensión.
EL FIN DEL REINADO DE CRISTO
Según Apocalipsis y 1 Cor. 15, 23 ss, la vuelta de Cristo y los acontecimientos escatológicos que dependen de ella inmediatamente se han de considerar como el acto final del reinado de Cristo. “Gobierna a los pueblos con vara de hierro” (12,5; 19,15) y que su nombre es “rey de reyes” y “señor de señores” (19,16).
LA TENSION TEMPORAL DEL REINADO DE CRISTO
Vemos aquí el fundamento de esa patente tensión entre presente y futuro. La realeza de Cristo abarca a la vez el periodo final del Eón actual y el periodo de aparición del Eón futuro.
De ahí que en 1 Pe 3,22, el sometimiento de las potencias hostiles preceda a la ascensión. Cristo sentado a la diestra de Dios “espera” todavía ese sometimiento (Heb 10,13). En Tim 1,10, donde se trata de la victoria sobre la muerte que Cristo ha conseguido en la cruz; e igualmente en 1 Cor. 15,26, que habla de la victoria sobre la muerte. Las “potencias” quedan sometidas a la soberanía de Cristo. Desde luego, Dios es el dueño del tiempo, esta victoria se reserva para un tiempo que sigue desarrollándose.
EL PRINCIPIO DE LA IGLESIA
Cristo Señala el nacimiento de la iglesia. La iglesia nace el día de Pentecostés
EL FIN DE LA IGLESIA
El reino de Cristo tiene su misma duración; dura primeramente todo el último periodo de Eón actual, y luego, con el cumplimiento de su misión última, desemboca en el periodo inicial del Eón futuro, para dejar sitio después al reinado de Dios.
Cristo, volviendo sobre las nubes, será rodeado de los que haya formado su Iglesia en la tierra, en el que los apóstoles se sentaran en los doce tronos (Mt 19,28).
LA TENSIÓN TEMPORAL DE LA IGLESIA
Tal es el fin de la Iglesia, lo mismo que el fin del reinado de Cristo. Por tanto, la iglesia participa también de la tensión temporal entre presente y futuro. Por que su espera se funda en el Espíritu Santo, al que ya posee (ROM 8,23 s).
LA EXTENSION DE LA REALEZA DE CRISTO Y LA EXTENSION DE LA IGLESIA
El término griego realeza: Basileia tiene tres acepciones. 1.- El ejercicio de la soberanía, el gobierno, 2.- el lugar o territorio en que se ejerce esta soberanía, 3.- la comunidad de los gobernados.
EL LUGAR DEL REINADO DE CRISTO
La realeza de Cristo se extiende a la creación entera
El lugar de la realeza actual de Cristo no se limita, por tanto al cielo o al mundo invisible. Cristo reina también en toda la tierra.
LA TENSION ESPACIAL DEL REINO DE CRISTO
El espíritu de Dios actúa ya en la tierra, pero todavía no se ha apoderado de los cuerpos terrenos; solamente al fin los transformara (Rom 8,11.23; 1 Cor 15, 35 SS). Hay que entender así esta restricción:
1) Todo el dominio sobre el que se ejerce la realeza de Cristo está habitado todavía por la carne y la muerte, vencidas ciertamente por Cristo, pero hostiles todavía;
2) Tanto en el cielo como en la tierra, cada una de las partes del reino de Cristo puede emanciparse de nuevo y rechazar la soberanía de Cristo.
EL LUGAR DE LA IGLESIA
El origen y el fin de la Iglesia, su jefe, Cristo están por encima del mundo terrestre; La iglesia es el cuerpo terrestre de Cristo resucitado, el cual, desde la ascensión, esta sentado en el cielo a la diestra de Dios en la plenitud de la gloria del Padre, se designa a Cristo como el jefe, la cabeza, de toda creación y, por tanto, de la Iglesia.
LA TENSION ESPACIAL DE LA IGLESIA
De un lado, es el cuerpo que padece, el cuerpo crucificado, por que participa de un mundo en que la “carne”, el pecado, existen todavía, y en el que las potencias sometidas pueden recobrar su libertad si lo quieren; mas, de otro, es también ya que el cuerpo de la resurrección, puesto que Cristo ha resucitado ya. “Hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo cuerpo”, (1 Cor 12,13). Es algo grave tomar la cena indignamente, “No discierne el cuerpo del señor” (1 Cor 11,27 ss).
La iglesia se compone de hombres que individualmente están todavía en el cuerpo carnal, en el pecado. La respuesta a este problema pondrá plenamente de manifiesto la relación última entre el reino de Cristo y la Iglesia. La Iglesia de Cristo representada el lugar de la tierra, estrictamente limitado, en el que reina Cristo; Cristo, el jefe de toda la creación, la ha escogido para que sea su cuerpo terrestre.
LOS MIEMBROS DEL REINO DE CRISTO Y LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de esta iglesia, debe tener parte de una manera muy particular en su gobierno.
LOS MIEMBROS DEL REINADO DE CRISTO
Ser miembro de un reino implica siempre dos cosas a la vez: primero, ser gobernado; pero también participar en el gobierno.
LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Los miembros de la Iglesia saben todo eso. Saben que Cristo reina; son, pues miembros de ese reino conscientemente.
Por el bautismo (3,27) disfrutan de la promesa que se había hecho a uno solo. Tal es el origen de la iglesia, cuerpo de Cristo, si se le considera en su relación a toda la historia de la redención.
LA MISION DE LA IGLESIA EN EL REINADO DE CRISTO
La iglesia, como cuerpo del mismo Cristo, es, pues, el mayor de los dones de Dios. En la iglesia es donde se nos da el cuerpo de Cristo, el cual representa la piedra angular de su reino; y nosotros mismos, hombres pecadores, somos quienes formamos ese cuerpo. La iglesia no es solamente para nosotros el mayor de los dones, sino además la más importante de las tareas. El primer cometido de la iglesia es la predicación. La iglesia tiene que confirmar a sus propios miembros en esta fe ante todo por la predicción, luego por el bautismo y la cena, por que el fin no llegara hasta que se haya predicado a todos el evangelio (Mc 13,10; Mt 24, 14)
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: “La Realeza de Cristo y la Iglesia”
Autor: Oscar Gullmann
Ediciones: STVDIVM
Resumen completo del libro
Una de las más antiguas confesiones de fe cristianas y que encontramos en la carta de Pablo a los filipenses es: “…por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuando hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”. Cristo reina como rey, y no solo sobre nosotros, criaturas humanas, sino sobre todas las potencias invisibles del cielo, de la tierra y de los abismos. Es soberano de toda la creación, visible e invisible. Cristo es soberano sobre todas las potestades de la creación visible e invisible. Cristo reconcilia con Dios todo cuanto hay en la tierra y todo cuanto hay en los cielos. Cristo es la cabeza del cuerpo de la iglesia. Su reino y la iglesia de Cristo por su misma naturaleza están unidos. La redención del hombre por la muerte de Cristo en la cruz tiene consecuencias para la creación entera. El título de Rey dado a Cristo se aplica también a su soberanía sobre la creación. No puede haber otro Señor que aquel a quien Dios ha dado el nombre que está sobre todo nombre, si fuera así Cristo no reinaría todavía, y no nos quedaría esperanza. Con su muerte y su resurrección Cristo consiguió la victoria sobre las potencias, que ahora le están sometidas de esa forma ha establecido su señorío. El reinado de Cristo ha comenzado con su ascensión y terminará con su vuelta. En el Nuevo Testamento la muerte de Cristo es el hecho central, que encierra en sí todos los acontecimientos, pasados y futuros. El principio de la iglesia. Tiene un principio y un fin, y su duración coincide con la del reino de Cristo. El factor central es el mismo: la muerte de Cristo, que señala el nacimiento de la iglesia. El sacramento del bautismo, por el cual el creyente se convierte en miembro de la iglesia, sirve de medio para la participación del Espíritu. El término griego realeza: Basileia tiene tres aceptaciones: 1) el ejercicio de la soberanía, el gobierno; 2) el lugar o territorio en el que se ejerce esa soberanía; 3) la comunidad de los gobernados. El lugar del reinado de Cristo. La realeza se extiende a la creación entera. El lugar de la iglesia. El mundo terreno, y dentro de ese mundo en una comunidad humana, significa, al contrario, que la iglesia es el centro, el punto vital del reino de Cristo. La iglesia es el cuerpo mismo de Cristo, está sometida a Cristo. Ser miembro del reino de Cristo implica siempre dos cosas a la vez: primero ser gobernado; pero también participar en el gobierno. Los miembros de la iglesia. La salvación: uno va de la multitud al único; es la antigua alianza; el otro va del único a la multitud. La iglesia está bajo la soberanía de Cristo y reina con él, el primer cometido de la iglesia es la predicación del evangelio de Cristo. La predicación del evangelio tiene que durar durante todo el período de la iglesia que va de la ascensión de Cristo hasta su vuelta “y yo estaré con Ustedes hasta el fin del mundo” esto infunde confianza en el redentor y salvador del mundo. Amén.
THE END
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