Fecha: 7 de marzo de 2008.
Materia: NATURALEZA Y MISIÓN DE LA IGLESIA
Maestro: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Agustín Alberto Ceballos Hernández
La Iglesia. El Cuerpo de Cristo Hoy. Ed Hayes
Capítulo 5. La iglesia y el poder del Espíritu Santo.
Los primeros cristianos fueron como incendiarios espirituales que propagaron el fuego inextinguible de la fe. La iglesia tiene mucho que ver con el fuego que enciende pasión por la verdad, que convierte y transforma el escenario de una vida y le permite vivir en el poder del Espíritu Santo.
A través de la historia, desde Pentecostés hasta nuestros días, los mensajeros utilizados por Dios han dependido fielmente del poder del Espíritu Santo para prender fuego a la iglesia. El mártir cristiano Jim Elliot escribió en 1948: “Satúrame del aceite del Espíritu para que sea flama. Pero una llama es pasajera y con frecuencia tiene una vida muy corta. Alma mía, ¿no puedes soportar tener una vida corta? En mí mora el Espíritu de aquel que vivió una vida muy corta y cuyo celo por la casa de Dios le consumía. Flama de Dios, haz que yo sea combustile”.
El establecimiento de la iglesia es la historia del Espíritu Santo convenciendo, transformando, bautizando y llenando a los creyentes. Lo que distingue a la iglesia de otras organizaciones es el Espíritu Santo obrando en su vida y testimonio.
Jesús dijo: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49).
PODER, PODERES Y EL ESPIRITU SANTO
La iglesia de Cristo tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea Dios mismo. Siempre existe la tentación de confiar en el poderío económico, político o militar. Somos propensos a olvidarnos de las palabras de Jesús: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).
EL ESPIRITU SANTO, REGALO DE DIOS
Jesucristo y solo él, es el único que otorga su poder sobrenatural a la iglesia. En repetidas ocasiones aludió a otra “venida”, la del Espíritu Santo (Juan 15:26; 16:7). Cuando el Espíritu venga “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). El Señor prometió enviar al Consolador (14:16), el regalo que el mundo rechazó. Ese regalo procedería del Padre y sería enviado en nombre de Jesús.
El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, procede del Padre y es regalo del Hijo. Él es eterno, y llena y capacita a los creyentes en el cuerpo de Cristo.
Desafortunadamente, en la actualidad muchas iglesias tiende a seguir la cultura popular en vez de depender de la palabra de Dios y del Espíritu poderoso. En su afán de ser contemporáneas, adoptan una cultura eclesiástica que es muy similar al entorno cultural mundano. El menoscabo entonces en los estándares personales de santidad indica que la mundanalidad inunda a la iglesia. El apóstol Juan la define como “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16). Un correctivo eficaz contra la corrosión ocasionada por la cultura prevaleciente es volver a predicar y enseñar la doctrina del Espíritu Santo. Si la iglesia desea recibir la bendición y el poder de Dios, entonces su único estándar tiene que ser la conformidad a Cristo.
Otra gran tentación dentro de la iglesia es el abuso del poder y la búsqueda pecaminosa del mismo. Es posible detectar la simonía (por Simón, el mago que quiso comprar con dinero a los apóstoles, el poder espiritual) en algunas iglesias, el pecado de lograr un puesto eclesiástico mediante fraude o compra. Aún hoy existen modernos charlatanes religiosos que manchan el testimonio del evangelio. Algunos otros pecados que notamos en la iglesia son la arrogancia, el egoísmo y la decadencia moral entre otros.
Como cristianos, debemos rechazar cualquier metodología engañosa o truco ilusorio para ganar adeptos a Cristo, viviendo el evangelio de manera genuina y dependiendo de Dios y de su poder.
EL BAUTISMO EN UN CUERPO, LA IGLESIA
Los creyentes somos bautizados en el Espíritu para así ser colocados en el cuerpo de Cristo. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Este bautismo es diferente del bautismo en agua, aunque los que sostienen un punto de vista sacramental los equiparan. Es importante, de cualquier manera, no confundir esta doctrina con otros ministerios del Espíritu tales como regenerar, morar y llenar.
En el momento de la salvación cada creyente es bautizado por el mismo Espíritu y ese bautismo le coloca en el cuerpo de Cristo. Esta obra del Espíritu tiene tres distintivos:
Es universal, pues todo creyente recibe este bautismo.
Es inclusivo, pues cruza todos los límites étnicos y de género, así como de clase social.
Esta obra divina no se repite, pues ocurre únicamente en el momento de la salvación.
El día de Pentecostés sucedió algo único. Por primera vez, Cristo bautizó a sus discípulos y a muchos otros para que formaran parte de su cuerpo, la iglesia. Desde ese día, al momento que una persona recibe a Cristo para salvación, el Espíritu Santo la bautiza, es decir, la coloca en la iglesia como un miembro del cuerpo de Cristo. La iglesia nació en Pentecostés y a partir de ahí se estableció un vínculo permanente entre ella y el Espíritu Santo. Ese bautismo prepara el terreno para la unidad de los creyentes, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo,...y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Todas las demás doctrinas del Espíritu emanan de esta (la regeneración, el sello, la morada, la llenura, el repartimiento de los dones). Este es el fundamento del servicio fructífero en la iglesia.
Una vez que el Espíritu nos bautizó e hizo su morada en nosotros, nos convertimos e “templo santo en el Señor... morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:21-22).
La iglesia, no el Espíritu Santo, es la huella de Dios sobre la tierra. Sin embargo, solo la iglesia espiritual permite que el Espíritu Santo ejerza su ministerio de ungir con poder. “La posesión del Espíritu Santo es un don, no un logro”.
LA DIVERSIDAD DE CARISMAS
El Espíritu es un don de Cristo para la iglesia, y este a su vez, de dones a la misma. A estos los llamamos charismata, de charis, que significa “gracia”. Por medio de los dones espirituales se hace posible la glorificación de Cristo en la iglesia.
Pablo escribió: “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales” (1 Corintios 12:1) y en Efesios 4:7-8, pasaje clave acerca de los dones, Pablo citó parte del salmo 68:18: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres”.
Algunas características de los dones espirituales son las siguientes:
- Son dados por la gracia de Dios a todos los creyentes (1 Corintios 12:7, Romanos 12:3-8).
- Son para beneficiar a toda la iglesia, no para enriquecimiento individual (1 Corintios 12:7).
- Sólo cumplen su función si el cuerpo se edifica hasta llegar a la unidad de la fe y del cocimiento de Jesucristo. Sólo cumplen su cometido si promueven madurez espiritual en el cuerpo de Cristo (Efesios 4:7-13).
- Se deben ejercer con el fin de edificar a la iglesia (1 Corintios 14:3-5, 12, 26).
- Con el servicio cristiano y el uso adecuado de los dones espirituales, hombres y mujeres son conducidos a creer en Cristo y a obedecer a Dios (Romanos 15:18-19).
- Lo que constituye un charisma no es la forma particular de prestar un servicio, sino la bendición de Dios (2 Corintios 4:7).
- Los dones espirituales son para alabanza y gloria de Dios (1 Pedro 4:11).
Un don espiritual es una capacidad divinamente otorgada. El creyente recibe su poder del Espíritu Santo con el fin de usarlo en el ministerio de la iglesia para lograr los propósitos espirituales que Dios tiene en mente.
Cristo mismo con su regalo de salvación eterna es el mejor don. El don del Espíritu Santo es otro tesoro de la iglesia. Pero entre la diversidad de dones hay uno que pocas veces es considerado como uno de ellos: el amor. En la iglesia, el amor es la senda del poder. Sin amor, todos los demás dones no sirven. Esta es la más grande dádiva que conduce a otros al amor de Dios en Cristo Jesús. Según la declaración de Pablo en 1 Corintios 13:13, el don del amor permanecerá por siempre.
Existen indicios de que los dones se consideran por lo menos desde dos perspectivas diferentes en Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4. En algunos casos, se registra el don en sí; mientras en otros, parece que se hace hincapié en la persona que ejerce el don. En 1 Pedro 4:11 posiblemente se señala otra forma de agruparlos: “Si alguno habla” atañe a dones verbales; y “si alguno ministra”, se refiere a dones de servicio. Otro tipo de catalogación los divide en dones proféticos, sacerdotales, reales, de conocimiento, de poder y de exposición oral de las Escrituras.
He aquí una relación parcial de los dones espirituales:
Profecía
Palabra de sabiduría
Lenguas
Servicio
Palabra de conocimiento
Interpretación de lenguas
Enseñanza
Sanidades
Apóstol
Exhortación
Milagros
Profeta
Ofrendar
Fe
Maestro
Administración
Discernimiento de espíritus
Evangelista
Misericordia
Pastor-maestro
Los creyentes no poseen todos los dones, y no hay un don que todos deban tener. Los dones se otorgan “conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3), de acuerdo a la voluntad divina (1 Corintios 12:11). No hay mandato que anime u obligue a los creyentes a procurar algún don en especial.
Existen características que, estas si efectivamente, debe poseer todo creyente, como lo son la esperanza, la oración o la paciencia.
Algunos sostienen que ciertos dones cesaron en la iglesia primitiva. Los “cesacionistas” basan sus argumentos en la naturaleza del proceso de revelación progresiva. Mientras el canon de la Escritura quedaba inconcluso, ciertos dones servían para autenticar la enseñanza profética y la obra evangelizadora de los apóstoles. Afirman que los dones milagrosos eran “señales” que confirmaban la Palabra. Los que practican los dones de lenguas, sanidades, profecía y, en particular, milagros de sanidad, argumentan contra cualquier distinción entre dones temporales y permanentes. Es este entonces un debate entre carismáticos y no carismáticos.
Nuestra fe debe fundamentarse en las firmes verdades de las Escrituras. Toda experiencia debe juzgarse con la única verdad que es la Palabra de Dios. Debemos seguir creciendo en el conocimiento de Cristo, con toda humildad. Es necesario que nuestros llamados, conclusiones y fallos acerca de los puntos de vista ajenos tengan la meta de conservar la unidad del cuerpo. “Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (14:33).
LA PUREZA DE LA IGLESIA
La pureza de la iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo, en depender de la verdad divina contenida en las Escrituras y en su santidad surgida de la vida en el Espíritu.
Pedro describió así a los cristianos: “ Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). El usó conceptos colectivos: linaje escogido, real sacerdocio y nación santa.
En 1 Pedro 1:15, Pedro aclara que, por naturaleza, el cristiano es santo. Santidad es la virtud principal del pueblo “apartado” que pertenece a Dios. Habiendo sido llamada a la vida nueva en Cristo, la iglesia es “templo santo en el Señor” (Efesios 2:21). Los cristianos hemos de manifestar un carácter moral congruente con los atributos de Dios. Fuimos llamados a vivir una vida santa (2 Timoteo 1:9).
Para describir la santidad de los miembros de la iglesia se usan términos especiales: elegido, amado, santo y amado, fiel y santos. Puesto que se edifican sobre los “santos apóstoles” (Efesios 3:5), deben hacer caso de las “santas Escrituras” (Romanos 1:2).
La santidad fluye de la relación que la iglesia sostiene con la Trinidad: el “Padre santo” (Juan 17:11); Cristo, el “Santo Ser” (Lucas 1:35); también llamado el “Santo y... Justo” Hechos 3:14; y el “Santo de Dios”, Marcos 1:24); y el Espíritu Santo (que es el título más común de la tercera persona de la Trinidad).
La iglesia tiene que ser santa y reflejar la santidad de Dios. En la santificación, el Espíritu Santo auxilia a los creyentes a crecer en su semejanza a Cristo. Lo que determina la santidad es la relación personal con Dios, la ética basada en la revelación divina, la devoción a Dios tanto en lo interno como en lo externo, la adoración genuina en espíritu y verdad y el hacer la voluntad de Dios sobre la tierra.
Otro tema básico en la iglesia es el sacerdocio de todos los creyentes. Este refleja las dos dimensiones de la vida: el acceso directo a Dios y el servicio al prójimo. En el modelo del creyente-sacerdote, la oración y adoración se vinculan con el servicio y el ministerio de la Biblia.
El concepto de una iglesia compuesta exclusivamente de creyentes es muy evidente en la tradición bautista. Sus convicciones: el bautismo de los creyentes, el gobierno congregacional, la libertad individual, el voluntarismo, la separación del mundo, la misión y el testimonio, la disciplina eclesiástica, la aceptación del gobierno civil y el rechazo a la sucesión sacerdotal o apostólica.
La iglesia es una comunidad espiritual que se caracteriza por la piedad de vida, la apertura a la dirección del Espíritu Santo, el ministerio de los laicos, el rechazo de credos externos y el punto de vista no sacramental de las ordenanzas.
La iglesia es un pueblo peregrino. Su fidelidad es para el Señor, cuyos métodos no son de este mundo. Pero su testimonio es para el mundo y se da en él. La iglesia se empeña en dar a conocer a Cristo a través de las vidas de los creyentes y el mensaje del evangelio. Por eso es de suma importancia que el carácter del creyente se conforme al mensaje de verdad.
La santidad no es misticismo, ni una apariencia de conducta correcta aplicada a un fariseísmo inherente. La santidad requiere de una genuina pureza de vida, vivir en el temor al Señor (2 Corintios 7:1), obediencia a la Palabra y perseverancia en el servicio.
La iglesia debe encontrar el poder no en fuentes seculares artificiales –estructuras políticas, sociales o corporativas– sino en Dios y solo en Él. Este poder se transmite a la iglesia por medio de Cristo, que es su cabeza, por la Palabra de Dios y por el Espíritu Santo
viernes, 7 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
19 comentarios:
5 LA IGLESIA Y EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
La iglesia está en excelentes condiciones cuando sólo Dios es su sostén
- Blaise Pascal
Los primeros cristianos, incendiarios espirituales que propagaron el fuego inextinguible de la fe.
La iglesia mucho que ver con el fuego. El Señor pregunto: “¿no es mi palabra como fuego?” (Jeremías 23:29)”yo pongo mis palabras en tu boca por fuego” (5:14) “entonces su palabra en mi interior se vuelve un fuego ardiente que me cala hasta los huesos” (20:9, nueva versión internacional). El Señor dijo que los hizo espíritus y llamas de fuego (Hebreos 1:7). “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? “(Lucas 24:32).
A través de la historia, desde Pentecostés hasta el presente; los mensajeros utilizados de Dios fielmente han dependido del poder del Espíritu Santo para prender fuego a la iglesia .La historia del avance del evangelio es la historia del fuego de Dios sobre la tierra.” Su poder no es igual a su tarea “describe la realidad de nuestra dependencia de poder divino.
PODER, PODERES Y ESPIRITU SANTO
Unas de las características del s XX fue la obsesión por el poder. Esto es una manifestación de la pecaminosidad humana. La iglesia de Cristo tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea Dios mismo.
EL ESPIRITU SANTO, REGALO DE CRISTO
Jesucristo es quien otorga su poder sobre natural a la iglesia. El Espíritu Santo, regalo de cristo es una joya poco común y merece nuestra excelsa alabanza.
La amenaza de la mundanalidad
En su afán de ser contemporáneas, muchas iglesias adoptan una cultura eclesiástica que es muy similar al entorno cultural mundano. Un correctivo que puede frenar la corrosión ocasionada por la cultura prevaleciente es volver a predicar y enseñar la doctrina del Espíritu Santo
La tentación de abusar el poder
El nuevo testamento narra dos acontecimientos que revelan el uso del poder con fines egoístas. El engaño de Ananias y Safira , en Hechos 5, y la astucia de Simón el mago, en Hechos 8 , son dos buenas ilustraciones de la pecaminosa búsqueda del poder. Mentir al Espíritu es mentir a Dios (5:3-4). Anahias y Safira violaron la confianza de la iglesia y pecaron contra Dios el Espíritu Santo. El pecado de Simón consistió en ofrecer dinero para comprar el poder espiritual. Hoy existen modernos charlatanes religiosos que manchan el testimonio del evangelio.
EL BAUTISMO EN UN CUERPO, LA IGLESIA
La Biblia enseña que en la época de la iglesia los creyentes son bautizados en el Espíritu Santo para ser colocados en el cuerpo de Cristo. Las Escrituras enseñan que el bautismo en agua es requisito para los creyentes, como acto de obediencia. Esta obra del Espíritu tiene tres distintivos:
1.- Es universal
2.- Es inclusivo
3.- Esta obra divina no se repite.
La iglesia nació en Pentecostés y a partir de ahí se estableció un vinculó permanente entre ella y el Espíritu Santo. Ser cristiano es ser bautizado en el Espíritu Santo. “La posesión del Espíritu Santo es don, no logro”.
LA DIVERSIDAD DE CARISMAS
EL Espíritu es un don de Cristo para la iglesia. A su vez, el Espíritu da dones a la misma. Los dones espirituales son evidencia de la gracia de Dios.
El propósito de los dones espirituales.
Un don espiritual es una capacidad divinamente otorgada.
El don de dones en la iglesia
Cuando la iglesia valora a Cristo sobre todas las cosas, puede esperar que Dios derrame sus bendiciones. En la iglesia, el amor es la senda del poder.
Los dones del Espíritu Santo
He aquí, una relación parcial de los dones espirituales:
Profecía
Servicio
Enseñanza
Exhortación
Etc.
Los creyentes no poseen todos los dones, y no hay un don que todos deben tener. Los dones se otorgan “conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3). Nuestra fe debe fundamentarse en las firmes verdades de las escrituras. Toda experiencia debe juzgarse con la verdad.
LA PUREZA DE LA IGLESIA
La pureza de la iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo.
La santidad y el pueblo especial de Dios
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncies las virtudes de aquel que os llamo de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Para describir la santidad de los miembros de la iglesia se usan términos especiales: elegido, amado, santo y amado, fiel y santos. Lo que determina la santidad es la relación personal con Dios.
El sacerdocio real
El sacerdocio universal de los creyentes refleja las dos dimensiones de la vida: el acceso directo a Dios y el servicio al prójimo. Los miembros del “real sacerdocio”, para usar la designación de Pedro (1Pedro 2:9), consideran que, sobre todo, la iglesia es una comunidad espiritual (“sacerdocio santo”, 2:5).
La practica de la santidad en la iglesia
La iglesia se empeña en dar a conocer a Cristo a través de las vidas de los creyentes y el mensaje del evangelio. Por tanto, es de suma importancia que el carácter del creyente se conforme al mensaje de verdad.
SEMINARIO TEOLÓGICO BAUTISTA “CAMPUS HOREB”
MATERIA: Naturaleza y Misión de la Iglesia
TAREA: Resumen del libro LA IGLESIA EL CUERPO DE CRISTO
PROFESOR: Rafael Pola Baca
ALUMNO: Carlos Monjaras Mirón
CAPITULO 5 LA IGLESIA Y EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
La iglesia está en excelentes condiciones cuando sólo Dios es su sostén.
La gente que s apasiona por una causa puede crear conflictos difíciles de controlar. Como pirómano frente a madera seca, esas personas prenden fuegos que con frecuencia no pueden controlar. Pero viéndolo desde otra perspectiva, a veces discurren buenas estrategias. Así eran los primeros cristianos, incendiarios espirituales que propagaron el fuego inextinguible de la fe.
La iglesia tiene mucho que ver con el fuego. No del tipo que consume bosques y destruye vidas, sino el que enciende pasión por la verdad, que convierte y transforma el escenario de una vida y le permite vivir en el poder del Espíritu Santo. El Señor preguntó: “¿No es mi palabra como fuego?” (Jeremías 23:29)
Cuando el fuego pentecostal cayó sobre los discípulos, se transformaron de tímidos y renuentes aprendices en valientes y denodados testigos de la resurrección de Cristo.
A través de la historia, desde Pentecostés hasta el presente, los mensajeros utilizados por Dios fielmente han dependido del poder del Espíritu Santo para prender fuego a la iglesia.
En realidad, el establecimiento de la iglesia es la historia del poder espiritual en operación; el poder del Espíritu Santo convenciendo, transformando, bautizando y llenando a los creyentes. Lo que distingue a la iglesia de otras organizaciones es el Espíritu Santo obrando en su vida y testimonio. Hoy en día necesita refrescarse con el poder divino que sólo viene de Él.
PODER, PODERES Y EL ESPÍRITU SANTO
Una de las características del s. XX fue la obsesión por el poder. Presenciamos el surgimiento del poder nazi para después verlo menguar y ser destruido. El estado totalitario que ejemplificó el colectivismo marxista tuvo setenta años de gloria antes de desmoronarse.
La iglesia tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea Dios mismo.
EL ESPIRITU SANTO, REGALO DE CRISTO
Jesucristo es quien otorga su poder sobrenatural a la iglesia. En repetidas ocasiones aludió a otra “venida”, la del Espíritu Santo (Juan 15:26; 16:7). Cuando el Espíritu venga, escribió Juan, “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (16:8). Jesús describió esa “Venida” como un regalo que cumpliría la promesa de la presencia y poder del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, regalo de Cristo, es una joya poco común y merece nuestra excelsa alabanza.
La amenaza de la mundanalidad
En nuestros días, la palabra mundanalidad ha caído en desuso. Ha perdido popularidad porque se asocia con el separatismo legalista del s. XX. Infortunadamente, en nuestras iglesias la mundanalidad está viva y muy activa. El menoscabo en los estándares personales de santidad indica que la mundanalidad inunda a la iglesia. Con demasiada frecuencia los creyentes se caracterizan por los deseos pecaminosos, las miradas lascivas y la jactancia arrogante, que son prácticas mundanas. Un correctivo que puede frenar la corrosión ocasionada por la cultura prevaleciente es volver a predicar y enseñar la doctrina del Espíritu Santo. Si nos limitamos a cantar estribillos de una sola línea para alabar al Espíritu, entonces adoramos sin comprender la forma en que el Espíritu y las Escrituras trabajan en armonía
La tentación de abusar del poder
Sea dentro de la sociedad o en la iglesia, el poder trae grandes tentaciones. El Nuevo Testamento narra dos acontecimientos que revelan el uso del poder con fines egoístas. El engaño de Ananías y Safira, en Hechos 5, y la astucia de Simón el mago, en
Hechos 8. De vez en cuando, en la iglesia se levanta la fea cabeza de la simonía, el pecado de lograr un puesto eclesiástico mediante fraude o compra. El poder espiritual no se puede comprar ni falsificar. La gran tarea de la iglesia cristiana es vivir el evangelio de manera genuina, dependiendo sólo de Dios y de su poder. Como cristianos, debemos rechazar cualquier metodología engañosa o truco ilusorio para ganar adeptos para Cristo.
EL BAUTISMO EN UN CUERPO, LA IGLESIA
Reconocemos que algunos cristianos han debatido sobre la interpretación del bautismo espiritual y el de agua. Los que apoyan el bautismo de los creyentes consideran que las Escrituras enseñan que el bautismo en agua es requisito para los creyentes, como acto de obediencia. Otros insisten en que es esencial para la salvación. En el momento de la salvación, cada creyentes es bautizado por el mismo Espíritu y ese bautismo le coloca en el cuerpo de Cristo. Una vez que el Espíritu nos bautizó e hizo su morada en nosotros, nos convertimos en “templo santo en el Señor… morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:21-22).
El bautismo en el Espíritu no se basa en la experiencia. Lo que sucedió el día de Pentecostés no es normativo para el día de hoy. El Señor sigue haciendo su callada obra por su Espíritu a través de Cristo: colocar a las personas en su cuerpo.
LA DIVERSIDAD DE CARISMAS
Al darnos la salvación, la gracia de Dios nos asegura la entrada a la gloria y, por medio de los dones espirituales, hace posible la glorificación de Cristo en la iglesia.
- Los dones espirituales son daos por la gracia de Dios a todos los creyentes 1 Cor. 12:7
- Esos dones son para beneficiar a toda la iglesia, no para enriquecimiento individual
- Los dones espirituales sólo cumplen su función si el cuerpo se edifica hasta llegar a la unidad de la fe y del conocimiento de Jesucristo.
- Se deben ejercer con el fin de edificar a la iglesia
- Con el servicio cristiano y el uso adecuado de los dones espirituales, hombres y mujeres son conducidos a creer en Cristo y a obedecer a Dios (Rom. 15:18-19).
- Lo que constituye un charisma no es la forma particular de prestar un servicio, sino la bendición de Dios.
- Los dones espirituales son para alabanza y gloria de Dios (1 Pedro 4:11)
Concluimos que un don espiritual es una capacidad divinamente otorgada. El creyente recibe su poder del Espíritu Santo con el fin de usarlo en el ministerio de la iglesia para lograr los propósitos espirituales que Dios tiene en mente.
El don de dones en la iglesia
El espíritu que Cristo envió otorga a su vez los dones a la iglesia para el servicio fructífero. Entre la gran diversidad de dones hay uno que pocas veces es considerado como uno de ellos. Hablo del don de amor. En la iglesia es la senda del poder. Si hace falta amor, todos los otros dones no sirven (13:1-3). Esta es la más grande dádiva que conduce a otros al amor de Dios en Cristo Jesús. El poder de Dios se desplegará de acuerdo al grado en que los creyentes manifiesten amor genuino unos a otros, al mundo perdido en la incredulidad y a sus enemigos.
Los dones del Espíritu Santo
¿Cuántos dones espirituales existen? El Nuevo Testamento proporciona varias listas que hasta cierto grado difieren entre sí. Hay ciertos indicios de que los dones se consideran por lo menos desde dos perspectivas diferentes en Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4.
He aquí, una relación parcial de los dones espirituales:
profecía milagros
servicio fe
enseñanza discernimiento de espíritus
exhortación lenguas
ofrendar interpretación de lenguas
administración apóstol
misericordia profeta
palabra de sabiduría maestro
palabra de conocimiento evangelista
sanidades pastor-maestro
Los creyentes no poseen todos los dones, y no hay un don que todos deban tener. Los dones se otorgan”conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3), es decir, de acuerdo a la voluntad divina (1 Corintios 12:11).
LA PUREZA DE LA IGLESIA
la pureza de la iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo, en depender de la verdad divina contenida en las Escrituras y en su santidad surgida de la vida en el Espíritu. En esencia, éste es el resumen de la enseñanza acerca del señorío de Cristo, la palabra de Dios y el Espíritu.
La santidad y el pueblo especial de Dios
Pedro describió la singularidad de los cristianos en 1 Pedro 2:9. Los términos que Pedro ocupó nos llevan más allá del cristianismo individual. El uso conceptos colectivos: linaje escogido, real sacerdocio y nación santa. Con esas imágenes que tomó prestadas del Antiguo Testamento, pintó el cuadro de la singularidad de la iglesia
Alos cristianos se nos llama “santos”, por lo tanto, hemos de manifestar un carácter moral congruente con los atributos de Dios. Fuimos llamados a vivir una vida santa (2 Timoteo 1:9).
Lo que determina la santidad es la relación personal con Dios, la ética basada en la revelación divina, la devoción a Dios tanto en lo interno como en lo externo, la adoración genuina en espíritu y verdad y el hacer la voluntad de Dios sobre la tierra.
El sacerdocio real
El sacerdocio universal de los creyentes refleja las dos dimensiones de la vida: el acceso directo a Dios y el servicio al prójimo. En el modelo del creyente-sacerdote, la oración y adoración se vinculan con el servicio y el ministerio de la Biblia.
Los miembros del “real sacerdocio”, para usar la designación de Pedro (1 Pedro 2:9), consideran que, sobre todo, la iglesia es una comunidad espiritual (“sacerdocio santo” 2:5). Así que las señales de ese movimiento son la piedad de vida, la apertura a la dirección del Espíritu Santo, el ministerio de los laicos, el rechazo de credos externos y el punto de vista no sacramental de las ordenanzas.
La práctica de la santidad en la iglesia
La iglesia es un pueblo peregrino. Su fidelidad es para el Señor, cuyos métodos no son de este mundo. Pero su testimonio es para el mundo y se da en él. La iglesia se empeña en dar a conocer a Cristo a través de las vidas de los creyentes y el mensaje del evangelio. Por tanto, es de suma importancia que el carácter del creyente se conforme al mensaje de verdad.
La santidad requiere de una genuina pureza de vida, vivir en temor al Señor (2 Corintios 7:1), obediencia a la palabra y perseverancia en el servicio.
Muchas iglesia, debilitadas por la falta de santidad, buscan en vano medios artificiales para realizar la obra del Señor. En vez de buscar el poder en fuentes seculares- estructuras políticas, sociales o corporativas- los creyentes debemos reconocer que a fin de cuentas el poder se encuentra en Dios y por el Espíritu Santo.
LECCION 5.
LA IGLESIA Y EL PODER DEL ESPIRITU SANTO.
La iglesia tiene mucho que ver con el fuego. No del tipo que consume bosques y destruye vidas, sino el que enciende pasión por la verdad, que convierte y transforma el escenario de una vida y le permite vivir en el poder del Espíritu Santo.
Cuando el fuego pentecostal cayó sobre los discípulos, se transformaron de tímidos a renuentes aprendices en valientes y denodados testigos de la resurrección de Cristo.
En el camino a Meaux los discípulos fueron tocados por el fuego de la verdad que Jesús les compartió.
El mensaje del Señor ha sido un fuego ardiente dentro de mis huesos y mi corazón; y no lo he podido soportar, pero he sido constreñido a hablar, porque me siento todo quemado y todo inflamado por el Espíritu del Señor.
La grandeza de la iglesia no depende de nosotros, depende del poder divino.
PODER, PODERES Y EL ESPIRITU SANTO.
La iglesia de Cristo tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea de Dios mismo. Siempre hay la tentación de confiar en el poderío militar o político.
Jesucristo es quien otorga su poder sobrenatural a la iglesia. En repetidas ocasiones aludió a otra “venida”, la del Espíritu Santo.
El Señor prometió a los discípulos enviar al Consolador.
El Espíritu Santo es más que un poder o una fuerza impersonal. Es la tercera persona de la Trinidad, procede del Padre y es regalo del Hijo. Él es eterno, y llena y capacita a los creyentes en el cuerpo de Cristo.
La tentación de abusar el poder.
Después del escándalo de Watergate, el sistema político norteamericano fue testigo del inmenso poder que tenía un puñado de hombres fieles al presidente. Sea dentro de la sociedad o en la iglesia, el poder trae grandes tentaciones.
El Nuevo Testamento narra dos acontecimientos que revelan el uso del poder con fines egoístas. El engaño de Ananías y Safira, y la astucia de Simón el mago.
El caso de Ananías y Safira contrasta de manera obvia con la generosidad de Bernabé.
Esa no fue una leve ofensa o un evento sin importancia. En las crónicas del Espíritu Santo ese engaño se llama pecado, no sólo contra la comunidad sino también contra Dios.
El pecado de Simón consistió en ofrecer dinero para comprar el poder espiritual. Pedro, con palabras bastantes severas, lo reprendió y le instó a arrepentirse de su maldad.
El poder espiritual no se puede comprar ni falsificar. La gran tarea de la iglesia cristiana es vivir el evangelio de manera genuina.
EL BAUTIOSMO EN UN CUERPO, LA IGLESIA.
Algunos cristianos han debatido sobre la interpretación del bautismo espiritual y el del agua. Los carismáticos los ven como diferentes, e insisten en que el bautismo del Espíritu es una obra divina en el corazón después de la conversión. Los qu apoyan el bautismo de los creyentes consideran que las Escrituras enseñan que el bautismo en agua es requisito para los creyentes, como acto de obediencia. Otros insisten en que es esencial para la salvación.
El propósito de este capítulo no es exponer en detalle cada uno de los puntos de vista. El objetivo más bien, sencillamente es presentar las diferencias entre los desusos del término bautismo en Espíritu.
En el momento en que uno acepta a Cristo como Señor y salvador es bautizado por el Espíritu Santo y ese bautismo lo hace ser parte del cuerpo de Cristo. La primera vez que Cristo bautizó a sus discípulos con el Espíritu Santo fue en el día de pentecostés. Nosotros ya no tenemos que esperar un derramamiento como ese puesto que en el momento que aceptamos a Cristo somos bautizados. Una vez que el Espíritu nos ha bautizado hace su morada en nosotros y nos convertimos es templos del Espíritu Santo.
LA DIVERSIDAD DE CARISMAS
El propósito de los dones espirituales es capacitarnos para servir mejor a nuestro Señor. Estos dones son dados por la gracia de Dios a todos los creyentes en Cristo Jesús, son para beneficiar a toda la iglesia (no para enriquecimiento personal).
Los dones espirituales cumplen su función si el cuerpo se edifica hasta llegar a la unidad de la fe y del conocimiento amplio de nuestro Señor Jesucristo, los dones se deben ejercer con el fin de edificar, animar y consolar a la iglesia, son dados para alabanza y gloria de Dios. En general en las iglesias el amor es la senda del poder, si hace falta clamor todos los demás dones no sirven.
¿Cuántos dones espirituales existen? aquí tenemos una relación parcial de los dones espirituales:
Profecía Milagros
Servicio fe
Enseñanza discernimiento de espíritus
Exhortación lenguas
Ofrendar interpretación de lenguas
Administración apóstol
Misericordia profeta
Palabra de sabiduría maestro
Palabra de conocimiento evangelista
Sanidades pastor-maestro
Ningún creyente posee todos los dones, tampoco hay un don que todos deban tener. Estos se otorgan “conforme a la medida de la fe que Dios ha repartido a cada uno Romanos 12:3. Todos los dones se acabarán pero el don del amor permanecerá para siempre.
LA PUREZA DE LA IGLESIA
La pureza de la iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo, en depender de la verdad divina contenida en loas Escrituras. A los cristianos se nos llama “santos” por lo que debemos mostrar un carácter moral que vaya de acuerdo con los atributos de Dios porque nos llamó a vivir en santidad, para describir esa santidad de los miembros de una iglesia se usan diferentes términos y muy especiales: elegido, amado, santo y amado, fiel y santos.
L santidad se puede abordar de varias maneras, una es teológica otra es histórica. La santidad también puede investigarse en base a las experiencias, también puede abordarse a partir de una combinación de varios hilos de la vida y el pensamiento que en la actualidad se denomina espiritualidad.
El sacerdocio real.
El sacerdocio universal en los creyentes refleja dos dimensiones de la vida: acceso directo a Dios y servicio al prójimo. En el modelo del creyente, la oración y adoración se vinculan con el servicio y el ministerio de la Biblia.
La práctica de la santidad en la iglesia.
La iglesia es un pueblo peregrino, pues sólo va de paso su verdadera morada es en el reino de los cielos. Su fidelidad es para el Señor, cuyos métodos no son de este mundo. Pero su testimonio es para el mundo. La misión de la iglesia es dar a conocer a Cristo a través de las vidas redimidas de los creyentes y el mensaje salvador del evangelio. La iglesia que vive en obediencia a la palabra de Dios trabaja para mantener la armonía y la unidad. Hacer las pases es su patrón de vida, lograr la unidad es su meta y vivir en santidad su estilote vida. Para la iglesia la santidad no es algo místico ni una apariencia de santidad solamente. Muchas iglesias, debilitadas por la falta de santidad buscan en vano medios artificiales para realizar la obra que el Señor puso en sus manos pero nosotros sabemos que sólo a través de la santidad se logrará porque la palabra dice (sin santidad nadie verá a Dios).
SEMINARIO TEOLÓGICO BAUTISTA “CAMPUS HOREB”
MATERIA: Naturaleza y Misión de la Iglesia
TAREA: Resumen del libro LA IGLESIA EL CUERPO DE CRISTO
PROFESOR: Rafael Pola Baca
ALUMNO: Carlos Monjaras Mirón
CAPITULO 5 LA IGLESIA Y EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
La iglesia está en excelentes condiciones cuando sólo Dios es su sostén.
La gente que s apasiona por una causa puede crear conflictos difíciles de controlar. Como pirómano frente a madera seca, esas personas prenden fuegos que con frecuencia no pueden controlar. Pero viéndolo desde otra perspectiva, a veces discurren buenas estrategias. Así eran los primeros cristianos, incendiarios espirituales que propagaron el fuego inextinguible de la fe.
La iglesia tiene mucho que ver con el fuego. No del tipo que consume bosques y destruye vidas, sino el que enciende pasión por la verdad, que convierte y transforma el escenario de una vida y le permite vivir en el poder del Espíritu Santo. El Señor preguntó: “¿No es mi palabra como fuego?” (Jeremías 23:29)
Cuando el fuego pentecostal cayó sobre los discípulos, se transformaron de tímidos y renuentes aprendices en valientes y denodados testigos de la resurrección de Cristo.
A través de la historia, desde Pentecostés hasta el presente, los mensajeros utilizados por Dios fielmente han dependido del poder del Espíritu Santo para prender fuego a la iglesia.
En realidad, el establecimiento de la iglesia es la historia del poder espiritual en operación; el poder del Espíritu Santo convenciendo, transformando, bautizando y llenando a los creyentes. Lo que distingue a la iglesia de otras organizaciones es el Espíritu Santo obrando en su vida y testimonio. Hoy en día necesita refrescarse con el poder divino que sólo viene de Él.
PODER, PODERES Y EL ESPÍRITU SANTO
Una de las características del s. XX fue la obsesión por el poder. Presenciamos el surgimiento del poder nazi para después verlo menguar y ser destruido. El estado totalitario que ejemplificó el colectivismo marxista tuvo setenta años de gloria antes de desmoronarse.
La iglesia tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea Dios mismo.
EL ESPIRITU SANTO, REGALO DE CRISTO
Jesucristo es quien otorga su poder sobrenatural a la iglesia. En repetidas ocasiones aludió a otra “venida”, la del Espíritu Santo (Juan 15:26; 16:7). Cuando el Espíritu venga, escribió Juan, “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (16:8). Jesús describió esa “Venida” como un regalo que cumpliría la promesa de la presencia y poder del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, regalo de Cristo, es una joya poco común y merece nuestra excelsa alabanza.
La amenaza de la mundanalidad
En nuestros días, la palabra mundanalidad ha caído en desuso. Ha perdido popularidad porque se asocia con el separatismo legalista del s. XX. Infortunadamente, en nuestras iglesias la mundanalidad está viva y muy activa. El menoscabo en los estándares personales de santidad indica que la mundanalidad inunda a la iglesia. Con demasiada frecuencia los creyentes se caracterizan por los deseos pecaminosos, las miradas lascivas y la jactancia arrogante, que son prácticas mundanas. Un correctivo que puede frenar la corrosión ocasionada por la cultura prevaleciente es volver a predicar y enseñar la doctrina del Espíritu Santo. Si nos limitamos a cantar estribillos de una sola línea para alabar al Espíritu, entonces adoramos sin comprender la forma en que el Espíritu y las Escrituras trabajan en armonía
La tentación de abusar del poder
Sea dentro de la sociedad o en la iglesia, el poder trae grandes tentaciones. El Nuevo Testamento narra dos acontecimientos que revelan el uso del poder con fines egoístas. El engaño de Ananías y Safira, en Hechos 5, y la astucia de Simón el mago, en
Hechos 8. De vez en cuando, en la iglesia se levanta la fea cabeza de la simonía, el pecado de lograr un puesto eclesiástico mediante fraude o compra. El poder espiritual no se puede comprar ni falsificar. La gran tarea de la iglesia cristiana es vivir el evangelio de manera genuina, dependiendo sólo de Dios y de su poder. Como cristianos, debemos rechazar cualquier metodología engañosa o truco ilusorio para ganar adeptos para Cristo.
EL BAUTISMO EN UN CUERPO, LA IGLESIA
Reconocemos que algunos cristianos han debatido sobre la interpretación del bautismo espiritual y el de agua. Los que apoyan el bautismo de los creyentes consideran que las Escrituras enseñan que el bautismo en agua es requisito para los creyentes, como acto de obediencia. Otros insisten en que es esencial para la salvación. En el momento de la salvación, cada creyentes es bautizado por el mismo Espíritu y ese bautismo le coloca en el cuerpo de Cristo. Una vez que el Espíritu nos bautizó e hizo su morada en nosotros, nos convertimos en “templo santo en el Señor… morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:21-22).
El bautismo en el Espíritu no se basa en la experiencia. Lo que sucedió el día de Pentecostés no es normativo para el día de hoy. El Señor sigue haciendo su callada obra por su Espíritu a través de Cristo: colocar a las personas en su cuerpo.
LA DIVERSIDAD DE CARISMAS
Al darnos la salvación, la gracia de Dios nos asegura la entrada a la gloria y, por medio de los dones espirituales, hace posible la glorificación de Cristo en la iglesia.
- Los dones espirituales son daos por la gracia de Dios a todos los creyentes 1 Cor. 12:7
- Esos dones son para beneficiar a toda la iglesia, no para enriquecimiento individual
- Los dones espirituales sólo cumplen su función si el cuerpo se edifica hasta llegar a la unidad de la fe y del conocimiento de Jesucristo.
- Se deben ejercer con el fin de edificar a la iglesia
- Con el servicio cristiano y el uso adecuado de los dones espirituales, hombres y mujeres son conducidos a creer en Cristo y a obedecer a Dios (Rom. 15:18-19).
- Lo que constituye un charisma no es la forma particular de prestar un servicio, sino la bendición de Dios.
- Los dones espirituales son para alabanza y gloria de Dios (1 Pedro 4:11)
Concluimos que un don espiritual es una capacidad divinamente otorgada. El creyente recibe su poder del Espíritu Santo con el fin de usarlo en el ministerio de la iglesia para lograr los propósitos espirituales que Dios tiene en mente.
El don de dones en la iglesia
El espíritu que Cristo envió otorga a su vez los dones a la iglesia para el servicio fructífero. Entre la gran diversidad de dones hay uno que pocas veces es considerado como uno de ellos. Hablo del don de amor. En la iglesia es la senda del poder. Si hace falta amor, todos los otros dones no sirven (13:1-3). Esta es la más grande dádiva que conduce a otros al amor de Dios en Cristo Jesús. El poder de Dios se desplegará de acuerdo al grado en que los creyentes manifiesten amor genuino unos a otros, al mundo perdido en la incredulidad y a sus enemigos.
Los dones del Espíritu Santo
¿Cuántos dones espirituales existen? El Nuevo Testamento proporciona varias listas que hasta cierto grado difieren entre sí. Hay ciertos indicios de que los dones se consideran por lo menos desde dos perspectivas diferentes en Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4.
He aquí, una relación parcial de los dones espirituales:
profecía milagros
servicio fe
enseñanza discernimiento de espíritus
exhortación lenguas
ofrendar interpretación de lenguas
administración apóstol
misericordia profeta
palabra de sabiduría maestro
palabra de conocimiento evangelista
sanidades pastor-maestro
Los creyentes no poseen todos los dones, y no hay un don que todos deban tener. Los dones se otorgan”conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3), es decir, de acuerdo a la voluntad divina (1 Corintios 12:11).
LA PUREZA DE LA IGLESIA
la pureza de la iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo, en depender de la verdad divina contenida en las Escrituras y en su santidad surgida de la vida en el Espíritu. En esencia, éste es el resumen de la enseñanza acerca del señorío de Cristo, la palabra de Dios y el Espíritu.
La santidad y el pueblo especial de Dios
Pedro describió la singularidad de los cristianos en 1 Pedro 2:9. Los términos que Pedro ocupó nos llevan más allá del cristianismo individual. El uso conceptos colectivos: linaje escogido, real sacerdocio y nación santa. Con esas imágenes que tomó prestadas del Antiguo Testamento, pintó el cuadro de la singularidad de la iglesia
Alos cristianos se nos llama “santos”, por lo tanto, hemos de manifestar un carácter moral congruente con los atributos de Dios. Fuimos llamados a vivir una vida santa (2 Timoteo 1:9).
Lo que determina la santidad es la relación personal con Dios, la ética basada en la revelación divina, la devoción a Dios tanto en lo interno como en lo externo, la adoración genuina en espíritu y verdad y el hacer la voluntad de Dios sobre la tierra.
El sacerdocio real
El sacerdocio universal de los creyentes refleja las dos dimensiones de la vida: el acceso directo a Dios y el servicio al prójimo. En el modelo del creyente-sacerdote, la oración y adoración se vinculan con el servicio y el ministerio de la Biblia.
Los miembros del “real sacerdocio”, para usar la designación de Pedro (1 Pedro 2:9), consideran que, sobre todo, la iglesia es una comunidad espiritual (“sacerdocio santo” 2:5). Así que las señales de ese movimiento son la piedad de vida, la apertura a la dirección del Espíritu Santo, el ministerio de los laicos, el rechazo de credos externos y el punto de vista no sacramental de las ordenanzas.
La práctica de la santidad en la iglesia
La iglesia es un pueblo peregrino. Su fidelidad es para el Señor, cuyos métodos no son de este mundo. Pero su testimonio es para el mundo y se da en él. La iglesia se empeña en dar a conocer a Cristo a través de las vidas de los creyentes y el mensaje del evangelio. Por tanto, es de suma importancia que el carácter del creyente se conforme al mensaje de verdad.
La santidad requiere de una genuina pureza de vida, vivir en temor al Señor (2 Corintios 7:1), obediencia a la palabra y perseverancia en el servicio.
Muchas iglesia, debilitadas por la falta de santidad, buscan en vano medios artificiales para realizar la obra del Señor. En vez de buscar el poder en fuentes seculares- estructuras políticas, sociales o corporativas- los creyentes debemos reconocer que a fin de cuentas el poder se encuentra en Dios y por el Espíritu Santo.
SEMINARIO TEOLOGICO BAUTISTA “CAMPUS HOREB”
MATERIA: NATURALEZA Y MISION DE LA IGLESIA
PROFESOR: RAFAEL POLA BACA
ALUMNO: CARLOS MONJARAS MIRON
TAREA: RESUMEN DEL LIBRO “VIDA EN COMUNIDAD”
El autor nos muestra en su libro que como hijos de Dios no podemos ni debemos vivir aislados, sino en una comunidad ya sea inconversa o de creyentes donde más debemos desarrollar la vida en común.
La comunidad cristiana
Comunidad cristiana significa comunión en Jesucristo y por Jesucristo. En primer lugar, Jesucristo es el que fundamenta le necesidad que los creyentes tienen unos de otros; en segundo lugar solo Jesucristo hace posible su comunión y, finalmente Jesucristo nos ha elegido desde toda la eternidad para que nos acojamos durante nuestra vida y nos mantengamos unidos siempre.
El cristiano ya no vive por sí mismo, de su autoacusación y su autojustificación, sino de la acusación y justificación que provienen de Dios. Dios ha querido que busquemos y hallemos su palabra en el testimonio del hermano.
En una palabra, la comunidad cristiana es obra solamente de Jesucristo y de su justicia. Los hombres están divididos por la discordia. Pero “Jesucristo es nuestra paz”. Sin él no hay discordia entre los hombres y entre estos y Dios. Cristo es el mediador entre Dios y los hombres. Sin él, no podríamos conocer a Dios, ni invocarle, ni llegarnos a él; tampoco podríamos reconocer a los hombres como hermanos ni acercarnos a ellos.
La escritura nos llama el cuerpo de Cristo, hemos sido elegidos y adoptados en Jesucristo y esta adopción significa que le pertenecemos eternamente.
Yo soy hermano de mi prójimo gracias a lo que Jesucristo hizo por mí; mi prójimo se ha convertido en mi prójimo gracias a lo que Jesucristo hizo por él. Mi hermano, en la comunidad, no es tal hombre piadoso necesitado de fraternidad, sino el hombre que Jesucristo ha salvado, a quien ha perdonado los pecados y ha llamado, como a mí, a la fe y a la vida eterna. Jesucristo fundamenta la comunidad que nace, o nacerá un día, entre dos creyentes.
La fraternidad cristiana
La fraternidad cristiana no es un ideal humano, sino una realidad dada por Dios, esta realidad es de orden espiritual y no de orden psíquico. Dios nos va llevando al conocimiento de la autentica comunidad cristiana. Dios no es un dios de emociones sentimentales, sino el Dios de la realidad.
La gratitud
Nuestra falta de gratitud impide que Dios nos conceda los grandes dones espirituales que nos tiene reservados. Oramos para que se nos concedan grandes cosas y nos olvidamos de agradecer las pequeñas. Debemos dar gracias a Dios diariamente por la comunidad cristiana a la que pertenecemos.
Un pastor no debe quejarse jamás ante su comunidad, ni siquiera ante Dios. No le ha sido confiada la comunidad para que se convierta en su acusador ante Dios y ante los hombres, que se acuse más bien a sí mismo por su falta de fe; que pida a Dios que le haga comprender en que ha desobedecido o pecado.
La espiritualidad de la comunidad cristiana
Fundada únicamente en Jesucristo, la comunidad cristiana no es una realidad de orden psíquica, sino de orden espiritual. Comunidad espiritual es la comunión de todos los llamados por Cristo, comunidad psíquica es la comunidad de las almas “piadosas”.
En la comunidad espiritual únicamente es la palabra de Dios la que domina; en la comunidad “piadosa” es el hombre quien, junto a la palabra de Dios, pretende dominar con su experiencia, su fuerza, su capacidad de sugestión y su magia religiosa.
El amor de orden psíquico ama al otro por sí mismo mientras que el amor de orden espiritual le ama por Cristo. Entre mi prójimo y yo está Cristo. Únicamente Cristo puede ayudarle, como únicamente Cristo ha podido ayudarme a mí. Esto significa que debo renunciar a mis intentos apasionados de manipular, forzar o dominar a mi prójimo.
El amor psíquico crea su propia imagen del prójimo, de lo que es y de lo que debe de ser; quiere manipular su vida. El amor espiritual, en cambio, parte de Cristo para conocer la verdadera imagen del hombre.
La comunidad forma parte de la Iglesia Cristiana
Es de vital importancia para toda comunidad cristiana distinguir a tiempo entre ideal humano y realidad de Dios. Excluir de la comunidad al hermano frágil e insignificante, con el pretexto de que no se puede hacer nada con él, puede suponer, nada menos, la exclusión del mismo Cristo.
La unión de Jesucristo
Probablemente no exista ningún cristiano a quien Dios no conceda al menos una vez en la vida, la gracia de experimentar una verdadera comunidad cristiana. El hecho de que dios haya actuado y siga queriendo obrar en todos nosotros es lo que aceptamos por la fe como su mayor regalo
“¡Que dulce y agradable es para los hermanos vivir juntos en armonía! “ así celebra la sagrada Escritura la gracia de poder vivir unidos bajo la autoridad de la palabra de Dios
CAPITULO 2 EL DÍA EN COMÚN
El culto de la mañana
Las primeras horas de la mañana pertenecen por tanto a la comunidad de Cristo resucitado. Desde el amanecer el creyente tiene sed de Dios y suspira por él. La Escritura considera el amanecer como la hora en la que Dios nos concede su ayuda especial.
Para el cristiano el comienzo del día no debe estar sobre cargado ni obstaculizado por los quehaceres múltiples que le esperan, cada día que comienza debe estar sometido al Señor que lo creo.
La lectura de los Salmos
El libro de los salmos ocupa un lugar excepcional dentro del conjunto de la sagrada Escritura. Los salmos son el libro de oraciones de Jesucristo en el sentido más propio, nos enseñan a orar sobre el fundamento de la oración de Cristo.
La lectura bíblica
Después de la oración de los salmos, e intercalado un cántico, sigue la lectura de la sagrada Escritura. Aplícate a la lectura i Timoteo 4:13. Una comunidad doméstica debería ser capaz de leer, mañana y tarde, un capítulo del Antiguo Testamento y al menos medio del Nuevo. Si como hijos de Dios no somos capaces de leer completamente un capítulo de la Biblia debería causarnos una profunda vergüenza ya que esto da un pobre testimonio hacia los demás porque no conocemos o no experimentamos lo que profesamos. La lectura de la Biblia en la oración de la mañana nos hará cada día más significativa y saludable. Sólo por medio de la sagrada Escritura aprendemos a conocer nuestra propia historia. Para ello no debemos ahorrar tiempo ni sacrificios. Debemos hacerlo ante todo por nuestra salvación.
No es nuestro corazón el que decide nuestro camino sino la palabra de Dios. Quien no desea conocer personalmente la Escritura no es un cristiano evangélico.
Cantar en común
“Cantad al Señor un cántico nuevo” nos repite el salmista. Dios quiere ser celebrado con un cántico eterno, y entrar en su Iglesia es unir la voz a este coro inmenso, su finalidad es alabar a Dios trino y su obra. Pero es distinto el cántico en la tierra que en el cielo. En la tierra es el canto de los que creen; en el cielo, el de los que contemplan; en la tierra es un canto hecho de pobres palabras humanas; en el cielo son “palabras inefables que ningún hombre puede expresar”. El cántico nuevo ha de ser entonado en primer lugar en nuestro corazón. Un cántico que no fuese cantado con el corazón no sería más que un himno horrible y confuso de autoalabanza humana, la palabra humana tiene su espacio en todas las reuniones cristianas.
Orar en común
Si dos de vosotros conviniereis pedir cualquier cosa, os será concedida por mi Padre que está en los cielos (Mt 18, 19). La oración en común es efectivamente el acto más natural de la vida cristiana comunitaria. En el acto comunitario religioso, la oración libre debe ser la oración de todos y no del responsable que la pronuncia.
También la oración libre debe obedecer a una cierta disciplina interna, pues no se trata del desahogo caótico de un corazón humano, sino de la oración de una comunidad ordenada.
El Nuevo Testamento nos enseña que una comunidad de oración es algo totalmente normal y natural entre cristianos.
La comunidad de mesa
Sólo después de haber sido alimentada y fortalecida por el pan de la vida eterna, la comunidad se reúne para recibir de Dios el pan para la vida corporal. La Escritura menciona tres clases de comida en las que Jesús toma parte con los suyos: la diaria, la santa cena y el banquete final en el reino de Dios. Cristo es el verdadero pan de vida.
El trabajo
La jornada del cristiano está dedicada al trabajo. Sin el esfuerzo y el trabajo de la jornada, la oración no es oración, y sin la oración, el trabajo no es trabajo. En el trabajo el hombre aprende a dejarse limitar por el objeto de su trabajo; de este modo el trabajo se convierte en el mejor remedio contra la pereza e indolencia de la naturaleza humana. No por ellos el trabajo deja de ser trabajo es más, puede decirse que sólo el hombre que conoce el verdadero sentido del trabajo no teme afrontar su dureza.
La oración de la noche
Nuestra jornada desde la mañana a la noche está bajo la palabra del salmista: “Tuyo es el día, tuya es la noche” (Sal. 74,16).
CAPITULO 3 EL DIA EN SOLEDAD
El que no sepa estar solo, que tenga cuidado con la vida en comunidad. El que no sepa vivir en comunidad, que tenga cuidado con la soledad. La señal distintiva de la soledad es el silencio, como la palabra lo es de la comunidad. Silencio y palabra guardan la misma íntima relación que soledad y comunidad. El mutismo no crea soledad, como tampoco una discusión crea comunidad.
El silencio del templo es la señal de la sagrada presencia de Dios en su palabra. Callar, en definitiva, no significa otra cosa que estar atentos a la palabra para poder caminar con su bendición.
Existen tres cosas para las que el cristiano necesita de un tiempo aparte a lo largo de la jornada: la reflexión bíblica, la oración y la intercesión. Las tres constituyen lo que se conoce por meditación diaria. Debemos comenzar nuestra meditación diaria pidiendo a Dios que nos envíe su santo Espíritu para que nos revele la Escritura y nos ilumine.
La intercesión
Interceder por otro no significa otra cosa que presentar al hermano ante Dios: verlo bajo la cruz de Jesús como un hombre pobre y pecador que necesita de la gracia.
La intercesión es un servicio que debemos cada día a Dios y a nuestros hermanos. Negarnos a interceder por nuestro prójimo sería negarle el servicio cristiano por excelencia.
CAPITULO 4 EL SERVICIO
No juzgar
Para la vida del creyente es esencial en su vida de comunidad cristiana no permitirse ni permitir que los demás juzguen al prójimo o al hermano solamente el Señor que lo creo es el único que tiene el derecho de juzgarnos
La función del creyente.
En la comunidad cristiana todo depende de que cada uno llegue a ser como un eslabón de una cadena que une a otro eslabón y si estan bien soldados es imposible destruir dicha cadena así en la vida del cristiano si estamos unidos unos a otros en Cristo Jesús el enemigo no podrá
Servir a otros
Aquel que ha experimentado, aunque sea una sola vez, la misericordia de Dios en su vida, en adelante no desea más una cosa: servir a los otros.
No ser altivos
Cómo hijos de Dios no debemos mostrarnos superiores a los demás ya sean de la familia de Cristo o inconversos. También la honra del prójimo es más importante que mi propia gloria. ¿Qué importa que se me hagan agravios? ¿Acaso no habría merecido un castigo más severo si Dios no hubiera procedido conmigo misericordiosamente. El que vive de la justificación por la gracia, está dispuesto a aceptar también ofensas y vejaciones sin protesta. El no creerse sabio, el humillarse ante el humilde, significan simple y llanamente tenerse por el más grande pecador.
Escuchar a los otros
El primer servicio que uno debe a otro dentro de la comunidad consiste en saber escuchar. El amor que Dios nos tiene se manifiesta no solamente en que nos da su palabra, sino también en que nos escucha. Ciertos cristianos, se olvidan de que el saber escuchar puede ser más útil que el hablar.
Aquel que ya no sabe escuchar a sus hermanos, pronto será incapaz de escuchar a Dios. El que piensa que su tiempo es demasiado valioso para perderlo escuchando a los demás, jamás encontrará tiempo para Dios y el prójimo.
Ayudarse
El segundo servicio que debemos prestarnos mutuamente en la comunidad cristiana es de ayudarnos. A veces o la mayoría de las veces enfrascados en nuestra rutina diaria nos olvidamos de ayudar al prójimo, al creyente y sólo contemplamos primeramente nuestras necesidades y aunque vemos las necesidades de los demás y les decimos que los amamos solo esto es de palabra ya que no damos pan al hambriento. Dios nos ordena y nos dio el ejemplo de ayudarnos unos a otros
El pecado del prójimo
Por el pecado el prójimo se convierte también en carga para el cristiano. El pecado de nuestro prójimo es aún más difícil de soportar que su libertad. El no menospreciar al pecador, sino atreverse a soportarlo, significa no darlo por perdido, aceptarlo como tal y facilitarle, por el perdón, el acceso a la comunidad.
La palabra de Dios
Las sagradas Escrituras nos muestran y nos dan infinidad de citas que con autoridad en Cristo Jesús y con la palabra abierta es más fácil amonestar o exhortar a nuestro hermano
La amonestación del hermano es necesaria siempre que el hermano cae en un pecado manifiesto; es mandato de Dios. La disciplina debe comenzar a ejercerse a partir del ámbito más estrecho de la comunidad.
Dejando que entre nosotros únicamente la palabra de Dios despliegue su poder de juicio y salvación. No somos nosotros los que juzgamos; sólo Dios juzga, y su juicio es recto y saludable. No obstante, ha puesto su palabra en nuestra boca, y quiere que sea pronunciada por nosotros. Si nos guardamos su palabra, la sangre de nuestro hermano caerá sobre nosotros. Sí, por el contrario, la proclamamos, Dios se servirá de nosotros para salvar a nuestro hermano.
CAPITULO 5 CONFESION Y SANTA CENA
El prójimo, medio de la gracia
“Confesaos mutuamente vuestros pecados” (Sant 5,16). Quedarse a solas con el propio mal es quedarse completamente solo. No nos está permitido ser pecadores, y muchos cristianos se horrorizarían si de pronto descubriesen entre ellos un auténtico pecador.
La gracia del evangelio –aunque sea difícil comprender porque por el piadoso nos coloca ante la verdad y nos dice: tú eres un pecador, un pecador incurable, sin embargo, tal como eres, puedes llegar a Dios que te ama. Te quiere tal como eres, sin necesidad de que hagas nada o des nada, te quiere a ti personalmente, sólo a ti. “dame hijo mío tu corazón”. El evangelio de Jesucristo ha puesto así de manifiesto la miseria del pecador y la misericordia de Dios. De esta verdad debería vivir en adelante su Iglesia. Cuánto más solo esta el hombre tanto más destructor es el poder que el pecado ejerce sobre él, se puede decir que la confesión del pecado pierde definitivamente todo resto de autojustificación. El pecador se libera, abandona todo lo que hay en él de malo, abre su corazón a Dios y encuentra el perdón de todos sus pecados en la comunión con Jesucristo y con el hermano que lo escucha.
La raíz de todo pecado es el orgullo yo quiero vivir sólo para mí, tener derecho a disponer de mí mismo, a odiar, a desear, a vivir o morir a mi gusto. todo nuestro ser espíritu y carne, esta inflamado de orgullo.
La cruz de Jesucristo aniquila todo orgullo, nuestro hombre viejo ha muerto pero es Dios quien lo ha vencido. Desde ese momento tomamos parte en la resurrección de Cristo y en la vida eterna. La Biblia dice el que oculta sus pecados no prosperará, el que los confiesa y los abandona alcanza misericordia. La vida entre Jesucristo y los suyos comienza cuando confesando sus pecados el cristiano abandona sus transgresiones, pero para que esa certeza del perdón sea real es necesario que nuestra confesión a Dios sea concreta. La confesión general no sirve más que para hacer a los hombres más hábiles para justificarse a sí mismos, por eso una confrontación con los mandamientos de nuestro Dios será la mejor preparación para la confesión de sus pecados. Jesús trataba con los pecadores, publícanos y prostitutas ellos sabían que tenían necesidad de que sus pecados fueran perdonados y así recibir el perdón como algo aplicado a un pecado muy concreto.
¿A quién debemos confesarnos? de acuerdo con la promesa de Jesús debe ser a Dios directamente y tan pronto como nos demos cuenta de nuestro pecado.
CAPITULO 5
LA IGLESIA Y EL ESPIRITU SANTO
PODER, PODERES Y EL ESPIRITU SANTO
Se refiere a la lucha que sostenemos con el enemigo.
Y se nos recuerda que el reino de Jesús no es de este mundo
EL ESPIRITU SANTO, REGALO DE CRISTO.
La tercera persona de la trinidad y el regalo que nos dejo nuestro señor Jesucristo.
La amenaza de la mundanalidad
Pareciera que las iglesias hoy en día tienden a seguir la cultura popular en vez de depender de la palabra Eterna de Dios y del Espíritu Poderoso.
La tentación de abusar del poder
En la Biblia nos narran el evento de ANANIAS Y ZAFIRA y nos exhortan contra ese pecado.
El poder espiritual no se puede comprar ni falsificar. La gran tarea de la Iglesia Cristiana es vivir el evangelio de manera genuina, dependiendo solo de Dios y su Poder.
EL BAUTISMO ES UN CUERPO, LA IGLESIA
En el momento de la Salvación, cada creyente es bautizado por el mismo Espíritu y ese Bautismo le coloca en el cuerpo de Cristo.
1.- Es Universal – para todos
2.- Es inclusivo – Cruza los limites Etnicos.
3.- No se repite- Ocurre en el momento de la salvación.
LA DIVERSIDA DE CARISMAS
EL PROPOSITO DE LOS DONES ESPIRITUALES
- LOS DONES ESPIRITUALES SON DADOS POR LA GRACIA DE DIOS
- SON EN BENEFICIO DE TODA LA IGLESIA
- SON PARA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA
- NOS CONDUCEN A CREER EN CRISTO
- ES UNA BENDICIÓN DE DIOS
- SON PARA ALABAR A DIOS
EL DON DE DONES EN LA IGLESIA
EL AMOR
LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO
PARA RESUMIRLOS SE CATALOGAN EN:
PROFETICOS, SACERDOTALES, REALES, DE CONOCIMIENTO, DE PODER Y DE EXPOSICIÓN ORAL DE LAS ESCRITURAS.
LA PUREZA DE LA IGLESIA
La pureza de la Iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo, depender de la verdad divina contenida en las escrituras y en su santidad surgida de la vida en el Espíritu.
El Sacerdocio Real
El Sacerdocio Universal de los creyentes refleja las dos dimensiones de la vida:
El acceso directo a Dios y el servicio al proximo.
La práctica de la Santidad de la Iglesia.
Cuando una Iglesia no vive en el temor del Señor con pureza, carece de Energía Espiritual.
VIDA EN COMUNIDAD
HOY EN DIA LOS CRISTIANOS HEMOS ENTENDIDO QUE LA VIDA EN COMUNIDAD “ ES EL DESCANZO ENTRE LOS LIRIOS Y LAS ROSAS” LUTERO
LA COMUNIDAD CRISTIANA
COMUNIDAD CRISTIANA SIGNIFICA COMUNION EN JESUCRISTO Y POR JESUCRISTO.
LA PALABRA DE DIOS HA SIDO PUESTA POR EL EN BOCA DE LOS HOMBRES PARA QUE SEA COMUNICADA A LOS HOMBRES Y SEA TRASMITIDA ENTRE ELLOS.
SOLO MEDIANTE JESUCRISTO NO ES POSIBLE SER HERMANOS UNOS DE OTROS.
LA FRATERNIDAD CRISTIANA
LA FRATERNIDAD HUMANA NO ES UN IDEAL HUMANO SINO UNA REALIDAD DADA POR DIOS. ESTA REALIDAD ES ESPIRITUAL Y NO DE ORDEN PSIQUICO.
LA GRATITUD
¡COMO VA A CONCEDER DIOS LO GRANDE A QUIEN NO SABE RECIBIR LO PEQUEÑO?
CUANTO MAYOR SEA NUESTRO AGRADECIMIENTO POR LO RECIBIDO EN ELLA CADA DIA, TANTO MAYOR SERÁ SU CRECIMIENTO PARA AGRADO DE DIOS.
LA ESPIRITUALIDAD DE LA COMUNIDAD CRISTIANA
LA COMUNIDAD CRISTIANA NO ES UNA REALIDAD DE ORDEN PSIQUICO, SI NO DE ORDEN ESPIRITUAL.
TODA REALIDAD DE ORDEN ESPIRITUAL DESCANSA SOBRE LA PALABRA CLARA Y EVIDENTE QUE DIOS NOS HA REVELADO EN JESUCRISTO.
COMUNIDAD ESPIRITUAL ES LA COMUNION DE TODOS LOS LLAMADOS POR CRISTO.
EL AMOR DEL ORDEN PSIQUICO AMA AL OTRO POR SI MISMO, MIENTRAS QUE EL AMOR DE ORDEN ESPIRITUAL LE AMA POR CRISTO.
DEBO RENUNCIAR A MIS INTENTOS APASIONADOS DE MANIPULAR, FORZAR O DOMINAR A MI PROJIMO, MI PROJIMO QUIERE SER AMADO TAL COMO ES.
EL DIA EN COMUN
SE REFIERE A LA DICIPLINA DEVOCIONAL DEL CREYENTE
EL ORAR POR LA MAÑANA
EN EL ANTIGUO TESTAMENTOEL DIA COMIENZA AL ANOCHECER Y TERMINA CON LA PUESTA DEL SOL.
EN EL NUEVO TESTAMENTO EL DIA COMIENZA AL RAYAR EL ALBA Y TERMINA CON LA AURORA DEL DÍA SIGUIENTE.
CRISTO NACIO DE NOCHE (UNA LUZ EN LAS TINIEBLAS) Y EN EL MOMENTO DE LA CRUZ EL SOL SE OBSCURECIO. SI EMBARGO CON EL AMANECER EL DIA DE PASCUA, SURGE VICTORIOSO DE LA TUMBA.
LEER LOS SALMOS
LEER LA BIBLIA
CANTAR EN COMUN
ORAR EN COMUN
¿COMO PODRIA PRONUNCIAR LA ORACIÓN DE LA COMUNIDAD SI PRIMERO NO ES SOSTENIDO POR LA INTERSECIÓN DE LA COMUNIDAD MISMA?
LA COMUNIDAD DE MESA
COMPROMETE A LOS CRISTIANOS
EL HECHO DE QUE COMAMOS TODOS EL MISMO PAN NOS MANTIENE FUERTEMENTE UNIDOS. POR ESO NADIE DEBE PASAR HAMBRE MIENTRAS UNO DE NOSOTROS TENGA PAN.
MIENTRAS COMAMOS JUNTOS NUESTRO PAN NO SERA SUFICIENTE POR POCO QUE HAYA.
LA COMIDA EN COMUN ENSEÑA A LOS CRISTIANOS QUE ELLOS COMEN TODAVIA EL PAN DE LOS PEREGRINOS.
EL TRABAJO
NUESTRO ARDOR EN EL TRABAJO CRECE CUANDO ROGAMOS A DIOS QUE NOS CONCEDA HOY LAS FUERZAS QUE NECESITAMOS EN NUESTRA TAREA.
LA ORACION POR EL ALIMENTO
LA ORACION NOCTURNA
EL DÍA EN SOLEDAD
SABER VIVIR EN COMUNIDAD
LA COMUNIDAD DIARIA DE LA FAMILIA CRISTIANA CAMINA A LA PAR DE LA SOLEDAD DIARIA DE CADA UNO DE LOS MIEMBROS. DEBE SER ASI. DE LO CONTRARIO, INDIVIDUO Y COMUNIDAD SE VERÁN AFECTADOS DE IMPOTENCIA.
CALLAR Y ESPERAR PARA ESCUCHAR A DIOS
LAS TRES COSAS QUE NECESITA UN CRISTIANO EN LA JORNADA
LA REFLEXION BIBLICA, LA ORACIÓN Y LA INTERSECIÓN. LAS TRES CONSTITUYEN LO QUE SE CONOCE COMO MEDITACIÓN DIARIA.
LA ORACION BIBLICA
ORAR CON LAS PROMESAS DE DIOS
LA INTERSECIÓN
ORAR POR NUESTRO CIRCULO DE CONOCIDOS
PRESENCIA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA
LA REFLEXION BIBLICA, LA ORACIÓN Y LA INTERSECIÓN SON EL CULTO QUE DEBEMOS A DIOS Y DONDE EL NOS COMUNICA SU GRACIA.
EL SERVICIO
LAS TAREAS DE LA COMUNIDAD
¿QUIEN ES EL MAYOR?
TODOS COMO HERMANOS TENEMOS DIFERENTES DONES LO IMPORTANTE ES ALEGRARSE LOS UNOS CON LOS OTROS Y NO MENOSPRECIAR EL TRABAJO DE LOS OTROS.
NO JUZGAR
NO HABLAR MAL DE NADIE
SERVIRNOS LOS UNOS A LOS OTROS
NO SER ALTIVOS
ESCUCHAR A LOS OTROS
AYUDARSE Y APOYARSE
ACEPTAR AL PROJIMO ( SOPORTAR A LOS OTROS)
EL PERDON DE LOS PECADOS
ES UN SERVICIO DIARIO SE EJERCE EN LA INTERSECIÓN DE LOS UNOS CON LOS OTROS.
LA PALABRA DE DIOS
UN HOMBRE QUE TESTIFICA A SUS SEMEJANTES LA REALIDAD DE DIOS.
SERVIR A DIOS
NO EXISTE VERDADERA AUTORIDAD ESPIRITUAL SINO EN EL SERVICIO DE ESCUCHAR, AYUDAR, SOPORTAR A LOS OTROS Y ANUNCIARLES LA PALABRA DE DIOS
AUTORIDAD PASTORAL SOLO PODRA HALLARLA AQUE SERVIDOR DE JESÚS QUE NO BUSCA SU PROPIA AUTORIDAD; AQUEL QUE SOMETIDO A LA AUTORIDAD DE LA PALABRA DE DIOS, ES UN HERMANO ENTRE LOS HERMANOS.
CONFESION Y SANTA CENA
AL RESPECTO NO COMPARTO LA OPINIÓN DEL AUTOR EN CUANTO LA CONFESÍON DE PECADOS.
CONSIDERO QUE NUESTRO MINISTERIO ES DE AMOR Y QUE LA GRACIA Y EL PERDON EN NUESTRAS VIDAS ES DADO POR DIOS Y NO POR UNA CONFESION ANTE LOS HOMBRES.
NOSOTROS COMO LIDERES ESPIRITUALES DEBEMOS DICIPULAR A LOS CREYENTES Y GUIARLOS A UN ARREPENTIMIENTO GENUINO DE SUS PECADOS ANTE DIOS Y NO ANTE LOS HOMBRES.
LA IGLESIA Y EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
5
La iglesia tiene mucho que ver con el fuego. Un fuego que enciende pasión por la verdad, que convierte y transforma el escenario de una vida y le permite vivir en poder del Espíritu Santo. El poder del Espíritu Santo convenciendo, transformando, bautizando y llenando a los creyentes.
Poder, poderes y el Espíritu Santo. La iglesia de Cristo tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea Dios mismo.
El Espíritu Santo, regalo de Cristo. Jesucristo es quien otorga su poder sobre natural a la iglesia. En repetidas ocasiones aludió a otra “venida”, la del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es más que un poder o una fuerza impersonal. Es la tercera persona de la Trinidad, procede del Padre y es regalo del Hijo.
La amenaza de la humanidad. Parece que para infundir poder en la iglesia la mayoría de ellas tienden a seguir la cultura popular en vez de depender de la palabra eterna de Dios y del Espíritu poderoso. En su afán de ser contemporáneas, muchas iglesias adoptan una cultura eclesiástica que es muy similar al entorno cultural mundano. El menoscabo en los estándares personales de santidad indica que la humanidad inunda a la iglesia.
La tentación de abusar el poder. Sea dentro de la sociedad o en la iglesia, el poder trae grandes tentaciones. Mentir al Espíritu, es mentir a Dios. El pecado, que es cualquier acto de rebelión contra Dios, es algo que él aborrece. El poder espiritual no se puede comprar ni falsificar. La gran tarea de la iglesia cristiana es vivir el evangelio de manera genuina, dependiendo solo de Dios y de su poder.
El bautismo en un cuerpo, la iglesia. El bautismo espiritual y del agua; los que sostiene un punto de vista sacramental los equiparan. Por otro lado, los carismáticos los ven como diferentes, e insisten en que el bautismo del Espíritu Santo es una obra divina en el corazón después de la conversión. Tres distintivos del bautismo del Espíritu Santo: es universal, es inclusivo y no se repite. Ser cristiano es ser bautizado en el Espíritu Santo. Solo la iglesia espiritual permite que el Espíritu Santo ejerza su ministerio de ungir con poder.
La diversidad de carismas. El Espíritu es un don de Cristo para la iglesia, da dones a la misma, se les llama charismata, de charis, que significa gracia.
El propósito de los dones espirituales. Un don es una capacidad divinamente otorgada. El creyente recibe su poder del Espíritu Santo con el fin de usarlo en el ministerio de la iglesia para lograr los propósitos espirituales que Dios tiene en mente.
El don de dones en la iglesia. Cristo mismo con su regalo de salvación eterna es el mejor don. Cuando la iglesia valora a Cristo sobre todas las cosas, puede esperar que Dios derrame sus bendiciones. El don del Espíritu Santo es otro tesoro de la iglesia. El Espíritu que Cristo envió otorga a su vez los dones de la iglesia para el servicio fructífero. En la iglesia el amor es la senda del poder.
Los dones del Espíritu Santo. El Nuevo Testamento proporciona varias listas que hasta cierto grado difieren entre sí. Dones de distintas formas: proféticos, sacerdotales, reales, de conocimiento, de poder y de exposición oral de las Escrituras. Los creyentes no poseen todos los dones y no hay un don que todos deban tener. Los dones se otorgan “conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Rom. 12:3), es decir, de acuerdo a la voluntad divina (1 Cor. 12: 11). No hay mandato que anime a los creyentes a procurar algún don en especial a excepción de los ¿“dones mejores”?. El don del amor permanecerá. La predicación y enseñanza de la palabra de Dios siempre tiene que ocupar el lugar preeminente. Es necesario que cada creyente utilice los dones que el Señor le ha conferido
La santidad y el pueblo especial de Dios. Santidad es la virtud principal del pueblo “apartado” que pertenece a Dios. La iglesia tiene que ser santa y reflejar la santidad de Dios. En la santificación, el Espíritu Santo auxilia a los creyentes a crecer en su semejanza a Cristo en santidad. Lo que determina la santidad es la relación personal con Dios, la ética basada en la revelación divina, la devoción a Dios tanto en lo interno como en lo externo, la adoración genuina en espíritu y verdad y el hacer la voluntad de Dios sobre la tierra.
El sacerdocio real. El sacerdocio universal de los creyentes refleja las dos dimensiones de la vida: el acceso directo a Dios y el servicio al prójimo. En el modelo del creyente-sacerdote, la oración y adoración se vinculan con el servicio y el ministerio de la Biblia.
La práctica de la santidad en la iglesia. La iglesia, viviendo en obediencia a la palabra, trabaja para mantener la armonía y unidad. La santidad requiere de una genuina pureza de vida, vivir en temor al Señor, en obediencia a la palabra y perseverancia en el servicio. La iglesia contemporánea que carece de energía espiritual, es incapaz de reflejar la santidad de Dios.
Problema principal:
Muchas iglesias, debilitadas por la falta de santidad, buscan en vano medios artificiales para realizar la obra del Señor.
VIDA EN COMUNIDAD
LA COMUNIDAD
El cristiano no necesariamente debe vivir entre cristianos y es allí en donde llega a experimentar la soledad. Pero a pesar de todo, la presencia sensible de los hermanos es una fuente de alegría y consuelo incomparables. Es la presencia real de Cristo que ellos experimentan cuando se ven y su encuentro es de gozo.
La comunión cristiana significa comunión en Jesucristo y por Jesucristo. En este encuentro entre hermanos, la comunidad solamente es posible por mediación de Jesucristo. Solamente Jesucristo fundamenta la comunidad que nace, o nacerá un día, entre dos creyentes.
La fraternidad cristiana. Desear algo más que lo que Cristo ha fundado entre nosotros no es desear, no es desear la fraternidad cristiana, sino es ir en busca de quién sabe qué experiencias extraordinarias que uno piensa que va a encontrar en la comunidad cristiana y que no ha encontrado en otra parte. La fraternidad cristiana no en un ideal humano sino una realidad dada por Dios y esta realidad es de orden espiritual.
Igual que sucede a nivel individual la gratitud es esencial en la vida cristiana comunitaria. Fundada únicamente en Jesucristo, la comunidad cristiana no es una realidad de orden psíquico sino de orden espiritual. En esto precisamente se distingue de todas las demás comunidades. Comunidad espiritual es la comunión de todos los llamados por Cristo, comunidad psíquica es la comunión de las almas piadosas.
La vida de una comunidad bajo la autoridad de la palabra solo se mantendrá vigorosa en la medida en que renuncie a querer ser un movimiento, una sociedad, una agrupación religiosa y acepte ser parte de la iglesia cristiana una Santa y Universal, participando activa o pacientemente en las angustias, las luchas y la promesa de toda la iglesia.
EL DIA EN COMUN.
La vida en común bajo la autoridad de la palabra comienza con un acto común al comenzar el día. Toda la comunidad se reúne para la alabanza, la acción de gracias, la lectura de la escritura y la oración. La oración en común de la mañana comprende la lectura de la escritura el canto y la plegaria. La lectura de los salmos como en forma de plegaria en común ha tenido desde siempre una importancia especial en la iglesia. La oración de los salmos nos enseña lo que debemos expresar en nuestras oraciones. La recitación de los salmos nos enseña a orar en comunidad.
Después de la oración de los salmos, intercalado un cantico, sigue la lectura de la Sagrada Escritura. Una comunidad domestica debería ser capaz de leer, mañana y tarde, un capitulo del Antiguo Testamento y al menos medio capitulo del Nuevo. La lectura correcta de la Escritura no es una técnica que puede ser aprendida sino que depende de mi propia disposición interior.
Dios quiere ser celebrado con un cántico eterno, y entrar en su iglesia es unir la voz a este coro inmenso. El cantico nuevo ha de ser entonado en primer lugar en nuestro corazón.
La oración es, de todas las prácticas del culto comunitario la que nos ofrece las mayores dificultades, pues en ellas somos nosotros mismos los que debemos hablar. En el acto religioso comunitario, la oración libre debe ser la oración de todos y no la del responsable que la pronuncia.
La comunidad de mesa significa reconocerlo como el dispensador de todos los dones que recibimos, como señor y creador de este mundo junto con el Padre y el Espíritu Santo. Significa que todos nuestros bienes temporales nos son dados únicamente por Cristo, del mismo modo que el mundo entero continúa existiendo gracias a él, a su palabra y a la predicación de su palabra. Finalmente la iglesia cree que su Señor se hará presente allí donde ella la invoque Para los creyentes compartir la mesa tiene algo de festivo y los compromete. El hecho de que comamos del mismo pan nos mantiene fuertemente unidos.
El trabajo coloca al hombre en el mundo de las cosas que esperan su actuación. La oración nos enseña ordenar y distribuir mejor nuestro tiempo. Nuestro ardor en el trabajo crece cuando le rogamos a Dios que nos conceda hoy las fuerzas que necesitamos para nuestra tarea.
La hora de medio día es para la comunidad cristiana, donde es posible, un pequeño descanso en las tareas de la jornada. Ha transcurrido la mitad del día.
Después de la jornada de trabajo, imploramos de Dios su bendición, su paz y su protección sobre toda la cristiandad, sobre nuestra comunidad, sobre nuestros vecinos, pastores, solitarios, enfermos moribundos, sobre nuestra familia.
EL DÍA EN SOLEDAD
Muchos buscan la comunidad por miedo a la soledad. Su incapacidad de soledad les empuja hacia los otros. La comunidad diaria de la familia cristiana camina a la par de la soledad diaria de cada uno de sus miembros. Debe ser así. De lo contrario, individuo y comunidad se verán afectados de impotencia.
Existen tres cosas para las que el cristiano necesita de un tiempo aparte a lo largo de la jornada: la reflexión bíblica, la oración y la intercesión. Las tres constituyen lo que se conoce por meditación diaria. Esta expresión no debe asustarnos pues es un término antiguo tomado del lenguaje de la Iglesia y de la Reforma.
El tiempo de meditación diaria debe estar dedicado exclusivamente a la reflexión bíblica personal, a la oración persona, y a nuestra intercesión personal.
La oración personal. La reflexión bíblica nos conduce a la oración. Evitaremos así perdernos en el vacío de nuestros pensamientos. Interceder por otros no significa otra cosa que presentar al hermano ante Dios; verlo bajo la cruz de Jesús como un hombre pobre y pecador que necesita de la gracia. La intercesión requiere de tiempo para la iglesia y para el pastor responsable de la comunidad.
La reflexión bíblica, la oración y la intercesión son el culto que debemos a Dios y donde él nos comunica su gracia. Por eso debemos acostumbrarnos a señalar cada día una hora determinada para este ejercicio, lo mismo para cualquier otra obligación.
EL SERVICIO
El medio más eficaz de combatir nuestros malos pensamientos es hacerlos enmudecer.
Una regla esencial de la vida cristiana comunitaria es que nadie se permita pronunciar una palabra secreta sobre otro.
Cada miembro de la comunidad recibirá en ella su lugar bien determinado, pero no aquel en el que afirmarse con mayor éxito, sino aquel desde el cual puede servir mejor a los demás.
Aquel que ha experimentado, aunque sea una sola vez, la misericordia de Dios en su vida, en adelante no desea más que una cosa: servir a los otros.
El que quiere aprender a servir, debe aprender ante todo a tenerse en poco (Romanos 12: 3). El que busca su propia gloria se olvida de dios y del prójimo. El no creerse sabio, el humillarse ante el humilde, significan simple y llanamente tenerse por el más grande pecador.
El primer servicio que uno debe a otro dentro de la comunidad consiste en escucharlo. El que no sabe escuchar detenida y pacientemente a los otros hablará siempre al margen de los problemas y, al final, ni se dará cuenta de ello. El segundo servicio que debemos prestarnos mutuamente en la comunidad cristiana es el de ayudarnos diariamente.
Sobre llevar es soportar. Para el cristiano, y precisamente para él, el prójimo es una carga.
Por el abuso de su libertad, es decir, por el pecado, el prójimo se convierte también en carga para el cristiano. El pecado de nuestro prójimo es aún más difícil de soportar que su libertad, porque destruye la comunión que tenemos con Dios y con los hermanos.
Cuando estas tres tareas del servicio cristiano –escuchar, ayudar y soportar a los hermanos- son cumplidas fielmente la última y más importante: el servicio de la palabra de Dios.
Nos referimos aquí a la palabra libre, entre dos personas, no vinculada a oficio, lugar o tiempo determinados. Se trata de esa situación, única en el mundo, en que un hombre, con palabras humanas, testifica a su semejante la realidad de Dios, su consuelo y sus caminos, su bondad y su severidad. Es totalmente impensable que los hermanos se abstengan de hablar entre ellos precisamente de aquello que les es más vital. Sería anticristiano negar deliberadamente a un hermano este servicio fundamental. La base de la que hay que partir es esta: saber que mi hermano es un pecador abandonado y perdido en toda su dignidad humana si no recibe ayuda.
No existe verdadera autoridad espiritual sino en el servicio de escuchar, ayudar, soportar a los otros y anunciarles la palabra de Dios. Buscar otro género de autoridad en la Iglesia es querer restablecer una forma directa de relación entre los creyentes, un lazo puramente humano. Autoridad pastoral sólo podrá hallarla aquel servidor de Jesús que no busca su propia autoridad; aquel que, sometido a la autoridad de la Palabra de Dios, es un hermano entre los hermanos.
CONFESIÓN Y SANTA CENA
Quedarse a solas con el propio mal es quedarse completamente solo. La invitación a confesarse con el hermano y a recibir el perdón fraternal en el seno de la comunidad cristiana es una invitación a aceptar la gracia de Dios en la iglesia.
La confesión hace posible el acceso a la comunidad. El pecado quiere estar a solas con el hombre. Lo separa de la comunidad. Se puede decir que en la confesión el pecado pierde definitivamente todo resto de auto justificación. El pecador se libera, abandona todo lo que hay en él de malo, abre su corazón a Dios y encuentra el perdón de todos sus pecados en la comunidad con Jesucristo y con el hermano que le escucha.
La confesión hace posible el acceso a la cruz. La confesión nos introduce en la verdadera comunión de la cruz de Jesucristo y nos hace aceptar nuestra propia cruz.
La confesión hace posible el acceso a la nueva vida. Esta ruptura significa conversión. La conversión es el otro aspecto de la confesión. Cristo ha realizado en nosotros un nuevo nacimiento.
La confesión hace posible el acceso a la certeza. El perdón que nos concedemos a nosotros mismos nunca nos hará capaces de romper con el pecado; únicamente la palabra de Dios, que juzga y perdona en la cruz, podrá hacerlo. Dios nos concedió la gracia de poder confesarnos unos a otros para que estuviésemos seguros de su perdón.
Pero para que esta certeza del perdón sea real, es necesario que nuestra confesión sea concreta. La confesión general no sirve más que para ser a los hombres más hábiles para justificarse a sí mismos. Todo cristiano puede convertirse en confesor de sus hermanos. Por medio de la cruz de Jesús ha llegado a conocer todo corazón humano.
No es la experiencia de la vida sino la experiencia de la cruz lo que hace al confesor.
El contacto diario y profundo de la cruz de Cristo despoja al cristiano tanto del espíritu humano de juicio como del de indulgencia, dándole en cambio una actitud de severidad y de amor conforme al espíritu de Dios.
La comunidad cristiana que practica la confesión debe guardarse de dos peligros. El primero atañe al confesor. El segundo al que confiesa. Que guarde por su propia salvación, de hacer de la confesión una obra piadosa.
La confesión tiene como objetivo especial preparar la comunidad de los creyentes para participar en la Santa Cena. Reconciliados con Dios y con los hombres, los cristianos están en disposición de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo.
El día de la Santa Cena es un día de fiesta para la comunidad cristiana. Reconciliados plenamente con Dios y los hermanos, los creyentes reciben el don del cuerpo y de la sangre de Jesucristo, es decir, el perdón, la vida nueva, y la bienaventuranza eterna.
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus Horeb
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: Vida en Comunidad
Autor: Dietrich Bonhoeffer
Editorial: Sígueme
Resumen de todo el libro
Capítulo 1. La comunidad.
A Través de la presencia del hermano en la fe, el creyente puede alabar al Creador, al Salvador y al Redentor, Dios Padre, Hijo y Espíritu santo. Olvidamos fácilmente que la vida entre cristianos es un don del reino de Dios que nos puede ser arrebatado en cualquier momento, ser abandonados a la más completa soledad. Comunidad cristiana significa comunión en Jesucristo y por Jesucristo. Ninguna comunidad cristiana podrá ser más ni menos que eso. El socorro ha venido y se nos ofrece cada día en la palabra de Dios que, en Jesucristo, nos trae liberación, justicia, inocencia y felicidad. Esta comunidad, solamente es posible por mediación de Jesucristo. Jesucristo es nuestra paz. En Él la comunidad dividida encuentra su unidad. Únicamente por el nos pertenecemos unos a otros real y totalmente, ahora y por toda la eternidad. La fraternidad cristiana no es un ideal humano, si no una realidad dada por Dios; esta realidad es de orden espiritual y no de orden psíquico. Dios aborrece los ensueños piadosos por que nos hacen duros y pretenciosos. No nos quejamos por lo que no nos da, si no que le damos gracias por lo que nos concede cada día. La gratitud es esencial en la vida cristiana comunitaria. Por que Dios es la luz y en el no hay tinieblas, y si andamos en al luz, como el esta en la luz, estamos en comunión los unos con los otros. Por que de dentro del corazón del hombre proceden los malos pensamientos. La comunidad espiritual no existe, una relación directa comunidad psíquica, una nostalgia profunda y totalmente instintiva Y aunque distribuyese todos mis bienes entre los pobres y entregase mi cuerpo a las llamas es decir, si alcanzase la cumbre del amor y el sacrificio si no tuvieras caridad, de nada me sirve. Amor psíquico es buscarse a si mismo. El amor espiritual, en cambio, cuya raíz es Jesucristo, sirve sólo a el y sabe que no hay otro acceso directo al prójimo. no hay para mi mayor alegría que oír de mis hijos que andan en la verdad. Es de vital importancia lograr distinguir a tiempo entre ideal humano y realidad de Dios. Es muy fácil despertar una embriaguez comunitaria entre la gente llamada a vivir algunos días de la vida en común. Probablemente no exista ningún cristiano a quien Dios no conceda la gracia de experimentar la felicidad que da una verdadera comunidad cristiana.
Capítulo 2. El día en común.
La palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente. Cristo es el sol de justicia que se ha levantado sobre la comunidad expectante. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, y espero en tus palabras. Y de Dios, que sus misericordias se renuevan todas las mañanas. A la mañana, mucho antes de amanecer, se levanto salio y se fue a un lugar desierto, allí oraba. Hablando entre vosotros con salmos, Enseñándoos y amonestándoos unos a otros… con salmos. El libro de los salmos ocupa un lugar excepcional dentro del conjunto de las Sagradas Escrituras. Cristo se ha convertido en su intercesor. Lo que significa orar: orar sobre la base de la palabra de Dios y de sus promesas. La oración de los salmos nos enseña lo que debemos expresar en nuestras oraciones. Y la recitación de los salmos nos enseña a orar en comunidad. Después de la oración de los salmos, e intercalado un cántico, sigue la lectura de las sagrada escritura. Aplícate a la lectura La Biblia en su conjunto y en cada una de sus palabras sobrepasa en mucho nuestro entendimiento, y es provechoso que diariamente se nos recuerde este hecho que nos remite constantemente al mismo Jesucristo, en quien se hallan escondidos todos los tesoros de la sabiduría. Quien no desea conocer personalmente la Escritura no es un cristiano evangélico. Un buen padre de familia saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas. En la manera de leer la Escritura se pone la diferencia entre un cristiano experimentado y un cristiano principiante. El canto de alegría de las estrellas del alba y las aclamaciones de los hijos de Dios. Hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales. Para que unánimes, a una sola voz, glorifiquéis al Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. Si dos de vosotros conviniereis pedir cualquier cosa, os será concedida por mi Padre que esta en los cielos. Esto impone al encargado una gran responsabilidad. Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; mas el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inenarrables, una comunidad de oración es algo totalmente normal y natural entre cristianos. Sentado con ellos en la mesa, tomo pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron. Reconocerlo como el dispensador de todos los dones que recibimos. Bendice los bienes que tú nos has dado. Significa que todos nuestros bienes temporales nos son dados únicamente por Cristo. Ven, Señor Jesús, se nuestro huésped. Cada vez que los creyentes comparten la mesa, confiesan que Jesús esta presente en medio de ellos como su Señor y su Dios. Por eso alabo la alegría, por que la única felicidad del hombre bajo el sol consiste en comer, beber y disfrutar, después de ver a Dios, comieron y bebieron. No vuelvas tus ojos ante el necesitado… Parte tu pan con el hambriento. Dichosos el que coma pan en el reino de Dios. La jornada del cristiano está dedicada al trabajo. Sale el hombre a sus labores, a su trabajo hasta la tarde. La voluntad de Dios, que exige que el hombre trabaje seis días y descanse el séptimo para alegrarse en su presencia. El mejor remedio contra la pereza e indolencia de la naturaleza humana. Todo cuanto hagáis de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Señor; todo lo que hagáis, hacedlo de corazón por el Señor, no por los hombres. La hora del mediodía es para la comunidad cristiana, donde es posible, un pequeño descanso en las tareas de la jornada. Alimenta, Padre, a tus hijos; consuela a los pecadores arrepentidos El que no quiera trabajar, que no coma. La jornada del trabajo toca a su fin. Imploramos de Dios su bendición su paz y protección sobre toda la cristiandad, sobre nuestra comunidad, sobre nuestros vecinos, pastores, solitarios, enfermos, moribundos, sobre nuestra familia. Que no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Del diablo empeñado en hacer caer al hombre cuando no tiene defensa. Que mantenga nuestro corazón despierto mientras nuestros ojos duermen habla, Señor, que tu ciervo escucha.
Capítulo 3. El día en soledad.
El silencio, OH Dios, es tu alabanza en Sión. Muchos buscan la comunidad por miedo a la soledad. Pero lo contrario también es verdad: el que no sepa vivir en comunidad, que tenga cuidado con la soledad. Tomas de Kempis: nadie habla con más seguridad que quien sabe callar. Existen tres cosas para las que el cristianismo necesita de un tiempo aparte a lo largo de la jornada: la reflexión bíblica, la oración y la intercesión. Para que se necesita un tiempo especial para la meditación diaria, para que podáis comprender, en unión de todos los santos, cual es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura. Por eso debemos comenzar nuestra meditación diaria pidiendo a Dios que nos envié su santo Espíritu para que nos revele la Escritura y nos ilumine. Es buscando únicamente a Dios como tu encontraras la alegría. El camino mas fecundado para la oración es la Escritura. Debemos aprender a dejarnos guiar por la palabra bíblica y orar sobre la base del texto. Una comunidad vive gracias a los ruegos que hace sus miembros unos por otros. Interceder por otro no significa otra cosa que presentar aun hermano ante Dios. Seño, actúa tu mismo, tu solo, sobre el, según tu justicia y bondad. Nuestra alegría en el servicio de dio y la comunidad se renovara incesantemente según el tiempo que dediquemos q orar por los demás. La reflexión bíblica, la oración y la intersección son el culto que debemos a Dios y a donde el nos comunica su gracia. Señalar cada día una hora determinada para este ejercicio. Dichosos aquel que es capas de estar solo gracias a la fuerza que recibe de la comunidad, y dichoso el que es capas de mantener la unión con la comunidad por la fuerza de la soledad.
Capítulo 4. El servicio.
La tarea de la comunidad. Comenzaban a discutir sobre quien seria el mayor de ellos. El que frena su lengua, domina su cuerpo y alma. Una regla esencial de la vida cristiana comunitaria es que nadie espermita pronunciar una palabra secreta sobre otro. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, si no palabras buenas y oportunas que favorezcan a los oyentes. Servicio mutuo a aquel que a experimentado aun que sea una sola ves, la misericordia de Dios. Por la gracia que me ha sido dada, le digo a cada uno de nosotros: no sobre estiméis mas de lo que conviene estimarais, no seáis sabios en vuestra propia estimación. También la honra del prójimo es mas importante que mi propia gloria, es mejor un espíritu paciente que un espíritu altivo, Pablo dijo de si mismo que era el primero, es decir, el mas grande de los pecadores. El primer servicio que uno debe a otro dentro de la comunidad consiste en escucharlo. La tarea más importante que Dios nos ha confiado, esto es escuchar la confesión del hermano. Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios. Otro servicio que debemos prestarnos mutuamente en la comunidad cristiana es el de ayudarnos diariamente. No vacilen en brindarse con solicitud diaria a obra de amor y misericordia, podrá nuestra boca pronunciar, con la alegría y la fuerza convincentes de la fe, la palabra de afecto que convence. Hablaremos del servicio de soportar a los otros. Sobre llevad los unos las cargas de los otros y cumpliréis así la ley de Cristo. Soportándoos los unos a los otros, pon toda humildad mansedumbre y la longanimidad, soportándoos los unos a los otros en caridad. Hermanos, si alguno fuere hallado en falta… corregirle con espíritu de mansedumbre. Mira, tu soporta a todos, como ellos te soportan también a ti; todas las cosas, buenas o malas, no son comunes a todos. Servicio cristiano escuchar, ayudar y soportar a los hermanos son cumplidas fielmente, se hace posible cumplir igualmente la última y más importante: el servicio de la palabra de Dios. Con palabras humanas testifica a su semejante la realidad de Dios su consuelo y sus caminos, su bondad y severidad. Nos mostramos el camino que Cristo nos manda seguir. Nadie puede rescatar al hombre de la muerte, nadie puede dar a Dios su precio, pues muy elevado es el recate de la vida, y no se llegara jamás a el. Quien convierte a un pecador de su herrado camino salvara su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados. El que de vosotros quiera ser el primero será ciervo de todos. Uno solo es vuestro maestro, Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
Capítulo 5. Confesión y santa cena.
Confesaos mutuamente vuestros pecados. Dame hijo mío tu corazón. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, le serán retenidos. La confesión hace posible el acceso a la comunidad. La confesión ante el hermano es una terrible humillación: duele, humilla y abate nuestro orgullo. La confesión hace posible el acceso a la nueva vida. Una vez arrojado, confesado y perdonado el pecado, la ruptura con el pasado esta consumada. El que oculta sus pecado son prosperara, el que los confiesa y los abandona, alcanzara misericordia. Al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, la alegría. La confesión hace posible el acceso a la certeza. Y así como la presencia del hermano garantiza la autenticidad de la confesión de mis pecados, así también la promesa que el me da en nombre de Dios, me da la certeza absoluta de que soy perdonado. Para que esta certeza del perdón sea real, es necesario que nuestra confesión sea concreta. Aquel que vive bajo la cruz. Ahí donde se vive de la predicación de la cruz, la confesión fraterna surge por si misma. La comunidad cristiana que practica la confesión debe guardase de dos peligros, el primero atañe al confesor. No es bueno que una sola persona desempeñe esta función para toda la comunidad. Solo quien a sabido primero humillarse puede escuchar sin peligro una confesión. Segundo peligro atañe a quien confiesa. La confesión transformada en una obra de pecado es una idea del diablo. Una sola finalidad: el perdón de los pecados. Jesús exige que nadie se acerque al altar sin estar reconciliado con sus hermanos cada uno puede en nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo otorgar a su hermano el perdón de todos sus pecados, y se alegraran los ángeles por el pecador arrepentido. La comunidad eucarística constituye el cumplimiento supremo de la comunidad cristiana. El gozo de Cristo y su iglesia es completo. La vida comunitaria de los cristianos bajo la autoridad de la palabra de Dios a encontrado en el sacramento su plenitud.
THE END
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
“Creencias bautistas”
La iglesia
La iglesia que se reúne integrada de creyentes regenerados en una congregación dirigida por el Espíritu Santo y por la palabra. Cada iglesia es responsable de sí misma ante el Señor. Cada quien ha de responder al Señor personalmente, cada quien es un creyente. En la iglesia de Jesucristo el proceso de regeneración en los individuos es progresivo y es divino. En esta regeneración hay un proceso de restauración, el Espíritu a la vez que se encarga de regenerarme me restaura de viejas heridas, de resentimientos: todo el tiempo esta cambiando mi vida, así como también me esta sanando e incorporando, para que yo pueda trabajar en su reino con toda libertad y confianza. Esta labor se da individual y familiarmente. Durante nuestra integración a la iglesia nuestra conciencia que vamos adquiriendo no es solamente moral si no también de servicio en el señor a favor de nuestra comunidad de fe. Cuando somos concientes de formar parte del cuerpo de cristo somos sensibilizados por el poder del Santo Espíritu del Señor. Cuando tenemos esta regeneración, cuando nos damos cuenta de ella por el Espíritu Santo y la Palabra que nos lleva hasta Jesucristo y la fe viene por el oír, pero el oír por la palabra de Dios que llega a nuestros corazones; es entonces que nos bautizamos. Por eso creemos en un bautismo de creyentes: antes de bautizarnos, tenemos que creer. Todo esto es por la poderosa voluntad del Señor y no de nosotros. En la santa cena se comienza a dar un proceso de santificación donde Cristo nos esta afectando con su muerte, con su sepultura, con su resurrección, con su ascensión, intercediendo ante al Padre por nosotros y santificándonos no sólo a niveles personales, sino corporativos, comunitarios, de iglesia. Esta santificación también la opera en términos de nuestros cultos de adoración. La iglesia es una iglesia de gente comprometida, donde cada uno de sus miembros estamos comprometidos con Dios. Dios nos ama, por tanto nosotros debemos amarle, así como también debemos amar a nuestros hermanos. No obstante nuestro involucramiento en la iglesia, con sus miembros y sobre todo en el amor de Jesucristo, debemos recordar que tenemos un compromiso con el mundo, esto es porque una iglesia donde Cristo es la cabeza cada uno de sus miembros tiene un compromiso con Dios, con su hermano y con el mundo. Cristo es el fundamento de la iglesia. Cada una de nuestras iglesias ha de ser centrada en Cristo, porque nadie puede poner otro fundamento que el que esta puesto, que es Jesucristo. Salvación no hay perfecta que en Él, en ninguno otro hay salvación porque no hay otro hombre debajo del cielo dad a los hombres en el cual podamos ser salvos. Él es el principio que sustentamos. Pero también tenemos como norma de nuestra fe y comportamiento cristiano, la Biblia. Así mismo tenemos el principio de llevar adelante una tarea misionera. Tenemos el principio de la oración. Tenemos el principio de la adoración. En virtud de estos principios queremos expresar nuestra fe, compartir nuestra fe, articular nuestra fe, y compartir nuestra fe. Pero por sobre todas las cosas, no perdamos de vista el versículo fundamental que usamos para hablar de la iglesia, que tenemos un fin: ser alabanza de la gloria de Dios. El significado de ser miembros de la iglesia de cristo tiene serias implicaciones de celo, fervor, contagio, cuidado fraternal y expansión misionera, y evangelismo. Por último sabemos que lo que el Señor quiere es que le seamos agradables. Hacer su voluntad es agradarle y agradarle es cumplir con fidelidad ese ministerio hermoso, lleno de privilegios de pertenecer a una iglesia local. Saber que somos autónomos en es para sentirnos con la alegría de la independencia política de los pueblos, sino con la responsabilidad de una iglesia llamada a ser responsable ante nuestro Señor.
THE END
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: “La iglesia”
Autor: Ed Hayes
Editorial: ELA
RESUMEN DEL CAPÍTULO 5. “LA IGLESIA Y EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO”
La iglesia tiene mucho que ver con el fuego que enciende la pasión por la verdad, que convierte y transforma el escenario de una vida y le permite vivir en el poder del Espíritu Santo. A través de la historia, desde Pentecostés hasta el presente, los mensajero utilizados por Dios fielmente han dependido del poder del Espíritu Santo para prender fuego a la iglesia. La historia del avance del evangelio es la historia del fuego, el fuego de dios sobre la tierra. En realidad, el establecimiento de la iglesia es la historia del poder espiritual en operación; el poder del Espíritu Santo convenciendo, transformando, bautizando y llenando a los creyentes.
PODER, PODERES Y EL ESPÍRITU SANTO
Abundan los que aspiran a tener un poder semejante al de Dios, esta es una manifestación de la pecaminosidad humana. La iglesia de Cristo tiene que apartarse de cualquier fuente de poder que no sea Dios mismo.
EL ESPÍRITU SANTO, REGALO DE CRISTO
Jesucristo es quien otorga poder sobrenatural a la iglesia. En repetidas ocasiones aludió a otra venidad, la del Espíritu Santo. Jesús describió esa venida como un regalo que cumpliría la promesa de la presencia y el poder del Espíritu Santo
La amenaza de la mundanalidad
En nuestros días, la palabra mundanalidad ha caído en desuso. Ha perdido popularidad porque se asocia con el separatismo legalista del s. XX. El menoscabo en los estándares personales de santidad indica que la mundanalidad inunda a la iglesia. Un correctivo que puede frenar la corrosión ocasionada por al cultura prevaleciente es volver a predicar y enseñar la doctrina del Espíritu Santo. Está en juego la misma supervivencia de la iglesia. Si bajamos la guardia anta la mundanalidad, es seguro que se debilitará y dañará severamente su testimonio.
La tentación de abusar del poder
El poder espiritual no se puede comprar ni falsificar. La gran tarea de la iglesia cristiana es vivir el evangelio de manera genuina dependiendo sólo de Dios y de su poder. Como cristianos, debemos rechazar cualquier metodología engañosa o truco ilusorio para ganar adeptos para Cristo.
EL BAUTISMO EN UN CUERPO, LA IGLESIA
La Biblia enseña que en la época de la iglesia los creyentes son bautizados en el Espíritu para así ser colocados en el cuerpo de Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Las Escrituras enseñan que el bautismo en agua es requisito para los creyentes, como acto de obediencia. Esta obra del Espíritu tiene tres distintivos: 1. Es universal; 2. Es inclusivo; y, 3. Esta obra divina no se repite. Una vez que el Espíritu nos bautizó e hizo su morara en nosotros, nos convertimos en “templo santo en el Señor… morada de Dios en el Espíritu.
LA DIVERSIDAD DE CARISMAS
El Espíritu es un don de Cristo para la iglesia. A su vez, el Espíritu da dones a la misma. A estos los llamamos charismata, de charis, que significa gracia. Los dones espirituales son evidencia de al gracia de Dios, pero son diferentes del regalo de la salvación y del Espíritu Santo. Por medio de los dones espirituales, se hace posible la glorificación de Cristo en la iglesia.
El propósito de los dones espirituales
Pablo escribió: No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales y en Efesios 4:7-8, el otro pasaje neotestamentario clave acerca de los dones, Pablo citó parte del salmo 68:18. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Algunas características de los dones espirituales son las siguientes: Son dados por la gracia de Dios a todos los creyentes; Son para beneficiar a toda la iglesia, no para enriquecimiento individual; Sólo cumplen su función si el cuerpo se edifica hasta llegar a la unidad de la fe y del cocimiento de Jesucristo. Sólo cumplen su cometido si promueven madurez espiritual en el cuerpo de Cristo; Se deben ejercer con el fin de edificar a la iglesia; Con el servicio cristiano y el uso adecuado de los dones espirituales, hombres y mujeres son conducidos a creer en Cristo y a obedecer a Dios; Lo que constituye un charisma no es la forma particular de prestar un servicio, sino la bendición de Dios; y, Los dones espirituales son para alabanza y gloria de Dios.
El don de dones en la iglesia
El don del Espíritu Santo es otro tesoro de la iglesia. Entre la gran diversidad de dones a la iglesia hay uno que pocas veces es considerado como uno de ellos. Hablo del don del amor. En la iglesia, el amor es la senda del poder. Sin hace falta el amor, todos los otros dones no sirven. Esta es la más grande dádiva que conduce a otros al amor de Dios en Cristo Jesús.
Los dones del Espíritu Santo
Hay ciertos indicios de que los dones se consideran por lo menos desde dos perspectivas diferentes en Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4. En algunos casos, se registra el don en sí; mientras en otros, parece que se hace hincapié en la persona que ejerce el don. He aquí una relación parcial de los dones espirituales: Profecía, Palabra de sabiduría, Lenguas, Servicio, Palabra de conocimiento, Interpretación de lenguas, Enseñanza, Sanidades, Apóstol, Exhortación, Milagros, Profeta, Ofrendar, Fe, Maestro, Administración, Discernimiento de espíritus, Evangelista, Misericordia y Pastor-maestro. Los creyentes no poseen todos los dones, y no hay un don que todos deban tener.
LA PUREZA DE LA IGLESIA
La pureza de la iglesia se basa en el grado de su semejanza a Cristo, en depender de la verdad divina contenida en las Escrituras y en su santidad surgida de la vida en el Espíritu.
La santidad y el pueblo especial de Dios
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Pedro 2:9. Para describir la santidad de los miembros de la iglesia se usan términos especiales: elegido, amado, santo y amado, fiel y santos. Puesto que se edifican sobre los “santos apóstoles” (Efesios 3:5), deben hacer caso de las “santas Escrituras” (Romanos 1:2). Lo que determina la santidad es la relación personal con Dios.
El sacerdocio real
El sacerdocio universal de los creyentes refleja las dos dimensiones de la vida: el acceso directo a Dios y el servicio al prójimo. En el modelo del creyente-sacerdote, la oración y adoración se vinculan con el servicio y el ministerio de la Biblia.
La práctica de la santidad en la iglesia
La iglesia es un pueblo peregrino. Su fidelidad es para el Señor, cuyos métodos no son de este mundo. Pero su testimonio es para el mundo y se da en él. La iglesia se empeña en dar a conocer a Cristo a través de las vidas de los creyentes y el mensaje del evangelio. Por tanto, es de suma importancia que el carácter del creyente se conforme al mensaje de verdad.
THE END
6 La iglesia y su consagración
Sheila Larson mi fe me ha sido útil por largo tiempo. Mi religión se llama sheilaismo. Si uno pone su nombre a su religión, se abre la posibilidad de tener 220, 000,000 manifestaciones de “fe”. La vida en la comunidad de fe requiere consagración.
LA IGLESIA Y LA SALVACIÓN
“No puede tener a Dios por padre si no tiene a la iglesia por madre”. Los reformadores refutaron, la iglesia de Roma era apóstata y, por ende incapaz de impartir la salvación. En vez de considerar que el sacerdote es un mediador entre Dios y la humanidad, por la iglesia reformada solo Cristo es el mediador (1 Timoteo 2:5).
La realidad de la fe se apoya en la verdad objetiva de la expiación de Cristo. El es tanto Reconciliador como redentor. La justificación es por fe sola. Compuesta de creyente, nos vemos obligados a enfatizar el discípulo cristiano.
REQUISITOS PARA SER MIEMBROS DE UNA IGLESIA
Son cuatro: un corazón regenerado, una confesión de fe, el bautismo voluntario en obediencia a Cristo y una vida cristiana ejemplar. Miembros regenerados, conversión de los pecadores. Las iglesias no pueden tolerar dos categorías de ellos: los regenerados y los perdidos. Además, ser miembros de una iglesia requiere que los creyentes regenerados y bautizados vivamos en comunión con el señor.
LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA
El señor mando que su iglesia celebrara dos ceremonias u ordenanzas: el bautismo y la cena del señor. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Los cristianos que evitan bautizarse pierden una gran bendición y una buena oportunidad de identificarse con Cristo.
El bautismo se debe llevar a cabo cuando el niño pueda comprender el significado y las responsabilidades que se adquieren al hacerse miembro de una iglesia.
La cena del Señor
El clímax de la adoración cristiana es la celebración de la mesa del Señor o la santa comunión. Jesús dijo: “Haced esto en memoria de mi”. Los principales textos bíblicos. (Mateo 26:26-28; Marcos 14:22-26; Lucas 22:17:20) y en 1 Corintios 11:23-26.
Ante todo, la cena del Señor simboliza la muerte de Jesús. Al tomar el pan recordamos su cuerpo quebrantado por nosotros. “Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26)
“Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:17). El pan y vino representan la muerte de Jesús por nosotros. Además la observancia de la mesa del Señor simboliza la fiesta futura con el, en el cielo (vea Mateo 22:14; Marcos 14:25; Lucas 14:24; Apocalipsis 19:9).
LA CONFESIÓN DE PECADOS
La confesión es una condición imprescindible para recibir el perdón divino. “Que la confesión sea sencilla, humilde, pura, fiel, frecuente, sin adornos, discreta, voluntaria, con vergüenza, completa, secreta, con lagrimas, inmediata, sincera, reprochable y una demostración del deseo de obedecer”. Lo que trae el perdón es la fe, no las obras penitenciales. Tomando en cuenta la consoladora verdad de que Dios perdona a los pecadores, los creyentes hemos de ser sensibles tanto a las consecuencias del pecado como a la consolación de la gracia (Santiago 5:16). La confesión de pecados debe ser parte de nuestro privilegio y responsabilidad cristianos.
LA COMUNIDAD DE LOS SANTOS
Koinonia incluye responsabilidad y rendición de cuentas. La comunión de los santos debe manifestar la unidad cristiana y la responsabilidad hacia la Biblia y los demás hermanos. Pablo afirmo: “Porque ninguno de nosotros vive para si, y ninguno muere para si” (Romanos 14:7). “El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en el” (Juan 4:16). Habiendo participado de la gracia de Dios en la salvación, los creyentes hemos de ser bondadosos en nuestro trato, manifestando el fruto del Espíritu y preservando así la unidad del cuerpo.
LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA
Los teólogos de la iglesia temprana tenia una preocupación excesiva por mantenerla pura, lo que a menudo se olvida en la actualidad. En la iglesia, el énfasis en el crecimiento evangélico ha reemplazado el interés por la pureza ética y moral. La iglesia es responsable de mantener un testimonio puro.
La seriedad del pecado en la iglesia
Todo pecado que se comete es en contra del Señor. Cuando se descuida la pureza de vida y doctrina tiene que administrarse la disciplina.
El propósito de la disciplina en la iglesia
Solo existen dos propósitos para la disciplina eclesiástica: desenmascarar el pecado y restaurar al pecador.
Los esfuerzos disciplinarios de la iglesia con frecuencia resultan afectados por los conflictos egoístas que emanan de la voluntad humana, el orgullo de los ministros y las congregaciones y por pequeñeces humanas. “pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne” (2Corintios 10:3). Todos vivimos bajo escrutinio divino.
LA IGLESIA Y EL ESTADO
“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21) “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:7). Los gobiernos son establecidos por Dios para mantener el orden y castigar la maldad (Romanos 13:1-7). Debemos resolver el aparente conflicto entre los dos reinos y forjar una cosmovisión que coloque al reino de Dios sobre todos los reinos mundiales, a la vez que reconozca la realidad de la autoridad gubernamental humana.
Materia: Naturaleza y Misión de la iglesia
Profesor: Rafael Pola Baca
Alumno: Carlos Monjaras Mirón
Tarea: Resumen del libro “la iglesia el cuerpo de Cristo”
CAPITULO 6 LA IGLESIA Y SU CONSAGRACION
Habiendo recibido esa predicación y esa fe, como he dicho, la iglesia la preserva con todo cuidado, como si viviera en una sola casa, aunque está esparcida por el mundo entero.
La iglesia cristiana llegó a existir porque Dios intervino en la historia. En contraste con la manifestación que en décadas recientes ha tenido el movimiento de la Nueva Era, que enfatiza que la divinidad está dentro del individuo, el cristianismo temprano hizo hincapié en la historicidad de la encarnación, la cruz, la resurrección y el descenso del Espíritu Santo.
Los que creyeron no eran un grupo de individuos egoístas. Esa multitud tenía “un corazón y un alma” (Hechos 4:32). Debido a su entrega al Señor y a los otros, donaron sus posesiones para usarlas para el bien común.
LA IGLESIA Y LA SALVACION
Cipriano de Cartago escribió: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. En otro contexto dijo que una persona “no puede tener a Dios por padre si no tiene a la iglesia por madre”. Los reformadores refutaron esos axiomas porque consideraban que la iglesia de Roma era apóstata y, por ende, incapaz de impartir la salvación.
Ellos pusieron en duda todo el sistema de mediación del evangelio a través de la historia, el protestantismo remarca que la iglesia es una realidad visible en el mundo. Ese es un enfoque contrario al del catolicismo, que considera a la iglesia como un cuerpo místico. La certidumbre de fe descansa en la confirmación interna del Espíritu Santo. Esa seguridad radica en el “alma”, no en el “ego”.
La realidad de la fe se apoya en la verdad objetiva de la expiación de Cristo.
Calvino afirmó que todas las controversias doctrinales de su época se relacionaban o con la legitima adoración a Dios o con la base de la salvación. Él atribuyó toda la obra de salvación a la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
REQUISITOS PARA SER MIEMBROS DE UNA IGLESIA
Si la iglesia quiere mantener su pureza, es esencial que tenga miembros genuinamente salvos. Las iglesias no pueden tolerar dos categorías de ellos: los regenerados y los perdidos. Cierto es que sólo Dios juzga el corazón, pero se necesitan estándares para asegurar que la iglesia local esté compuesta sólo por creyentes perdonados, que con buena conciencia pueden dar testimonio claro de su fe.
Otro requisito es el acto público de los creyentes. Las escrituras enseñan que el bautismo es una confesión pública en obediencia a Cristo. Aunque es un mandato, ha de hacerse voluntariamente. O sea, el creyente debe participar de esa ordenanza con buena disposición.
LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA
El Señor mandó que su iglesia celebrará dos ceremonias u ordenanzas: el bautismo y la cena del Señor. El bautismo que se practicaba en la iglesia temprana reflejaba la consagración de los creyentes a Cristo y ala comunidad de la fe.
El bautismo por inmersión simboliza mejor la identificación del creyente con Cristo. Se hacía en el nombre de Jesús (Hechos 2:38; 8:16; 22:16), y representaba su muerte y sepultura (Colosenses 2:12; Romanos 6:4). El bautismo también simboliza la limpieza del pecado y la participación en la nueva vida.
Los católicos romanos y algunos grupos protestantes afirman la regeneración bautismal, pero ésta no tiene apoyo en las Escrituras. Puesto que el bautismo representa el comienzo de la vida en Cristo, lo más lógico es que sólo sean bautizados los que han iniciado su andar con él.
Sin aceptar el punto de vista sacramental de los católicos, algunos grupos protestantes sostienen la práctica del bautismo infantil. Consideran que en Colosenses 2:11-12, donde se habla de la conversión de familias enteras, hay bastante fundamento bíblico para bautizar infantes. No obstante, la práctica del bautismo infantil es una tradición posterior que no se encuentra en el Nuevo Testamento. Además, en la Biblia no hay un mandato explícito a bautizar infantes.
La comunión en el cuerpo de Cristo no depende de las interpretaciones particulares del bautismo. La naturaleza cristocéntrica de nuestra fe exige que sigamos una sola regla. Como escribió Juan, la comunión únicamente depende de nuestra relación con el Padre y el Hijo (1 Juan 1:3). No obstante, las iglesias locales deben establecer requisitos para los que quieren ser sus miembros, y a la vez han de mantener la unidad del cuerpo de Cristo.
La cena del Señor
El clímax de la adoración cristiana es la celebración de la mesa del Señor o la santa comunión. Jesús dijo: “Haced esto en memoria de mí”. Los principales textos bíblicos que exponen la grandeza de ese precioso servicio se hallan en los evangelios y en 1 Corintios 11:23-26.
Al tomar la comunión, los cristianos participamos de las bendiciones de la salvación. Aunque Cristo no está corporalmente presente en los elementos, sentimos su presencia entre los fieles congregados. La celebración de esta ordenanza nos da una magnífica oportunidad para adorar al Señor y agradecerle el regalo de salvación.
Además, la cenan del Señor permite que los creyentes demos gracias por el bondadoso sacrificio de Cristo en la cruz.
LA CONFESION DE PECADOS
La confesión es una condición imprescindible para recibir el perdón divino. Eso es verdad tanto para los pecadores como para los santos. Somos culpables de pecado y, a pesar de ello, nuestro bondadoso Padre celestial nos extiende su misericordia y perdón.
Los reformadores protestantes del s. XVI no estuvieron de acuerdo en cuanto a las formas de disciplina que debían reemplazar a la confesión y penitencia sacramentales. Lutero y Calvino retuvieron la práctica de la confesión privada por considerarla esencial para la disciplina eclesiástica. Zuinglio y los anabaptistas opinaban que la confesión obligatoria del pecado al sacerdote era inútil. Aun en la actualidad persiste confusión respecto al papel de la confesión.
En nuestras iglesias hace falta una dimensión importante de la disciplina. La tristeza que es según Dios conduce a la confesión del pecado y al arrepentimiento (2 Corintios 7:10). Pedro escribió acerca de la purificación por medio de la obediencia a la verdad (1 Pedro 1:22), y Juan, de la esperanza que nos purifica (1 Juan 3:3). La confesión del pecado es el único antídoto para la soberbia de los cristianos que afirman no tener pecado (1:8-10).
Infortunadamente, en nuestros días la palabra pecado se considera anticuada. NO obstante, existen muchas manifestaciones de pecado: opresión racial, injusticia, separación, manipulación, egoísmo, corrupción moral, engaño y orgullo; todas ellas síntomas de un cáncer que carcome el alma. La única manera de remediar el pecado no es negar que se padece la enfermedad, sino confesar que se tiene.
LA COMUNION DE LOS SANTOS
Uno de los motivadores conceptos de la iglesia es la doctrina de la comunión de los santos. El credo apostólico lo considera uno de los elementos fundamentales de nuestra fe.
El amor une al débil y al fuerte. Debemos hacer todo lo posible por lograr la edificación mutua (Romanos 14:19), esforzándonos por aumentar la paz en la comunidad. “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
Las Escrituras delinean con claridad las dimensiones obligatorias de esa comunión. A continuación algunos de los deberes que Dios ha puesto a los creyentes
- no juzgar
- sobrellevar los unos las cargas de los otros (Gálatas 6:2)
- Edificarnos mutuamente (1 Tesalonicenses 5:11; 1 Corintios 14:4-5)
- rescatar al extraviado (Santiago 5:19-20)
- procurar la unidad (2 Corintios 13:!1)
- sostener a los ministros del evangelio (Gálatas 6:6)
- servirnos unos a otros (Mateo 20:26)
LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA
Los teólogos de la iglesia temprana tenían una preocupación excesiva por mantenerla pura, lo que a menudo se olvida en la actualidad. En la iglesia, el énfasis en el crecimiento evangélico ha reemplazado el interés por la pureza ética y moral. No son las reglas humanas el estándar de pureza y disciplina, sino la naturaleza y esencia de Dios.
No existe iglesia ni santo perfecto, pero la iglesia es responsable de mantener un testimonio puro.
La seriedad del pecado en la iglesia
Todo pecado que se comete es en contra del Señor, Aunque duela mucho, cuando se descuida la pureza de vida y doctrina tiene que administrarse la disciplina
El propósito de la disciplina en la iglesia
Sólo existen dos propósitos para la disciplina eclesiástica: desenmascarar el pecado y restaurar al pecador.
LA IGLESIA Y EL ESTADO
Quizá piense que es raro incluir el tema de la relación de la iglesia con el estado en un capítulo que trata de la consagración. Después de todo, nos consagramos únicamente a Cristo y su palabra. Esto es lo que une a los creyentes bajo la voluntad soberana de Dios. Sin embargo, es necesario que tomemos en cuenta las palabras de Cristo: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21).
Sin embargo, en la actualidad la cuestión de la separación entre iglesia y estado es mucho más complicada que cumplir con el deber de pagar impuestos y de saldar nuestras obligaciones financieras. Abarca todo, desde la forma de usar los impuestos, hasta la aportación de dinero a causas religiosas y la participación en las guerras.
¿Deben los cristianos persuadir a los gobiernos civiles a expedir leyes que vayan de acuerdo con los estándares bíblicos de moralidad? Seguro que sí. También debemos oponernos al abuso del poder civil o gubernamental que exige conformidad religiosa o limita la libertad de culto.
En el mundo presente los cristianos hemos de ser mesurados y aún sí, podemos hacer lo que los profetas piadosos siempre hicieron. Como ellos, somos libres de denunciar el paganismo, la incredulidad, la inmoralidad y todos los abusos a la ley divina. Nuestro método ha de ser la persuasión, no la coerción legal.
La realidad histórica es que la fe cristiana ha sobrevivido bajo todas la formas de gobierno humano, pero cuando se le han concedido favores especiales, el testimonio de la iglesia se ha debilitado.
Debemos resolver el aparente conflicto entre los dos reinos y forjar una cosmovisión que coloque al reino de Dios sobre todos los reinos mundiales, a la vez que reconozca la realidad de la autoridad gubernamental humana.
Un creyente consagrado no puede darse el lujo de apartarse del mundo real.
SEMINARIO TEOLOGICO BAUTISTA CAMPUS HOREB
MATERIA: Naturaleza y Misión de la Iglesia
TAREA: Resumen del libro LA IGLESIA EL CUERPO DE CRISTO
PROFESOR: Rafael Pola Baca
ALUMNO: Eleazar González García
CAPITULO 6 LA IGLESIA Y SU CONSAGRACIÓN
La vida en la comunidad de fe requiere consagración. Éste incluye obediencia a Cristo.
LA IGLESIA Y LA SALVACION
Cipriano de Cartago escribió: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. En otro contexto dijo que una persona “no puede tener a Dios por padre si no tiene a la iglesia por madre”. Los reformadores refutaron esos axiomas porque consideraban que la iglesia de Roma era apóstata y, por ende, incapaz de impartir la salvación
Ellos pusieron en duda todo el sistema de mediación del evangelio a través de la iglesia. La supremacía del papa, los poderes de obispos y sacerdotes, la autoridad de la tradición, el sacerdocio y los sacramentos. Según los reformadores, la iglesia debe anunciar el evangelio de la salvación eterna que se encuentra exclusivamente en Cristo.
La realidad de la fe se apoya en la verdad objetiva de la expiación de Cristo
La idea de que la iglesia es el agente por el cual los individuos logran salvarse es una distorsión de la verdad.
Ninguna cantidad de obras humanas nos hace merecedores de la salvación. Dios es quien salva, no la iglesia.
REQUISITOS PARA SER MIEMBROS DE UNA IGLESIA
¿Cuáles son los requisitos para ser miembro de una iglesia local? Creo que en esencia son cuatro: un corazón regenerado, una confesión de fe, el bautismo voluntario en obediencia a Cristo y una vida cristiana ejemplar. Ser miembro de una iglesia requiere que los creyentes regenerados y bautizados vivamos en comunión con el Señor, no en deliberada y pecaminosa desobediencia a las Escrituras.
LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA
El Señor mandó que su iglesia celebrara dos ceremonias u ordenanzas: el bautismo y la cena del Señor, en la Escritura sólo hay dos ordenanzas o sacramentos para la iglesia. Ambas ordenanzas son únicamente para creyentes. Son canales por los cuales Dios derrama bendición sobre la iglesia. Al comisionar a sus discípulos, el Señor les mandó que bautizaran: El bautismo que se practicaba en la iglesia temprana reflejaba la consagración de los creyentes a Cristo y a la comunidad de la fe. El bautismo por inmersión simboliza mejor la identificación del creyente con Cristo. Se hacía en el nombre de Jesús. El católico romano y algunos grupos protestantes afirman la regeneración bautismal, pero ésta no tiene apoyo en las Escrituras. Puesto que el bautismo representa el comienzo de la vida en Cristo lo más lógico es que sólo sean bautizados los que han iniciado su andar con él.
Los cristianos que evitan bautizarse pierden una gran bendición y una buena oportunidad de identificarse con Cristo. Cuando hay bautismos, la fe se fortalece, tanto en el creyente bautizado como en los que presencian el acto.
Los defensores de bautismo infantil afirman que simboliza la regeneración futura del niño y la responsabilidad de los padres creyentes de criar al niño en disciplina y amonestación del Señor. Hay varios argumentos contra el bautismo de infantes. Uno es que esa práctica se introdujo después del período apostólico de la iglesia.
La cena del Señor
El climacs de la adoración cristiana es la celebración de la mesa del Señor o la santa comunión. Jesús dijo: “Haced esto en memoria de mí”. Ante todo, la cena del Señor simboliza la muerte de Jesús. Al tomar el pan recordamos su cuerpo quebrantado por nosotros: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26). Cristo no está presente en el pan porque se dio a sí mismo una sola vez sobre la cruz. No podemos sacrificarlo vez tras vez como sucede en la celebración de la misa, ni tampoco comemos su carne y bebemos su sangre literalmente.
Además, la cena del Señor permite que los creyentes demos gracias por el bondadoso sacrificio de Cristo en la cruz. Una de las designaciones de este acto es “la santa comunión”. La mesa del Señor y por ello no es propiedad de ninguna iglesia en particular. Cada vez que la observamos, confesamos con denuedo al mundo que somos uno en Cristo. Pablo escribió: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:17).
El pan y vino representan la muerte de Jesús por nosotros. Él declaró que su sacrificio en la cruz es fundamento del nuevo pacto.
LA CONFESIÓN DE PECADOS
La confesión es una condición imprescindible para recibir el perdón divino. Eso es verdad tanto para los pecadores como para los santos. A fines del medievo, la confesión auricular se había arraigado firmemente como sacramento en el cristianismo. A cada cristiano que había alcanzado la edad del raciocinio se le obligaba a confesar sus pecados por lo menos una vez al año.
¡NO es de sorprender que los reformadores la objetaran! Consideraban que ese sistema sacramental era un medio para atormentar a los pecadores en vez de consolarlos. Lutero atacó la contrición hipócrita, a la que llamó “tristeza que produce la horca”. La confesión del pecado es el único antídoto para la soberbia de los cristianos que afirman no tener pecado. La iglesia es la comunidad de rescatados que rescatan a otros. Todos estamos en le mismo barco, es decir, todos somos pecadores redimidos por la gracia divina, liberados en Cristo para poder rescatar a otros.
LA COMUNION DE LOS SANTOS
Uno de los motivadores conceptos de la iglesia es la doctrina de la comunión de los santos. El credo apostólico lo considera uno de los elementos fundamentales de nuestra fe. El amor une al débil y al fuerte.
Las Escrituras delinean con claridad las dimensiones obligatorias de esa comunión.
- no juzgar
- sobrellevar los unos las cargas de los tors
- edificarnos mutuamente
- recatar al extraviado
- orar por los enfermos
- procurar la unidad. etc.
LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA
¿Por qué tan poca gente acepta el evangelio? Con frecuencia es por causa de la conducta pecaminosa e indisciplinada de los cristianos profesantes. No existe iglesia ni santo perfecto, pero la iglesia es responsable de mantener un testimonio puro.
La seriedad del pecado en la iglesia
Todo pecado que se comete es en contra del Señor. En sus viajes, Pablo enfrentaba con frecuencia congregaciones desordenadas, en la de corinto encaro los siguientes problemas: divisiones, arrogancia espiritual, incesto e inmoralidad, impureza sexual, abuso de la cena del Señor, mala comprensión de la resurrección.
El propósito de la disciplina en la iglesia
Sólo existen dos propósitos para la disciplina eclesiástica: desenmascarar el pecado y restaurar al pecador. Cuando el creyente no se arrepiente es posible que sea necesario expulsarlo de la iglesia local.
Existen varios pasajes que enseñan la necesidad del ejercicio de disciplina eclesiástica apropiada: Mateo 18:15-18; Romanos 16:17; 1 Corintios 5:2, 9-13; 2 Corintios 2:5-11; 2 Tesalonicenses 3:6, 14-15; Tito 3:10-11.
LA IGLESIA Y EL ESTADO
¿Deben los cristianos persuadir a los gobiernos civiles a expedir leyes que vayan de acuerdo con los estándares bíblicos de moralidad? Seguro que sí, mientras dichas leyes no favorezcan a una agrupación religiosa sobre otra.
La realidad histórica es que la fe cristiana ha sobre vivido bajo todas las formas de gobierno humano, pero cuando se le han concedido favores especiales, el testimonio de la iglesia se ha debilitado.
Debemos resolver el aparente conflicto entre los dos reinos y forjar una cosmovisión que coloque al reino de Dios sobre todos los reinos mundiales, a la vez que reconozca la realidad de la autoridad gubernamental humana.
Un creyente consagrado no puede darse el lujo de apartarse del mundo real.
CAPITULO 6
LA IGLESIA Y SU COSAGRACIÓN
LA IGLESIA Y LA SALVACIÓN
La idea de que la Iglesia es el medio por el cual los individuos se salvan es una distorsión de la realidad.
La iglesia no dispensa la gracia por que únicamente proviene de Dios
Nos debemos de sujetar al señorío de Cristo, a la autoridad de la Iglesia y a la guía del Espíritu Santo.
REQUISITOS PARA SER MIEMBROS DE UNA IGLESIA
TENER UN CORAZON REGENERADO
UNA CONFESION DE FE (DUDA ESTROMBOTICA)
BAUTISMO VOLUNTARIO EN OBEDIENCIA A CRISTO
VIDA CRISTIANA EJEMPLAR
LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA (O ¿DE CRISTO?)
SEGÚN E L AUTOR EVITAMOS HABLAR EN TERMINOS DE SACRAMENTO Y DECIMOS ORDENANZAS SACRAMENTO (SAGRADO)
LAS 2 ORDENANZAS SON LA SANTA CENA Y EL BAUTISMO
El Bautismo significa:
La muerte sepultura y resurrección de cristo
Algunos grupos Cristianos practican el Bautismo de Infantes tales como los Presbiterianos, Metodistas, Episcopales ellos consideran que hay una naturaleza de Pacto lo vinculan con el rito Judío de la Circuncisión.
Los Bautistas consideramos que los niños pertenecen a Cristo, y algunas de nuestras Iglesias realizan Cultos para presentarlos.
La Cena del Señor.
El clímax de la adoración Cristiana es la Santa Cena
La iglesia Católica maneja el concepto de la Transubstansación. Doctrina errónea y falsa.
La palabra Eucaristía (Acción de Gracias)
El celebrar esta ordenanza nos da la oportunidad de Adorar al Señor y agradecerle por el regalo de la Salvación.
El Pan y el Vino representan la muerte de Jesús por nosotros. El declaro que su sacrificio en la cruz es fundamento del nuevo pacto.
La confesión de pecados
No comparto la opinión del Autor,
LA COMUNION DE LOS SANTOS
Nuestra unión en Cristo es la base de la Unidad de la Iglesia, y esta se manifiesta en la comunión y el amor.
Algunos de los deberes como Cristianos:
NO JUZGAR, RESCATAR AL EXTRAVIADO, ORAR POR LOS ENFERMOS
LLORAR POR LOS QUE LLORAN, SERVIRNOS UNOS A OTROS, SER HOSPITALARIOS.
LA DICIPLINA EN LA IGLESIA
La seriedad del pecado en la Iglesia
El autor dice que debe Administrarse la Disciplina.
Los propósitos de la disciplina en la Iglesia.
Desenmascarar el pecado y restaurar al pecador.
LA IGLESIA Y EL ESTADO
HAY QUE BUSCAR EL EQUILIBRIO ENTRE EL ESTADO Y LA IGLESIA
CONSIDERO QUE SI TODOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA FUERNA CRISTIANOS ESTE SERÍA UN MUNDO MEJOR Y LLENO DE BENDICIONES.
EL DOLLAR AMERICANO LLEVA UNA LEYENDA MUY HERMOSA.
EN DIOS CONFIAMOS.
Fecha: 14 de marzo de 2008.
Materia: NATURALEZA Y MISIÓN DE LA IGLESIA
Maestro: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Agustín Alberto Ceballos Hernández
La Iglesia. El Cuerpo de Cristo Hoy. Ed Hayes
Capítulo 6. La iglesia y su consagración.
La iglesia cristiana llegó a existir porque Dios intervino en la historia. El cristianismo temprano hizo hincapié en la historicidad de la encarnación, la cruz, la resurrección y el descenso del Espíritu Santo. Pentecostés y la iglesia que surgió de esos acontecimientos fueron experiencias colectivas.
La vida en la comunidad de fe requiere consagración. Ésta incluye obediencia a Cristo, celebración fiel de las ordenanzas del bautismo y la cena del Señor y disciplina.
Según el teólogo católico Karl Rahner, el protestantismo remarca que la iglesia es una realidad visible en el mundo, contrariamente a lo que considera el catolicismo, que concibe a la iglesia como un cuerpo místico.
La iglesia debe anunciar el evangelio de la salvación en Cristo, quien es el único mediador entre Dios y la humanidad. La certidumbre de fe descansa en la confirmación interna del Espíritu Santo. Nuestra teología depende de la Palabra de Dios iluminada por el Espíritu Santo. La fe en Cristo reconoce que la totalidad de nuestra salvación está en manos de Dios. Esta seguridad nos hace libres para servir a otros.
La realidad de la fe se apoya en la verdad objetiva de la expiación de Cristo. El es tanto Reconciliador como Redentor. La justificación es por fe sola. Participar en la comunidad de los creyentes es resultado de la salvación, no su causa. La iglesia no dispensa la gracia porque ésta proviene únicamente de Dios.
Solo los que experimentan el renacimiento espiritual son miembros genuinos de la iglesia, el cuerpo de Cristo. No existe la perfección instantánea, solo la justicia de Cristo que él nos atribuye. Todos los creyentes somos santos que viajamos juntos al cielo.
Los requisitos básicos para pertenecer a una iglesia local son cuatro: un corazón regenerado, una confesión de fe, el bautismo voluntario en obediencia a Cristo y una vida cristiana ejemplar.
Para asegurar que la iglesia tenga miembros regenerados y así mantener su pureza, hay que comenzar con la conversión de los pecadores. Además ser miembro de una iglesia requiere que los creyentes regenerados y bautizados vivamos en comunión con el Señor, no en deliberada y pecaminosa desobediencia a las Escrituras.
El Señor mandó que su iglesia celebrara dos ceremonias u ordenanzas: el bautismo y la cena del Señor. Todos los cristianos, excepto los católicos romanos, concordamos en cuanto al número de ordenanzas. Ambas son únicamente para creyentes. Son canales por los cuales Dios derrama bendición sobre la iglesia. Aunque esos actos de obediencia reflejan la gracia interna que Dios obra en nosotros, no dispensan gracia.
Al comisionar a sus discípulos, el Señor les mandó que bautizaran, e instituyó el bautismo vinculándolo con el trabajo de evangelizar y enseñar (Mateo 28:19, 20). Así el bautismo se hace parte de la labor evangelizadora de la iglesia.
El modo y significado del bautismo están bastante relacionados. La palabra griega baptizo significa “sumergir” en agua. El bautismo se debe llevar a cabo necesariamente mediante inmersión en agua.
El bautismo por inmersión simboliza la identificación del creyente con Cristo. Se hacía en el nombre de Jesús y representaba su muerte y sepultura (Colosenses 2:12; Romanos 6:4). El bautismo también simboliza la limpieza del pecado y la participación en la nueva vida en Cristo.
Puesto que el bautismo representa el comienzo de la vida en Cristo, lo razonable es que sólo sean bautizados los que han confesado su fe e iniciado su andar con él. Por eso es que el bautismo de infantes no es aceptable. Este crea un falso sentimiento de seguridad. Esa práctica puede producir una iglesia con miembros no regenerados porque la gente podría pensar que ya es salva cuando en realidad no lo es. El bautismo se debe llevar a cabo cuando el individuo puede comprender el significado y las responsabilidades que se adquieren al hacerse miembro de una iglesia.
Los miembros consagrados son vitales para la salud y disciplina de la iglesia. La naturaleza cristocéntrica de nuestra fe exige que sigamos una sola regla; la comunión únicamente depende de nuestra relación con el Padre y el Hijo (1 Juan 1:3).
El clímax de la adoración cristiana es la celebración de la mesa del Señor o la santa comunión. Zuinglio y los anabaptistas veían esta celebración como un acto memorial de devoción al Señor, donde los elementos son símbolos de su muerte, y ellos instauraron la celebración de la Santa Cena como la conocemos hasta ahora.
Ante todo, la cena del Señor simboliza la muerte de Jesús. Al tomar el pan recordamos su cuerpo quebrantado por nosotros. Cristo no está presente en el pan porque se dio a sí mismo una sola vez sobre la cruz.
Además, la cena del Señor permite que los creyentes demos gracias por el bondadoso sacrificio de Cristo en la cruz. La palabra eucaristía viene de un vocablo griego que significa “acción de gracias”. Cada vez que celebramos la Santa Cena, confesamos con denuedo al mundo que somos uno en Cristo (1 Corintios 10:17). Cristo no está presente en los elementos, sino que su presencia se manifiesta entre los fieles congregados.
Jesús declaró que su sacrificio en la cruz es fundamento del nuevo pacto (Marcos 14:24). La potencia y dinamismo de un hecho pasado se transmite a la vida y experiencia presente. Cuando recordamos a nuestro Señor y el sacrificio que él hizo por nosotros, la vitalidad y adoración de la iglesia se renuevan continuamente.
Además, la observancia de la mesa del Señor simboliza la fiesta futura con él, en el cielo (Mateo 22:1-14, Apocalisis 19:9).
La confesión es una condición imprescindible para recibir el perdón divino. Eso es verdad tanto para los pecadores como para los santos. Somos culpables de pecado y, a pesar de ello, nuestro bondadoso Padre celestial nos extiende su misericordia y perdón.
A fines del medioevo, la confesión auricular se había arraigado firmemente como sacramento en el cristianismo. Con el tiempo, esta confesión sacramental llegó a ser un bien organizado y extenso sistema de control social, estableciéndose así el dominio del sacerdote y la autoridad de la iglesia para disciplinar, y manteniendo al pueblo con sentimientos de culpa con el fin de perpetuar la práctica de la penitencia. Los reformadores consideraron que este sistema sacramental era un medio para atormentar a los pecadores en vez de consolarlos. Zuinglio y los anabaptistas opinaban que la confesión obligatoria del pecado al sacerdote era inútil.
Para efectuar la transformación en el comportamiento de la gente, los reformadores decidieron utilizar la doctrina de la libertad cristiana. La justificación de los pecadores por la fe sola llegó a ser la enseñanza dominante al abandonar la confesión sacramental. Lo que trae el perdón es la fe, no las obras penitenciales. Pero pensar que los protestantes no practican la confesión es erróneo.
La tristeza que es según Dios conduce a la confesión del pecado y al arrepentimiento (2 Corintios 7:10). La confesión del pecado es el único antídoto para la soberbia de los cristianos que afirman no tener pecado. La salvación sólo está disponible para los que reconocen (confiesan) que son pecadores necesitados. La iglesia es la comunidad de rescatados que rescatan a otros, aun a los creyentes extraviados.
La realidad del vínculo común entre creyentes en Cristo sin consideración de raza, género o clase social debe ser característica evidente de la iglesia. La Koinonia incluye responsabilidad y rendición de cuentas. Pablo afirmó: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí” (Romanos 14:7).
El amor une al débil y al fuerte. Debemos hacer todo lo posible por lograr la edificación mutua (Romanos 14:19), esforzándonos por aumentar la paz en la comunidad. Nuestra unión en Cristo es la base de la unidad de la iglesia, y ésta se manifiesta en la comunión y el amor. “El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).
A continuación, algunos de los deberes que Dios ha impuesto a los creyentes:
- No juzgar.
- Sobrellevar los unos las cargas de los otros.
- Edificarnos mutuamente.
- Rescatar al extraviado.
- Confesar las ofensas unos a otros.
- Orar por los enfermos.
- Hacer bien a todos, especialmente a otros creyentes.
- Procurar la unidad.
- Ser hospitalarios, inclusive con los extraños.
- Estimularnos al amor y a las buenas obras.
- Ser fieles en congregarnos con otros creyentes.
- Sostener a los ministros del evangelio.
- Dar generosamente a los necesitados.
- Gozarnos con los que se gozan.
- Llorar con los que lloran.
- Servirnos unos a otros.
- Preocuparnos por los intereses de los otros.
Habiendo participado de la gracia de Dios en la salvación, los creyentes hemos de ser bondadosos en nuestro trato, manifestando el fruto del Espíritu y preservando así la unidad del cuerpo.
En la iglesia actual, el énfasis en el crecimiento evangélico ha reemplazado el interés por la pureza ética y moral. El estándar de pureza y disciplina son la naturaleza y esencia de Dios. No existe iglesia ni santo perfecto, pero la iglesia es responsable de mantener un testimonio puro, pues es la asamblea de los santos.
Cuando se descuida la pureza de vida y doctrina tiene que administrarse la disciplina. Sólo existen dos propósitos para la disciplina eclesiástica: desenmascarar el pecado y restaurar al pecador. Cuando el creyente no se arrepiente es posible que sea necesario expulsarlo de la iglesia local (excomunión). Ser miembro de una asamblea local no es un derecho humano, sino un privilegio. La norma ha de ser pues la sumisión a las autoridades eclesiásticas y civiles.
La Palabra de Dios es la única autoridad que nos concede el derecho de administrar la disciplina. La sanción menos severa es prohibir al pecador no arrepentido que participe de la cena del Señor, mientras que la más grave es excomulgarlo, pero hemos de sobrellevar los pecados y cargas de otros según el ejemplo de la paciencia que Dios mostró al tratar nuestros propios pecados. La mansedumbre y ternura de Cristo han de regir todas las acciones disciplinarias.
Es necesario que tomemos en cuenta también las palabras de Cristo: “Dad , pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). ¿Deben los cristianos persuadir a los gobiernos civiles a expedir leyes que vayan de acuerdo con los estándares bíblicos de moralidad? Seguro que sí, mientras dichas leyes no favorezcan a una agrupación religiosa sobre otra. Cristo nos enseñó a orar: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). Pablo urgió a Timoteo a ofrecer peticiones, oraciones e intercesión por todos, y especialmente por reyes y autoridades, con el fin de que “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-2).
Debemos notar varios principios: 1) el reino de Cristo no es de este mundo; 2) las armas de nuestro conflicto espiritual no son carnales; 3) los gobiernos son establecidos por Dios para mantener el orden y castigar la maldad; 4) la fe, incluyendo los asuntos internos de doctrina eclesiástica, no puede ser impuesta por el poder gubernamental, y 5) cada uno –iglesia y estado– tienen que respetar la esfera de autoridad del otro.
La fe cristiana ha sobrevivido bajo todas las formas de gobierno humano, pero cuando se le han concedido favores especiales, el testimonio de la iglesia se ha debilitado. La salud de la verdadera religión sólo depende del poder que Dios ejerce. Cuando la iglesia reconoce que todos los poderes humanos son superados por el divino, queda libre para vivir y dar testimonio del poder de la resurrección por medio de la proclamación del mensaje de la cruz (1 Corintios 1:18-25).
Los dos mundos en que vivimos, el de Dios y el de César, reclaman nuestra participación, no el aislamiento. Tenemos que buscar el equilibrio, colocando al reino de Dios por sobre todos los reinos mundiales, a la vez que reconocemos la realidad de la autoridad gubernamental humana.
Un creyente consagrado no puede darse el lujo de apartarse del mundo.
CAPITULO 7
LA IGLESIA, SU MINISTERIO Y ORGANIZACIÓN
El nuevo Testamento proporciona evidencia de una iglesia organizada, surgieron ciertos patrones organizacionales inmediatamente después de Pentecostés. “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quien encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra”. (6: 2-4). Organizaron grupos pequeños para la comunión, el estudio bíblico y la oración.
UNA FE ORDENADA
“Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40), la organización surgió para servir a la fe. Uno de los frutos de la Reforma Protestante es la nueva y radical manera de contemplar a la iglesia. Elimino el énfasis en las relaciones sacramentales y lo sustituyo por la palabra de Dios.
LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
La mayoría de las iglesias cristianas creen que es de vital importancia saber quienes son sus miembros, los creyentes se congregaban en un sitio específico previamente convencido. En el nuevo Testamento, la palabra “iglesia” representa a un grupo visible de creyentes unidos en Cristo, “los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” (1 corintios 1:2). En Romanos 6:4, Pablo enseño que la ordenanza del bautismo representa la unión del creyente con Cristo en su muerte y resurrección.
El bautismo no se requiere para ser salvo. El ejemplo del ladrón en la cruz, a quien Jesús prometió que estaría con El en el paraíso (Lucas 23:43).
TIPOS DE GOBIERNO ECLESIASTICO
Cada sistema de gobierno tiene fortalezas y debilidades.
El gobierno episcopal
El sistema episcopal que es común entre los anglicanos, metodistas y, hasta cierto grado, entre luteranos. Asambleas de Dios y otros grupos hace hincapié en el rol del obispo. En el catolicismo romano y en la iglesia ortodoxa griega. Los que aceptan el gobierno episcopal señalan el papel central que Jacobo ocupo en la iglesia de Jerusalén sus responsabilidades incluyen la ordenación de lideres de las iglesias locales y la consagración de los templos.
El gobierno presbiteriano
El sistema presbiteriano fundamenta su organización en el gobierno por ancianos. El sínodo representa una área geográfica mas extensa e incluye a los presbiterios. La asamblea general es la instancia suprema de la iglesia.
Las Escrituras no contienen evidencia que apoye el concepto de una autoridad eclesiástica. La autonomía es evidente en la selección de diáconos (hechos 6:3-5) y en el ejercicio de disciplina (1 Corintios 5:5; 2 Tesalonicenses 3:6, 14-15). Algunos de los mejores líderes evangélicos del siglo XX provienen de sus iglesias.
El gobierno congregacional
El sistema congregacional se basa en la independencia y autonomía de la iglesia local. “representa la forma mas temprana de orden eclesiástico”. Los bautistas y otros congregacionales consideran que los títulos de obispo, pastor y anciano son diferentes designaciones del mismo oficio. Muchos grupos independientes usan ese tipo de gobierno.
DESCRIPCION DE LOS OFICIOS BIBLICOS
El Nuevo Testamento remarca dos temas centrales que son el fundamento de los oficios eclesiásticos. El primer tema se ve en la unidad esencial de la iglesia a partir de Hechos 2:1. El segundo tema se sugiere en las palabras que usaron al seleccionar al que tomaría el lugar de Judas: “Uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (1:22). Es valido hablar de la “iglesia reunida” y la “iglesia dispersa” como una y la misma. “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:12-13).
Los ancianos, pastores y sobreveedores
Entre los eruditos bíblicos hay el acuerdo generalizado de que solo existen dos oficios en la iglesia: los ancianos (o pastores/ sobreveedores) y los diáconos. Como señala el nuevo Testamento, los ancianos tienen tres deberes generales: administrar, pastorear e instruir.
Los diáconos
El oficio de diácono nació del problema eclesiástico descrito en Hechos 6. Los judíos que hablaban griego se quejaban contra los que hablaban hebreo. Diakoneo, “servir”. El oficio de diácono en forma especifica (1 Timoteo 3:8-13) e incluyen una lista de sus deberes y requisitos en Hechos 6:3 en 1 Timoteo 3:8 y 12 dicen que había de ser “Honestos” (1 Timoteo 3:8-12) parece que tenían algunos deberes de gobiernos, quizás financieros. Los requisito s de diácono que Pablo registro en 1 Timoteo 3:8-13. “ ganan para si un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (3:13).
La iglesia seguirá siendo fuerte mientras mantengamos a Cristo en el centro, cuidemos nuestra actitud de siervos y nos aferremos tenazmente a la verdad, combinando el carácter con la competencia.
LA IGLESIA Y EL MINISTERIO
“La iglesia es la comunidad instituida por Dios mismo, la comunidad de fe y obediencia que vive de la palabra de Dios, la comunidad de fe y obediencia compuesta por pecadores”. “El sacerdocio significa que nos paramos ante el señor, oramos por otros, intercedemos y nos sacrificamos a nosotros mismos a Dios mientras proclamamos su palabra unos a otros”. El ministerio que cristo instituyo se desempeña en el poder del Espíritu Santo, en y a través de su pueblo, conforme a la diversidad de dones y oportunidades. Es el ministerio de la iglesia.
Requisitos para participar en el ministerio
El primer requisito es identificarse con la cruz de Cristo. Este principio se encuentra en Lucas 9:23 “si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. La cruz exige negación, no ganancia; humildad no orgullo arrogante. Para los que se pierden, el mensaje de la cruz es locura, pero para los que se salvan, es poder de Dios (1 Corintios 1:18).
El segundo requisito es caminar en intimidad con Dios. “Por que he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, si no la voluntad del que me envió” (Juan 6:36). No seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:17). Los creyentes fueran equipados con toda cosa buena para hacer la voluntad de Dios (Hebreos 13:21). Hemos de orar “sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
El tercer requisito es la compasión y el cuidado. Jesús lloro frente a la tumba de su amigo y derramo lagrimas sobre una ciudad. De esta manera revelo su corazón compasivo. Esta conmiseración también debe caracterizar a todo creyente. “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mateo 12:7) Halverson escribió “El amor de Dios se caracteriza por el anhelo de lograr el bienestar eterno de toda alma viviente”.
La ordenación al ministerio
La ordenación denota instalación en un oficio por medio de la imposición de manos. La ordenación es un rito humano que reconoce un llamado divino. Hechos 14:23. Ese texto dice que Pablo y Bernabé encomendaron ancianos al servicio del Señor. Cristo es la máxima autoridad de la iglesia.
Seminario Teológico Bautista Mexicano. Campus “Horeb”
Materia: Naturaleza y misión de la iglesia I
Profesor: Pastor Rafael Pola Baca
Alumno: Hno. César Roberto Ramos Gutiérrez
Reporte de lectura
Libro: “La iglesia”
Autor: Ed Hayes
Editorial: ELA
RESUMEN DEL CAPÍTULO 6. “LA IGLESIA Y SU CONSAGRACIÓN”
La iglesia cristiana llegó a existir porque Dios intervino en la historia. El cristianismo temprano hizo hincapié en la historicidad de la encarnación, la cruz, la resurrección y el descenso del Espíritu Santo. La vida en comunidad de fe requiere consagración. Éste incluye obediencia a Cristo, la celebración fiel de las ordenanzas del bautismo y la cena del Señor y la disciplina.
LA IGLESIA Y LA SALVACIÓN
La iglesia debe anunciar el evangelio de la salvación eterna que se encuentra exclusivamente en Cristo. Para la iglesia sólo Cristo es el mediador. La fe en Cristo reconoce que la totalidad de nuestra salvación está en manos de Dios y esta verdad nos libera de la ansiedad sobre nuestro destino eterno. Dios es quien salva, no la iglesia. Nosotros y los creyentes de todo el mundo peregrinamos juntos y hemos de sujetarnos de buena gana el señorío de Cristo, a la autoridad de la Biblia y a la guía del Espíritu Santo.
REQUISITOS PARA SER MIEMBROS DE UNA IGLESIA
Un corazón regenerado, una confesión de fe, el bautismo voluntario en obediencia a Cristo y una vida cristiana ejemplar. Para asegurar que la iglesia tenga miembros regenerados, hay que comenzar con la conversión de los pecadores. Otro requisito es el acto público del bautismo de los creyentes. Además, ser miembro de una iglesia requiere que los creyentes regenerados y bautizados vivamos en comunión con el Señor, no en deliberada y pecaminosa desobediencia a las Escrituras.
LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA
El término ordenanza proviene de que Cristo “ordenó” que se celebraran esos actos de adoración. Sacramento denota un acto en el que se imparte gracia divina. El bautismo y la cena del Señor, son únicamente para creyentes. Son canales por los cuales Dios derrama bendición sobre la iglesia.
El bautismo
Cristo instituyó el bautismo vinculándolo con el trabajo de evangelizar y enseñar. El bautismo por inmersión simboliza mejor la identificación del creyente con Cristo. Se hacía en el nombre de Jesús y representaba su muerte y sepultura. El bautismo también simboliza la limpieza del pecado y la participación en la nueva vida. Al someterse al bautismo público ante toda la iglesia, el cristiano dice: “He confiado en Jesús, crucifico la vida vieja y viviré la resucitada en unión con Cristo. Representa limpiarse del pasado e identificarse con la nueva y sobrenatural vida en Cristo.
La cena del Señor
El clímax de la adoración cristiana es la celebración de la mesa del Señor o la santa comunión. Jesús dijo: “Haced esto en memoria de mi”. Los evangélicos al igual que Lutero no aceptamos la posición de la iglesia católica romana de la transubstanciación. El compartir el pan y el jugo de la vid entre todos los congregantes prevalece en la mayoría de las iglesias evangélicas. Al tomar el pan recordamos el cuerpo quebrantado de Jesús por nosotros. Cristo no está presente en el pan ni bebemos literalmente su sangre. La cena del Señor permite que los creyentes demos gracias por el bondadoso sacrificio de Cristo en la Cruz. En la santa cena confesamos con denuedo al mundo que somos uno en Cristo y le adoramos y le agradecemos el regalo de la salvación. Además la mesa del Señor simboliza la fiesta futura con Él, en el cielo.
LA CONFESIÓN DE PECADOS
Es una condición imprescindible para recibir el perdón divino. Somos culpables de pecado y, a pesar de ello, nuestro bondadoso Padre Celestial nos extiende su misericordia y perdón. Lamentablemente valiéndose de Juan 20:22-23, la confesión sacramental llegó a ser un bien organizado y extenso sistema de control social. Así se estableció el dominio del sacerdote y la autoridad de la iglesia para disciplinar. Los reformadores consideraron que era un medio para atormentar a los pecadores en vez de consolarlos. La absolución sólo viene de Dios, aún cuando es el ministro del evangelio quien anuncia el perdón en el nombre de Cristo. Lo que trae el perdón es la fe, no las obras penitenciales. Existen muchas manifestaciones de pecado: opresión racial, injusticia, separación, manipulación, egoísmo, corrupción moral, engaño y orgullo; todas ellas síntomas de un cáncer que carcome el alma. La única manera de remediar el pecado es confesar que se tiene. La salvación sólo está disponible para los que reconocen (confiesan) que son pecadores necesitados. Nuestros pecados nos hacen culpables, Dios ofrece el perdón y la confesión es necesaria para recibirlo. Para regocijarnos en el perdón divino, necesitamos más fe en las promesas de Dios, y para disfrutar del perdón humano hemos de amarnos unos a otros.
LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Uno de los motivadores conceptos de la iglesia es la doctrina de la comunión de los santos. El credo apostólico lo considera uno de los elementos fundamentales de nuestra fe. La comunión de los santos debe manifestar la unidad cristiana y la responsabilidad hacia la Biblia y los demás hermanos. Debemos lograr la edificación mutua, esforzándonos por aumentar la paz en la comunidad. Nuestra unión en Cristo es la base de la unidad de la iglesia, y ésta se manifiesta en la comunión y el amor.
LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA
En la iglesia, el énfasis en el crecimiento evangélico han reemplazado el interés por la pureza ética y moral, no son las reglas humanas el estándar de pureza y disciplina, sino la naturaleza y esencia de Dios. No existe iglesia ni santo perfecto, pero la iglesia es responsable de mantener un testimonio puro.
La seriedad del pecado en la iglesia
Todo pecado que se comete en contra el Señor. Cuando se descuida la pureza de vida y doctrina tiene que administrarse la disciplina.
El propósito de la disciplina en la iglesia
Sólo existen dos propósitos para la disciplina eclesiástica: desenmascarar el pecado y restaurar al pecador. Antes de expulsar a alguien de la iglesia el amor debe impulsarnos a hacer todo lo posible por restaurar a la comunión al infractor. Hemos de sobrellevar los pecados y cargas de otros según el ejemplo de la paciencia que Dios mostró al tratar nuestros propios pecados. La mansedumbre y ternura de Cristo han de regir todas las acciones disciplinarias.
LA IGLESIA Y EL ESTADO
El reino de Cristo no es de este mundo; las armas de nuestro conflicto espiritual no son carnales; los gobiernos son establecidos por Dios para mantener el orden y castigar la maldad; la fe, incluyendo los asuntos internos de doctrina eclesiástica, no puede ser impuesta por el poder gubernamental; y, cada uno (iglesia y estado) tiene que respetar la esfera de autoridad del otro. Un creyente consagrado no puede darse el lujo de apartarse del mundo real.
THE END
Publicar un comentario